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El predicador cristiano más peligroso de Hungría: ¿de la cárcel a la presidencia?

Iványi Gábor posa para elDiario.es durante su entrevista en Budapest.

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A la orilla derecha del Danubio, en un pequeño y sencillo local subterráneo de Budapest de paredes blancas llenas de parches, el pastor evangélico Iványi Gábor preside en un extremo de la mesa la reunión semanal de lectura de la Biblia con un reducido grupo de seguidores. Solo hay una mesa que ocupa prácticamente todo el local y la única decoración son tres mapas de tierra santa y un pequeñísimo cuadro de Gábor entrando en el tribunal e inspirado en las pinturas del romanticismo con su barba blanca como gran centro focal.

Conocí a Iványi Gábor durante la cobertura de las elecciones de Hungría. El famoso pastor evangélico estuvo muy cerca de Viktor Orbán en los 90 y, tras su ruptura, se convirtió en uno de sus principales y más temidos enemigos. Orbán se ha querido erigir como la salvación cristiana de Europa y profeta de la extrema derecha, pero Gábor lleva años tratando de desmontar el ultranacionalismo cristiano de su antiguo pupilo —bendijo su matrimonio y bautizó a sus hijos—, quien ahora lo acosa legal y económicamente para asfixiarlo. “Muy probablemente no vamos a poder escapar de la política la semana que viene porque soy políticamente muy activo y habrá muchos temas que hablar”, advierte Gábor a sus seguidores al cierre de la sesión de aquel sábado por la mañana.

El cristianismo que existe hoy en día es el cristianismo político. En los últimos 17 siglos, se ha distanciado mucho de los valores y principios originales al mezclarse con el poder. Se ha convertido en un instrumento de poder y, en ocasiones, en su dueño

Iványi Gábor

Tenía razón. Tras la inesperada derrota electoral de Orbán, me ha sorprendido ver su nombre en muchos medios locales como posible candidato a la presidencia del país. En el marco de la persecución lanzada por Orbán, Gábor se enfrenta el mes que viene a un juicio que le puede enviar dos años a prisión, pero si se convierte en presidente, cambiaría un posible viaje a la cárcel por otro al palacio presidencial (en Hungría es el Parlamento quien elige al presidente del país). 

“El pastor ya está midiendo las cortinas del Palacio Sándor desde el banquillo de los acusados”, decía indignado el canal progubernamental Hír TV. El ganador de las elecciones, Péter Magyar, ha exigido la dimisión del actual presidente, calificándolo de “marioneta”, pero no se ha pronunciado sobre su opción favorita. Gábor, sin embargo, ha asegurado que si llega la oferta, la aceptará. Su nombre ya sonó como posible candidato de la oposición en las elecciones de 2022, pero fue vetado por uno de los partidos de la coalición opositora de entonces.

“Los que se reúnen aquí semana tras semana desde hace seis años vinieron a buscarme para decirme que son judíos no practicantes y se avergüenzan de no haber leído nunca la Biblia. Algunos se consideran ateos”, me cuenta el pastor, líder de la Asociación Evangélica Húngara, al finalizar la sesión de lectura de la Biblia.

Nattan, superviviente del Holocausto, acude a la sesión de lectura de la Biblia con Gábor

Entre ellas está Nattan, una mujer de 86 años superviviente del Holocausto. Ella tenía cinco años y su madre logró salvarse de los campos de concentración robando la identidad de su vecina cristiana fallecida. “Mi madre y mi tía vivían bajo la misma identidad y yo adopté el apellido de mi madre porque decían que no tenía padre. Duró un año, de abril de 1944 a febrero del 45”, cuenta la mujer. “Budapest fue la última operación de deportación a los campos de concentración en 1944”, añade la mujer, que dice acudir al servicio religioso todas las semanas en la iglesia de Gábor pese a ser judía: “No es ninguna contradicción. Soy seguidora de Jesucristo”.

El “hereje” que fue pastor de Orbán

El local está lleno de simbología judía. A la entrada está la mezuzá, típica de los hogares judíos, y Gábor lleva la kipá durante la reunión. Su iglesia es metodista y ha dedicado su carrera a ayudar a los migrantes, a los pobres y a las comunidades más marginadas. “Soy un pastor cristiano, pero el cristianismo que existe hoy en día es el cristianismo político y no tiene nada que ver con el modo de vida original. En los últimos 17 siglos, se ha distanciado mucho de esos valores al mezclarse con el poder. Se ha convertido en un instrumento de poder y, en ocasiones, en su dueño”. “Se me considera un hereje en estas cosas”, señala.

Su camino se cruzó con el de Orbán en los últimos años de la era cominusta. Gábor ya había sido encarcelado varias veces por su oposición al régimen y Orbán era una joven liberal que quería transformar el país. Ambos coincidían en las reuniones de la oposición democrática. Orbán había fundado su propio partido y Gábor recuerda sus fuertes declaraciones anticlericales de entonces: “Una vez gritó en el Parlamento que los monjes tenían que arrodillarse”. “Entonces parecía un grito oportuno y valiente”, me explicaba el pastor. “Nadie pensaba que él se convertiría en el supuesto baluarte de la cristiandad”.

Pese a esos inicios anticlericales, Orbán se fue derechizando y se acercó a la religión, pidiendo al propio Gábor que bendijera su matrimonio y la renovación de sus votos con su esposa. Poco después, bautizó a sus dos hijos mayores. Gábor recuerda que después del bautizo de su segundo hijo, lo invitaron a comer. “Fue aburrido. Una conversación sobre él y sus ambiciones. Yo lo escuché educadamente y esbocé una pequeña sonrisa ante aquello, porque él era entonces el presidente y portavoz de un partido minúsculo”, recuerda. Orbán le decía que un día sería primer ministro y que quería dirigir la política mundial, me contaba Gábor.

Iványi Gábor, con la kipá, durante la sesión con un grupo de judíos en Budapest.

Orbán no tardó en deslizarse por la pendiente de la extrema derecha. “Me di cuenta que es un miserable sin principios”, dice el pastor, que incluso lo califica de fascista y de abusar y utilizar la religión para sus intereses políticos.

“Del mismo modo que a Hitler le valió que se supiera que estaba bautizado, porque él mismo lo difundió, aunque su nacionalsocialismo no tenía ningún tipo de fe religiosa. Del mismo modo que a Trump le ayudaron a llegar al poder en Estados Unidos fanáticos religiosos. Y lo mismo ocurrió con Netanyahu”, explica. “Hay algo en la religión que hace que la gente sea tan manipulable, que convierten la política en una cuestión religiosa. Lo que hace Orbán es totalmente contrario a la Biblia”.

Ruptura y venganza

Aunque Gábor rechaza la relación del cristianismo con el poder, sí sostiene que la religión está estrictamente ligada a la política: “Quien lee la Biblia ve que los profetas se ocupaban constantemente de cuestiones de política interior y exterior”.

“Se convirtió en mi enemigo porque se desvió del Estado de derecho, del camino de la justicia, y yo no me quedé callado”, cuenta. En los años siguientes, Orbán buscó varias veces su apoyo público, la última tras su regreso al poder en 2010, pero el pastor se negó. Entonces vino la venganza.

Orbán aprobó en 2011 una ley que retiró su condición de iglesia a centenares de grupos religiosos que gozaban de ventajas fiscales, entre ellas, la de Gábor. La iglesia del viejo pastor llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y ganó, pero Orbán nunca rectificó. La asfixia económica le obligó a cerrar varias de sus instituciones sociales. Iványi dirige una red de escuelas, residencia de mayores, albergues para personas sin hogar y centros para personas con discapacidad por todo el país.

Iványi Gábor habla por teléfono durante la redada policial a la sede de su iglesia en 2022.

En 2019, indignado por el discurso de Orbán sobre la defensa de la libertad cristiana, Gábor impulsó y firmó una declaración contra el primer ministro inspirada directamente en la Declaración de Barmen de 1934, en la que líderes cristianos alemanes rechazaron el uso y abuso de los nazis en materia religiosa. En la declaración rechazaban el “odio” impulsado por el Gobierno de Orbán y defendían explícitamente a los pobres, a los gitanos, a los migrantes y a la comunidad LGTB acosada por el ultrlaconservador.

Agentes de la autoridad fiscal organizaron una redada en la sede de la iglesia en febrero de 2022. Centenares de personas se presentaron en apoyo de Gábor y las autoridades acusaron al pastor de violencia contra las autoridades. “Los agentes no me dejaron subir con los periodistas para ver lo que hacían durante horas. Empecé a subir, pero me cerraron el paso. Había unas 200 personas ahí y, a petición mía, empezaron a empujarme hacia arriba”, recuerda. “No me sorprende que él se vengue”.

Tras la victoria de la oposición, Gábor ha concedido varias entrevistas. “El futuro Gobierno debe restablecer el Estado de derecho, combatir la corrupción y reactivar nuestras buenas relaciones con la UE. Espero que Péter Magyar restablezca la posición de Hungría en el mundo. Debemos avergonzarnos de lo que Orbán le ha hecho a nuestro país. Orbán debería estar en la cárcel”, dice.

“Yo solo quiero predicar tranquilamente”, me decía en aquel pequeño local subterráneo. Ahora, la persecución terminará, pero Gábor aún tiene que afrontar un juicio penal mientras muchos medios especulan con su posible elección como presidente.

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Gracias por llegar hasta aquí.

¡Hasta la semana que viene!

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