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ICONOCLASTIA

Linchamiento selectivo

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Isabel Díaz Ayuso puso a parir a Paco Salazar, trabajador del La Moncloa, cuando eldiario.es destapó las denuncias de mujeres socialistas por acoso sexual. Sin embargo, tras revelar esta semana el mismo diario las denuncias de dos mujeres contra Julio Iglesias por agresiones sexuales, la presidenta de la Comunidad (de vecinos) manifestó enérgicamente que no iba a contribuir a la descalificación y al linchamiento del cantante. Como si denunciar el acoso sexual en el siglo XXI fuera un linchamiento al acosador. 

En otras palabras, el problema de Paco Salazar consiste en no ser cantante universal como Julio. Si hubiese sido un artista reconocido mundialmente (y de derechas) Ayuso no habría contribuido a la descalificación y al linchamiento de Salazar. Fue tal la bestialidad proferida por esta indocumentada, mezclando el caso con las mujeres iraníes, que hasta el presidente del Partido Popular tuvo que corregirla públicamente.

La presidenta de la Comunidad no quiere retirar la medalla de oro otorgada a Julio Iglesias, como también ha ocurrido con el alcalde de Madrid, que se niega a quitar el título de hijo predilecto al cantante como en su momento rechazó retirar el reconocimiento a Plácido Domingo por un comportamiento parecido con sus subordinadas.

Seguro que nada tiene que ver con que Julio Iglesias haya apoyado siempre al Partido Popular ni que apareciera en un mitin de Aznar pidiendo el voto para él justo antes de llegar a La Moncloa. Tampoco tendrá nada que ver que el ex ministro corrupto de Aznar y expresidente de la Comunidad Valenciana, Eduardo Zaplana, le regalara a Iglesias mil millones de pesetas por unos conciertos y una promoción de la región. Sí, esto ocurrió el siglo pasado cuando todavía manejábamos las pesetas y no los euros. 

Ayuso solo sube el diapasón cuando las acusaciones sexistas están dirigidas a sus rivales políticos pero se calla cuando son sus correligionarios los protagonistas de abusos sexuales. Y, por supuesto, si eres un artista afamado mundialmente y multimillonario no eres culpable de nada. 

La culpa fue evidentemente de esas mujeres que provocaron a estos señorones que se creen dioses por encima del bien y del mal. Las palabras de Ayuso son lamentables y condenables en cualquier persona pero aún son más repugnantes al venir de una mujer empoderada y mandataria. Lo más grave es que todavía habrá mujeres que la seguirán votando.

La hipocresía sectaria y partidista no tiene límites. También lo hemos visto estos días con el caso de Venezuela, donde los líderes de derecha española han justificado las fechorías de Donald Trump con la excusa de que el fin justifica los medios, aunque se salte cualquier legalidad internacional. 

Los patriotas de hojalata españoles dicen que hay que escuchar al pueblo venezolano para opinar sobre Venezuela pero si los familiares de las víctimas agradecen a Zapatero su gestión para liberar a presos políticos, entonces no vale la opinión de esos venezolanos. Solo valen si atacan al expresidente del Gobierno de España. 

Estamos rodeados de patrioteros ultras hilarantes como Ayuso o Abascal. Tanto monta, monta tanto. “Me gustan las mujeres, me gusta el vino y si abuso me defiende Ayuso”. Tralará. Así de simple, según este truhán, que no señor. La vida sigue igual ma non troppo... y lo sabes.