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Izaña se queda sin guardián del aire: “Emilio Cuevas convirtió a Canarias en un referente del planeta para entender la atmósfera y el cambio climático”

Emilio Cuevas.

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —
3 de marzo de 2026 22:00 h

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El mundo de la ciencia llora en toda España la muerte de Emilio Cuevas, el científico que convirtió la montaña de Izaña y, con ella, a Canarias, en un referente del planeta para entender la atmósfera, el polvo del Sáhara y el cambio climático a escala global. Más que un meteorólogo, fue un conector de instituciones, redes internacionales y equipos humanos que han situado a la ciencia canaria en primera línea mundial.

Nacido en Santa Cruz de Tenerife el 30 de junio de 1961, pasó buena parte de su infancia entre Sidi Ifni y El Aaiún, en el antiguo Sáhara español, una experiencia que marcó su sensibilidad hacia otras culturas y hacia los paisajes áridos que acabarían siendo objeto central de su trabajo de investigación. Estudió Física en las universidades de Granada y Complutense de Madrid y se doctoró en esta última en Física de la Atmósfera y Geofísica, antes de ingresar en los cuerpos de meteorólogos del Estado.

En 1989 pidió destino voluntario al Observatorio de Izaña, entonces un viejo observatorio meteorológico de montaña, donde encontró un espacio casi vacío de infraestructuras científicas pero lleno de potencial para la investigación atmosférica avanzada.

De observatorio remoto a centro de calibración de la NASA

Cuevas dedicó casi tres décadas a transformar Izaña en un auténtico centro de investigación atmosférica, plenamente integrado en las grandes redes internacionales de vigilancia y estudio del clima. Bajo su impulso, el observatorio pasó de medir apenas unos pocos componentes a convertirse en referencia global en gases de efecto invernadero, radiación, ozono y aerosoles, en particular el polvo mineral sahariano.

El cielo visto desde el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña.

Logró que Izaña fuera uno de los dos centros mundiales de calibración absoluta de fotómetros solares de la red AERONET de la NASA y, posteriormente, centro de calibración de la red china CARSNET, reforzando su papel como estándar internacional en la observación de aerosoles. En 2016, el centenario del observatorio reunió en Tenerife a las máximas autoridades de la Organización Meteorológica Mundial, EUMETSAT, el Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio y directores de numerosos servicios meteorológicos nacionales, una imagen nítida de la relevancia alcanzada por el centro bajo su dirección.

Ciencia del polvo, del clima y del ozono

Su investigación abarcó campos como la dinámica atmosférica, la radiación, el ozono estratosférico y troposférico, la caracterización de la tropopausa y, de forma muy destacada, los aerosoles y el polvo sahariano. Fue uno de los seis miembros del equipo que gestiona el Centro Regional de Polvo de la OMM para Norte de África, Oriente Próximo y Europa, pieza clave en los sistemas mundiales de alerta y predicción de intrusiones de polvo.

En Canarias fue de los primeros científicos en poner el cambio climático en el centro del debate público, con trabajos pioneros sobre la evolución de la temperatura media y el impacto de los gases de efecto invernadero en el Archipiélago. Publicó en 2012 uno de los primeros artículos estructurantes sobre cambio climático en Canarias, y compareció en la Comisión especial del Senado sobre cambio climático para explicar los procesos físicos del calentamiento global.

Calima sobre Canarias. / FOTO: COPERNICUS

En el ámbito del ozono, fue el primer español miembro de la Comisión Internacional del Ozono, representó a España en las reuniones del Convenio de Viena y lideró proyectos como GAW-Sahara o SDS-Africa, que desplegaron redes de medición de ozono, radiación ultravioleta y polvo en Argelia, Marruecos, Túnez y Egipto. Impulsó además el programa de ozonosondeos en Ushuaia, en Tierra del Fuego, para monitorizar la capa de ozono en el extremo austral del planeta.

El meteorólogo Emilio Cuevas mostrando la curva de CO2 registrada en el Observatorio de Izaña.

Cuevas entendió la ciencia como un trabajo necesariamente colectivo y fue tejiendo alianzas con universidades y centros de investigación de los cinco continentes. Colaboró estrechamente con la NOAA estadounidense, con institutos latinoamericanos y africanos y con organismos internacionales, y convirtió Izaña en una estación de paso para generaciones de investigadores que se formaron bajo su tutela.

Fue profesor asociado en la Universidad de La Laguna, dirigió y codirigió tesis doctorales en varias universidades españolas y desempeñó un papel activo como evaluador en el Plan Nacional de I+D y en la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva. Sus colegas lo describen como un líder científico “de talla mundial” y, al mismo tiempo, como un maestro generoso que compartía datos, tiempo y conocimiento con una vehemencia contagiosa.

Compromiso ambiental y visión de territorio

Su trabajo desbordó la frontera estricta de la meteorología para entrar en la gestión ambiental, la calidad del aire y la protección del territorio. Colaboró con el Gobierno de Canarias en estudios sobre el impacto de la refinería de Santa Cruz de Tenerife, aportando mediciones de contaminantes no legislados que fueron decisivas en la decisión de cesar la actividad.

Impulsó la “desurbanización” de Izaña, eliminando edificaciones obsoletas y restaurando la vegetación autóctona con asesoramiento del Parque Nacional del Teide, e introdujo el concepto de “laboratorio natural científico y medioambiental” en la memoria para la declaración del Parque como Patrimonio Mundial de la UNESCO. En sus últimos años promovió proyectos para reducir de forma drástica la huella de carbono del observatorio mediante energía solar y recuperación de suelos, y asesoró a organizaciones ecologistas y climáticas en la elaboración de informes sobre la emergencia climática en Canarias y Macaronesia.

Humanista del clima y “un amigo fascinante”

Quienes trabajaron con él subrayan que su legado no se agota en los artículos, los proyectos o los instrumentos instalados en alta montaña. Hablan de una persona humilde, exigente, combativa, con un sentido del humor cálido y una fe profunda en la ciencia como herramienta para un mundo más justo y una naturaleza mejor protegida.

Ezequiel Navío, naturalista y portavoz de la Asociación para el Desarrollo de Acciones Climáticas (ADACIS) define a Cuevas como “un científico universal”, capaz de lograr avances y aportaciones extraordinarias a la ciencia canaria y mundial, pero cuyo principal valor residía en su humanidad y en su compromiso por un mundo mejor y socialmente más justo, con una naturaleza más cuidada. Subraya que su contribución con datos científicos, empíricos e “irrefutables” sobre la evolución del impacto humano en la atmósfera y los efectos del cambio climático sobre la humanidad debe ser muy tenida en cuenta ahora y en el futuro. Para Navío, que lo trató también en el plano personal, Emilio fue un pionero infatigable, un amigo fascinante y un ser humano ejemplar, cuyo legado y cuya visión seguirán presentes en la vida de quienes trabajaron y lucharon a su lado.

En junio de 2023, el Gobierno de Canarias y la comunidad científica le rindieron un homenaje público a su trayectoria al frente del Observatorio de Investigación Atmosférica de Izaña, en un acto celebrado en la sede de Presidencia del Gobierno autonómico. La Consejería de Transición Ecológica, la asociación ADACIS y numerosos investigadores de dentro y fuera del Archipiélago subrayaron entonces su papel decisivo en el estudio del cambio climático en Canarias y en la creación de una auténtica escuela científica en torno a la atmósfera y al clima.

Emilio Cuevas, en el acto de homenaje a su trayectoria al frente del Observatorio de Investigación Atmosférica de Izaña de la AEMET

En aquel homenaje, la física de la atmósfera Omaira García resumió la doble dimensión científica y humana de Cuevas. Recordó cómo, bajo su dirección desde 1999, Izaña pasó de ser un observatorio centenario a un referente mundial en la monitorización de gases de efecto invernadero, ozono y aerosoles, con algunas de las series de datos más largas del planeta, al tiempo que tejía una densa red de alianzas con universidades, organismos internacionales y servicios meteorológicos de todo el mundo. Pero subrayó sobre todo su pasión casi desbordante por la ciencia, su sentido del trabajo como servicio público y el amor con el que cuidó el observatorio, al que trataba “como a una hija”, protegiendo su entorno, llevándolo por el mundo con orgullo y preparándolo para que, llegado el momento, pudiera “volar solo”.

“Sirvió de inspiración para muchos”

Para Pedro Dorta, doctor por la Universidad de La Laguna con la tesis Las invasiones de aire sahariano en el archipielago canario, Emilio era un líder. “Un grandísimo científico que, sin duda el tiempo colocará en un lugar muy alto en el elenco de sabios en Canarias”, asevera. “Además, su entusiasmo, su pasión por la atmósfera era ilimitado. Yo lo echaré mucho, muchísimo de menos”.

El científico Sergio Rodríguez trabaja actualmente en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pero recuerda perfectamente el tiempo que estuvo investigando en Izaña entre 2005 y 2018 como responsable del programa de aerosoles y calimas de polvo de desértico. “Al llegar Emilio”, explica a Canarias Ahora, “me dio libertad de trabajo, dejaba trabajar en libertad”, asegura. “A Emilio y a mí nos conectaban el estudio de los aerosoles y las calimas de polvo sahariano , ese fue el motivo por el que me integré en el equipo de Izaña”.

“A principios de los años 90 muchos entendían a la atmósfera sólo en términos de 'meteorología' , sin atender a su composición. Emilio contribuyó decisivamente a que Canarias cuente con profesionales en la observación de la composición de la atmósfera, profesionales que trabajan en un marco internacional. Algunos se han quedado en Izaña y otros han pasado a universidades, organismos públicos de investigación, organismos internacionales, empresas e incluso han creado sus propias empresas para la fabricación de instrumentación científica”, expresa Rodríguez. “Empresas creadas en el entorno de Izaña fabrican actualmente equipos en Tenerife, equipos que se venden en Europa y hasta en Australia” y recuerda que“no siempre tuvo apoyo institucional, tenía q negociar y luchar recurso a recurso”.

Por su parte, el delegado de la Aemet en Canarias, David Suárez, incide también en esa doble huella científica y humana de Cuevas. Recuerda que todo el prestigio internacional del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña -al que define como un referente mundial en composición de la atmósfera, clima e intrusiones de polvo desértico- se asienta en el trabajo que Emilio desarrolló durante toda su vida y que siguió impulsando incluso tras su jubilación anticipada por enfermedad. 

“Trabajamos juntos en muchas publicaciones y para mí fue un orgullo que también fuese coautor de las publicaciones del último paper con el que cerré mi tesis doctoral”, cuenta Suárez a este periódico. “Guardaré siempre un gran recuerdo de Emilio y por supuesto ha dejado un legado que es impresionante; ha servido como inspiración para que muchos desarrollásemos investigación en Canarias”, expresa.

Dejó un legado científico de incalculable valor y la huella que dejan los hombres buenos, los hombres que, como dijo el poeta Horacio, no mueren del todo.

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