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Sandra Gómez

Vicealcaldesa de València.

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El Metropol y la València del XXI

Muchas veces habitamos una ciudad que no hemos descubierto, que no entendemos en su plenitud o que simplemente aún guarda secretos para nosotros. Y lejos de agotar esa curiosidad, la política está hecha para alimentarla. El ayuntamiento debe alimentar la curiosidad por València, de hecho, aunque no figure en ningún reglamento municipal, ni se extraiga esa obligación de la Ley de Bases de Régimen Local, ¿no es acaso el primer deber de un gobierno municipal que sus vecinos y vecinas vivan sus ciudades? ¿no es, en cierta manera, la curiosidad el motor que mueve las urbes?

Porque el termino ciudad es una palabra que ha significado tantas cosas, como épocas. Ciudad significa también hoy muchas cosas, pero València debe tener un significado propio. No único, pero si propio. Un significado, el de esta València del XXI, que no se puede hacer a costa de los anteriores. No puede despersonalizarse, ni practicar adanismos históricos. Tan absurdo es atender las voces que nos alertan de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que esconden en el fondo la voluntad de que cunda la desesperanza, como pretender hacer borrón y cuenta nueva o creer que no hubo nada bueno hasta que llegamos los que ocupamos este minúsculo espacio de historia.

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Gigantas

Entre la Ley de Igualdad que impulsó el Gobierno de Zapatero y este marzo de 2019 han pasado 11 años. Un período breve en la reivindicación de las mujeres, pero un mundo político. En solo ese tiempo España ha pasado a ser una referencia mundial en materia de igualdad. Hemos sido imitados en muchos otros países, también han resonado en nuestras calles con especial intensidad las protestas avivadas por el #metoo y, en definitiva, esta España que queremos nos ha dado a las mujeres y hombres motivos de orgullo. Los avances que admira cualquier persona humanista en el mundo ya no pasaban en otros países y se quebraba ese pesimismo existencial que a veces nos acompaña a las españolas y los españoles llevándonos a infravalorarnos con respecto a otras latitudes.

Hoy contamos con el orgullo de poder ir con la cabeza alta por el mundo o de mirar el futuro, como en la manida frase de los filósofos, a hombros de gigantas. Podemos ver más lejos porque hubo quien nos enseñó a mirar primero. No estaríamos aquí sin las Wollstonecraft, Zetkin, Pankhurst, Beauvoir… Pero tampoco, sin Campoamor o contemporáneas como nuestra Carmen Alborch. A hombros de esas gigantas a ninguna mujer, de esta España de 2019, van a convencernos para dejar de mirar adelante, o nos van a hacer dejar las reivindicaciones todo aquello que aún no tenemos por el hecho de no nacer hombres. No hemos podido votar, ir a la universidad, poder vivir independientemente nuestra vida, decidir sobre nuestra maternidad… para que ahora nos asuste el extremismo de una derecha rancia, con exceso de testosterona y tan retrograda que suena en blanco y negro. No sabemos que este es el siglo de las mujeres para que ahora nos manden callar sobre la violencia machista que tiene más de 1000 mujeres protegidas por la policía local en València, sobre la desigualdad laboral que hace que las mujeres trabajemos gratis desde el 9 d’octubre o sobre el desigual reparto de los cuidados que implica tantas dificultades para que rompamos los techos de cristal.

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El empleo (de calidad) por bandera

Desde cualquier sensibilidad personal o afinidad ideológica podemos coincidir en que durante muchos años a los valencianos nos lastró venir de un desencuentro. De un desencuentro alimentado por la utilización de las instituciones en la búsqueda de beneficios personales, de partido o simplemente como ariete para dividir a los valencianos y valencianas entre buenos y malos.

Venimos de ese desencuentro y de sus consecuencias. Y ahora tenemos el riesgo de que vuelvan a contaminar la atmósfera de desencuentros insalvables, de polarizaciones improductivas, de conflictos identitarios estériles. Corremos el riesgo de que lo importante, que para una ciudad es hoy combatir las desigualdades en la nueva economía, procurar que vivir en la ciudad sea un derecho y no un privilegio o conseguir aliar el progreso tecnológico con la sostenibilidad, quede relegado a lo accesorio del debate.

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València, capital de economía inteligente

València siempre ha sido conocida, y reconocida, como una ciudad abierta al mundo, con amplia tradición cultural y gastronómica. València se relaciona con el sol, la playa, el buen clima y el Mediterráneo. Pero, además, València siempre ha sido una ciudad generadora de talento, de personas emprendedoras e innovadoras. En València se han consolidado iniciativas a lo largo de los años que hacen que actualmente tengamos todos los ingredientes para constituirnos como una ciudad referente de la innovación y tecnología.

València está considerada la fábrica de talento nacional gracias a sus universidades que generan más de 100.000 estudiantes y 3.500 ingenieros graduados al año. Cada año se crean 100 nuevas Startups en la ciudad y se celebran unos 100 eventos de emprendimiento, tecnologías emergentes e innovación. Contamos con más de 2.000 empresas tecnológicas que exportan fuera de nuestra ciudad sus soluciones y servicios, además del nombre de nuestra ciudad. Y además disponemos de una red de entidades públicas y privadas que trabajan conjuntamente por el desarrollo sostenible y social de la ciudad.

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