La ignorancia es muy atrevida
Los seres humanos nos dividimos entre los solidarios y los egoístas, entre los ignorantes y los bien informados. Cuando otros seres humanos están en apuros y necesitan de nuestro servicio hay quienes se lo niegan por miedo, por egoísmo, por maldad o por simple ignorancia, mientras que otros se prestan a ayudar desde el primer minuto por solidaridad, por valentía, por bondad o por simple humanidad. Algunos desaprensivos confunden esto con el buenismo.
Desde que nos enteramos de que había un barco fondeado en la costa de Cabo Verde y que algunos de sus pasajeros estaban infectados por un virus, el nerviosismo cundió entre los canarios porque la Organización Mundial de la Salud pidió la colaboración de España para que los pasajeros afectados pudiesen ser atendidos en las islas en primera instancia, antes de llegar a Países Bajos, de donde es el barco.
Es un miedo humano y puede entenderse humanamente pero lo que no es comprensible es la oposición rotunda a que el barco pase por Canarias para poder atender a los pasajeros necesitados después de que los científicos hayan informado de que este virus no tiene nada que ver con el coronavirus y la forma de contagiarse es harto complicada, prácticamente imposible si se toman las medidas preventivas adecuadas.
En ese barco que hacía un crucero científico viajan 14 españoles. ¿Qué pensarán esos españoles de sus compatriotas que le niegan la mínima asistencia médica? ¿Qué pensarían esos mismos españoles negacionistas si fueran ellos los que estuvieran dentro de ese buque? Seguro que pensarían de una manera diametralmente distinta. Una persona que niegue ayuda de subsistencia a otra, es una piltrafa humana. Con miedo o sin él.
La ultraderecha ha vuelto a utilizar un drama humano para atizar al Gobierno de España y a su presidente, Pedro Sánchez, que como todos ustedes saben es el muñidor de la guerra con Irán y el socio imprescindible de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Prácticamente lo han acusado de crear el virus para tapar otros asuntos nacionales complicados para el gobierno.
O sea, que Pedro Sánchez ha creado o se ha inventado este virus en un crucero de lujo que salió de la Patagonia para fastidiar a la oposición española y lavarse las manos con los problemas del país. Abascal ha manifestado sin pudor que Pedro Sánchez es capaz de provocar una pandemia con tal de que no se hable de sus supuestos casos de corrupción.
Es algo delirante que no solo ha aprovechado torticeramente la ultraderecha sino otra buena parte indecente de la oposición para la que todo está mal si es autorizado o urdido por Pedro Sánchez, que en este caso solo se ha puesto a la disposición de los científicos y de la OMS. Hasta su director general, ha felicitado públicamente a España por su comportamiento en la gestión de esta crisis sanitaria.
Pero, como sabemos, estamos en el país del cuñadismo, en el que un diletante sabe más que un experto. La maldad es muy mala consejera pero la ignorancia es además muy atrevida. Para ellos, hasta los ratones como Mickey Mouse son sanchistas.
Mientras todo esto ocurre en nuestro entorno, la presidenta de la Comunidad (de Madrid) se ha marchado con su séquito a México para criticar de nuevo a Pedro Sánchez desde la Riviera Maya y de paso poner a parir al gobierno de Claudia Sheinbaum y a los millones de mexicanos que la han votado para ponerse a los pies de Hernán Cortés, al mismo tiempo que el rey de España, el jefe del Estado, ha sostenido públicamente lo contrario que Ayuso defiende.
Cómo ha cambiado el cuento desde la época en la que la derecha de toda la vida defendía a dios, la patria y el rey. Ya ni la Iglesia secunda a la derechona sobre qué hacer con los inmigrantes y eso que la jerarquía eclesiástica es bastante conservadora y teóricamente afín.
Mientras la presidenta de la comunidad soltaba sus habituales chorradas por todo el mundo, su jefe de gabinete declaraba como imputado en el juzgado por un posible delito de revelación de secretos cuando publicó la identidad de los periodistas que habían destapado el segundo ático de la pareja de la presidenta.
El viaje de Ayuso y sus séquito ha costado 300.000 euros al erario público (50 millones de las antiguas pesetas). La derechona, que está siempre al acecho de cualquier gasto superfluo y prescindible del Gobierno de España, ha hecho mutis por el foro con el viaje de la presidenta de la comunidad. Su prensa afín bien pagada es la única que le ha regalado loas.
La visita de Ayuso está siendo muy accidentada por las protestas de muchos mexicanos en todos sus actos públicos. ¿Ustedes se imaginan al alcalde de París haciendo un viaje oficial a España para enaltecer la invasión napoleónica de nuestro país a principios del siglo XIX? Claro que no. Eso lo sabe todo el mundo menos Ayuso, que es una indocumentada muy maleducada.
Muy mal tienen que estar muchos por aquí cuando permiten que esta pizpireta esté al frente de la Comunidad de Madrid. Muchos han perdido el juicio antes de celebrarlo. El voto está en nuestras manos. Si votamos a impresentables, tendremos que aguantar luego y por mucho tiempo sus barrabasadas.