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Las ‘desvestiduras’ del PP

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Es una época saturada de plagas bíblicas, un tiempo tétrico, la del arranque del Siglo XXI d.C.

Con un bufón sanguinario y desquiciado en la Casa Blanca, que nos obliga a pensar en qué influyentes poderes y qué déficits en la democracia pueden haberle llevado electoralmente ¡por segunda vez! a la presidencia norteamericana.

Los mismos EEUU, los mismitos, que han promovido, tolerado o sustentado las más sangrientas dictaduras, y que apadrinan el exterminio del pueblo palestino, pretendiendo enarbolar la defensa de la libertad como coartada para sus ataques contra Irán -donde, claro que sí, existe un régimen político sanguinario- cuando está siniestramente comprobado que lo que buscan es apropiarse de sus recursos petrolíferos y ponerle chinitas en el camino a la potencia emergente (y perdón por lo de chinitas).

El mismito Trump que ordena asesinatos en las aguas latinoamericanas con pretextos como el de “transitaba por rutas conocidas de narcotráfico en el Caribe y participaba en operaciones de narcotráfico”, de hace tres días nomás.

Cuando la derecha española (no me refiero al PP, meros guiñoles en el teatro el ruedo ibérico), la derecha de verdad, la que disfruta de poder económico y de un control asfixiante de medios informativos, canales bulescos y circuitos propagandísticos, y vuelve a despreciar cualquier democracia en la que no controlen, y pongan a su servicio, las Instituciones.

¡O tempora! éstos en los que tenemos que presenciar en directo cómo Rajoy y Cospedal se vienen librando impunemente de sentarse en el banquillo en el caso Kitchen, por las maniobras de García-Castellón (al que había que traer de inmediato de su destino dorado y “mandar a tomar-por-culo” a Onteniente a quien le sustituía en su juzgado) dispuesto a interrumpir la investigación en el momento oportuno, y cómo otro juez practica puras pesquisas inquisitoriales para incriminar sea como sea a Begoña Gómez haciendo caso omiso de todo lo que desvirtúe sus propósitos, en el peor estilo del coleguita que se encargó del fiscal general. Si alguien cree que lo hacen por su cuenta y sin ningún paraguas en los altos estratos de la judicatura, está más despistado que un pulpo en un garaje.

Cuando el PP acuerda sendas desvestiduras en Extremadura y Aragón (y las que te rondaré) asumiendo el odio a los migrantes y las consignas racistas y xenófobas del nuevo fascismo. Perdónenme pero no he podido evitar estos días que me ronden la cabeza aquellas letras “…ay de mí, pena mortal, por qué me alejo España de ti, por qué me arrancan de mi rosal…” “...tengo una copla morena hecha de brisa, de brisa y de sol, cruzando la mar serena, con ella te digo adiós… Adiós, mi España preciosa, la tierra donde nací..”, de nuestros emigrantes y exiliados.

Lo único que les falta después de firmar con la ultraderecha eso de la “prioridad nacional” es ponerse a rezar en actitud beatífica para acabar de parodiar del todo al coleguita de Epstein. Que dice no saber nada de su pedofilia, como tampoco Feijóo sabía nada del narcotráfico de Marcial Dorado.

La misma época en la que uno tiene que soportar la presencia de Felipe González compartiendo mesa y mantel con Feijóo, Vox y Corina Machado.

Pero es también el tiempo en el que el Papa Prevost, con su inglés materno chicoagan, le planta cara, en nombre de los mejores valores humanitarios y cristianos. Y el obispo canariense da la cara en defensa de quienes se ven obligados a migrar por la ruta atlántica más mortífera, la de Canarias, proclamando que “si se quiere ser cristianos y se quiere ser humano, hay que atenderlos y cuidarlos”.

También el tiempo en que un Gobierno español lidera ante la opinión pública internacional las mejores causas, la de la defensa del Derecho Internacional, la del respeto a los derechos humanos, la de la regularización de los migrantes a los que algunos querrían seguir tratando como mano de obra sin derechos, como esclavos que llegan por sus propios medios sin necesidad de traerlos encadenados en las bodegas…

También el tiempo en el que miles de personas de todos los países se involucran solidariamente con los pueblos que sufren agresiones militares despiadadas, en escenarios que están bajo los focos de la prensa internacional o en guerras, limpiezas étnicas, religiosas o de cualquier otro tipo en países y regiones olvidadas.

Por eso, aunque tengamos todos los días la angustia de contemplar a la Humanidad retrocediendo hacia la barbarie, siempre quedan resquicios de esperanza. Y proclamar, como dicen que cantaban los coros angélicos: “Pax in terris hominibus (et mulieribus) bonae voluntatis”.