A Juanma Moreno le explota la cabeza
El acuerdo xenófobo y racista de PP-Vox en Extremadura, la ambigua posición de Feijóo ante la guerra de Irán, la dosis de recuerdo de la Kitchen, de Luis Bárcenas, de la corrupción de Estado, de M. Rajoy, de la destrucción de pruebas sobre la financiación ilegal, del uso fraudulento de los fondos reservados… Al presidente de la Junta de Andalucía y aspirante a revalidar la mayoría absoluta el próximo 17 de mayo, Juanma Moreno, le explota estos días la cabeza con la munición que se empeña su partido en proporcionar a la izquierda. La socialista María Jesús Montero tiene material de sobra para el desgaste. Cuestión distinta es que pueda desafiar los malos augurios que le pronostican los sondeos.
Pero a lo que vamos. Moreno, que tanto hizo para llevar en volandas a Feijóo hasta la séptima planta de la calle Génova, ahora no sabe cómo soltar el lastre del gallego para que no interfiera en su campaña. Moreno, que se esfuerza en marcar distancias con Vox, y ahora María Guardiola, con la bendición de Génova, mete a los ultras en el Gobierno de Extremadura con un pacto racista, xenófobo y hasta inconstitucional que en pocas semanas se reeditará en Aragón y Castilla y León. Moreno, que tanto evita el insulto y el cuerpo a cuerpo, y agacha la cabeza con la ristra de improperios que sueltan los suyos por la boca. Moreno, que se aseguró de que Rajoy no pusiera un pie en Andalucía hasta que no pasen las elecciones andaluzas, y ahora va Bárcenas y recuerda en sede judicial, para que nadie olvide, lo que todos sabían y taparon durante años: “M.R era Rajoy y encargó destruir un audio cortito”. Moreno, que no tolera las formas de Ayuso, y no tiene manera de contener el torrente de vituperios de la baronesa parlanchina.
El PP parece dispuesto a arruinar el empeño del presidente de Andalucía para gobernar en solitario otros cuatro años. El matrimonio extremeño con Abascal llega justo cuando el auge de Vox parecía registrar una línea descendente como consecuencia de su alineamiento con Trump, de la derrota de Orbán en Hungría y de sus líos internos. Algo que no resulta inofensivo para los intereses de Moreno, quien hace esfuerzos, además, por desmarcarse del pasado de Aznar y de Rajoy, pero también del presente de un Feijóo resignado a su dependencia absoluta de la ultraderecha.
Y si el PP ha elegido el peor momento para Moreno al oficializar su entente con Abascal, en mucho peor tiempo el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) ha decidido echar por tierra el empeño de la derecha judicial y política para que Bruselas tumbara las sentencias del Constitucional que amparan a los expresidentes socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán en el caso de los ERE.
La Comisión Europea ni siquiera ha admitido a trámite la “cuestión prejudicial” sobre el pronunciamiento del TC que solicitaba la Audiencia Provincial al entender que el TJUE no puede convertirse en una especie de “supercasación europea”, por más que se empeñen los populares en desacreditar, con tretas varias, al máximo garante de la Constitución española y todos sus pronunciamientos. De haber sido al contrario, la damnificada hubiera sido, seguro, la campaña de María Jesús Montero. Pero, por una vez no es al perro flaco al que todo son pulgas, sino al más rollizo en número de escaños.
Mejor le iría a Moreno, si el PP de Feijóo hubiera asumido el coste de una repetición electoral en Extremadura. Si no lo ha hecho es porque ni el racismo, ni la xenofobia ni la ilegalidad manifiesta son ya líneas rojas en su acción política. Y, quizá, también porque para el horizonte no tan lejano a Feijóo no le interesa en absoluto que el actual presidente de la Junta emerja como el único barón capaz de cortocircuitar a Vox sin hacer suyo el ideario ultra ni entrar en sus guerras culturales.
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