Canarias Ahora Opinión y blogs

Sobre este blog

Canarias, en primera línea de la Seguridad Nacional: lo que el Sahel nos dice

0

He leído con suma atención estos últimos días el Informe Anual de Seguridad Nacional 2025 que elabora el Departamento de Seguridad Nacional, de la Presidencia del Gobierno de España, con la colaboración de diversos ministerios y el Centro Nacional de Inteligencia. No es un papel académico o un artículo de análisis más: es un documento oficial que funciona como una herramienta esencial para la política pública de España, con el propósito de ofrecer una visión integral y transparente de los desafíos de seguridad actuales.  

Es la decimotercera edición de un informe que, año tras año, contiene claves fundamentales para entender el presente, pero que sobre todo, nos ayuda a anticipar el futuro de nuestro país. Y en mi condición también de exparlamentario en las Cortes Generales siento que el contenido de este informe debe ser conocido por la ciudadanía, porque lo que nos anticipa el de este año es que Canarias, con claridad y sin ambages, aparece y se contempla como un territorio estratégico para la seguridad de España.  

No se trata de una mención menor ni circunstancial. He contado que el Archipiélago aparece en al menos 27 ocasiones a lo largo del texto, en contextos diversos pero muy conectados entre sí, lo que refleja una imagen clara: para el Estado, a la vista de la situación global, no se puede entender el Archipiélago como un espacio periférico, sino como una frontera avanzada. En muchos casos, de contención de los desafíos globales. 

Como me habrán leído en multitud de ocasiones en estos últimos dos años (hasta el punto de haber publicado un monográfico específico con artículos sobre el Sahel), lo que está pasando en esta amplia región del continente africano explica en buena medida los grandes riesgos que afrontamos en las Islas Canarias.  

El Sahel es uno de los principales focos de inestabilidad del planeta, y en estos momentos ostenta el triste título de ‘centro de gravedad del terrorismo mundial’. Grupos como JNIM, vinculado a Al Qaeda, o el Estado Islámico en la región han reforzado sus capacidades. Lo hemos visto en la actualidad de las últimas semanas en Mali, de la que les he hablado. Además de poner en jaque al Gobierno maliense (con un bloqueo económico a su capital, Bamako), las fuerzas yihadistas han reforzado sus capacidades, ampliado su radio de acción y generado un entorno de inseguridad persistente. 

Es obvio que para España la inseguridad del Sahel es un elemento de altísima preocupación: la inestabilidad representa un riesgo real de desbordamiento hacia el Magreb y el vecindario sur de la OTAN y la UE.  

Por otro lado, la crisis saheliana es el motor principal de los flujos migratorios irregulares que afectan a la Ruta Atlántica, la cual se mantiene como la más transitada hacia España en números absolutos. El desplazamiento masivo de cientos de miles de refugiados hacia Mauritania genera una presión extrema en la gestión de fronteras. Y además, la inseguridad en el Sahel también impacta en los intereses energéticos nacionales, dado que el 20% del petróleo que entra en España procede del Golfo de Guinea y cualquier disrupción en la logística regional tendría efectos económicos negativos inmediatos.  

Otro de los elementos a los que apunta el informe es el de la propia seguridad marítima, para dejarnos claro que somos “un nodo crítico” de la seguridad marítima atlántica. En el denominado “arco Canarias-Atlántico”, el documento advierte de la convergencia de varias amenazas que hasta hace poco se analizaban por separado. Por un lado, las redes del crimen organizado están utilizando estas rutas para conectar el narcotráfico con el tráfico de personas, lo que aumenta la presión sobre las capacidades de control y vigilancia.  

Por otro, emerge un fenómeno geopolítico de especial relevancia: la expansión de la llamada “flota fantasma” de origen ruso. Se trata de petroleros vinculados a la Federación Rusa que operan en aguas cercanas al Archipiélago para eludir sanciones internacionales, mediante transferencias de crudo en alta mar. La presencia de estos buques se ha multiplicado en el último año, elevando los riesgos tanto de accidentes marítimos como de posibles acciones híbridas contra infraestructuras críticas. Es decir, ¿debemos temer por un posible sabotaje a nuestras líneas submarinas de cables de telecomunicaciones, vitales para nuestra conectividad con el mundo? El informe explica que estos sistemas se han convertido en objetivos prioritarios de lo que se denominan “operaciones híbridas”.  

En conjunto, pues, Canarias deja de ser solo una frontera migratoria y pasa a consolidarse como un nodo estratégico en las dinámicas globales de seguridad, comercio irregular y competencia geopolítica, lo que refuerza la necesidad de una vigilancia naval continua y más sofisticada. Es decir, que la seguridad de Canarias ya no se mide solo en sus fronteras, sino en la robustez de sus redes eléctricas y cables submarinos, que son las venas por las que corre la vida diaria y la estabilidad del archipiélago.  

Recordarán que el pasado mes de abril de 2025, la península se vio afectada por un cero energético, el gran apagón, que indirectamente afectó a Canarias por cortes puntuales a las telecomunicaciones. Ese apagón hace que la seguridad energética de España cobre protagonismo en el informe, pero de Canarias también remarca que su sistema eléctrico requiere “un refuerzo urgente” debido a su naturaleza aislada y fragmentada, y que en ese camino (aunque personalmente pienso que hace falta un esfuerzo aún mayor) se explican las cerca de 65 actuaciones de urgencia para dotar a las Islas de herramientas que mejoren la estabilidad y el control de la tensión eléctrica. Las interrupciones en el sistema por la borrasca Emilia a finales del pasado año también aparecen mencionadas en el informe.  

Por último, el informe nos alerta también de lo que podríamos considerar una vulnerabilidad dual de Canarias: interna y estratégica. Por un lado, la naturaleza volcánica del Archipiélago nos obliga a mantener a las Islas bajo vigilancia constante, puesto que hay seis series sísmicas registradas en 2025 y un riesgo volcánico activo que exige monitorización permanente de gases en La Palma. A los volcanes y movimientos sísmicos (en el momento en que escribo este artículo leo sobre un terremoto de 4,9 grados percibido en el mar a treinta kilómetros del norte de Gran Canaria, el de mayor intensidad detectado desde la erupción del Tajogaite, en La Palma) se le suma otro factor importante, y del que a menudo me han leído artículos al respecto: el impacto del cambio climático.  

La proliferación y recurrencia de borrascas extremas (Claudia o Emilia este último año) se le suma la creciente aridificación (que ya suma el 16% del territorio), y la amenaza que también supone el ascenso del nivel del mar. La fragilidad ambiental, recordemos, no es propia solamente de Canarias, también lo es y de manera brutal para nuestros vecinos africanos, lo que se interconecta también con la presión migratoria, que vemos en la figura de esos refugiados climáticos que huyen de esos cada vez más frecuentes picos de calor extremo en el Sahel.  

Canarias no puede entenderse de manera aislada. Esa es la gran lección de este informe. Es un espacio donde coinciden distintas dimensiones de la seguridad (la humana, la ambiental, la económica y la geopolítica) que se superponen y se influyen entre sí. Y ahí es donde el Sahel actúa como una especie de espejo: lo que ocurre en esa región no se queda allí, sino que proyecta sus efectos hacia el Atlántico y llega hasta nuestras costas. 

El Sahel, en este sentido, “habla” de Canarias. Nos muestra cómo la inseguridad, la fragilidad institucional o la presión de las redes criminales pueden trasladarse a través de rutas migratorias, de circuitos ilícitos o de dinámicas geopolíticas. Lo que vemos en el Sahel hoy (desestabilización, competencia internacional, desplazamientos de población) nos anticipa riesgos que terminan materializándose en nuestro entorno más próximo. 

Por eso, la respuesta no puede ser fragmentada. No basta con actuar sobre cada problema por separado, como si fueran compartimentos estancos. Hace falta una mirada integral que combine seguridad y cooperación, control y desarrollo, gestión de fronteras y oportunidades en origen. Es decir, una estrategia que entienda la conexión profunda entre ambos espacios. 

Porque el Sahel no es una periferia lejana: es una extensión directa de nuestra propia seguridad. Y Canarias, lejos de ser un punto remoto en el mapa, se ha convertido en una de las primeras líneas donde se pone a prueba la capacidad de Europa para anticipar, comprender y gestionar estos desafíos. Entender esta conexión es el primer paso; actuar en consecuencia, el decisivo.