El meteorólogo Tomás Padrón
Este fue el titular irónico de un conocido medio de comunicación canario con motivo de las medidas adoptadas por el Cabildo de El Hierro, en concreto por su entonces presidente Tomás Padrón, ante la presencia en los últimos días de noviembre del 2005 de la tormenta tropical Delta. Nunca se produjeron correcciones ni disculpas, porque como si se tratara de un búmeran, el punto de partida fue un auténtico desastre, quedando demostrado que El Hierro fue la única isla que se adelantó a la emergencia y se puede decir que a partir de este momento se marcó un punto de inflexión en materia de prevención y activación ante la presencia de un fenómeno meteorológico adverso.
En el año 2005, las predicciones meteorológicas eran imprecisas y los medios de emergencia muy limitados e inexistentes. La tormenta tropical Delta no tenía que haber llegado a Canarias, pero su errática trayectoria durante los días anteriores hizo que, ya convertida en un ciclón extratropical, rozara el archipiélago los días 28 y 29 de noviembre de 2005. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC, por sus siglas en inglés) ya avisaba tres días antes de que podría llegar a las islas, pero no se le daba mucha importancia a este tipo de fenómenos.
Ya en esa época a Tomás Padrón le fascinaba, y lo sigue haciendo actualmente, el mundo de los aviones y de la meteorología, y eso hizo que se interesara por la evolución de la tormenta Delta y su grado de afección a Canarias. En aquel año, 2005, la única estructura que tenía montada el Cabildo se circunscribía exclusivamente a una consejería de Medio Ambiente, que se ampliaría con funciones de Residuos y de Seguridad y Emergencias, con un director de Área, en este caso Javier Armas. Ya en ese año el Gobierno de Canarias funcionaba con un limitado CECOES, vinculado a la estructura estatal representada por Protección Civil.
Desde el Cabildo de El Hierro ya en mayo de ese año 2005, se firmaba poner en marcha el CECOI, un Centro Piloto Satélite de Coordinación de Emergencias y Seguridad, gracias al convenio suscrito entre el consejero de Presidencia y Justicia del Gobierno de Canarias, José Miguel Ruano, y el presidente del Cabildo de la citada isla, Tomás Padrón.
El CECOI, que funcionaría todos los días del año durante las 24 horas, dispondría de cinco puestos operativos que podrían estar ocupados, en función de las necesidades del servicio, por un gestor del Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (CECOES), personal de Medio Ambiente del Cabildo de El Hierro, un enlace de la Policía Local de los entonces dos ayuntamientos, un representante del Servicio de Urgencias Canario (SUC) y un puesto multifunción destinado a la ocupación eventual de otros cuerpos, como podía ser la Guardia Civil. Después del duro trabajo del equipo de Medio Ambiente, con Néstor Padrón, como primer técnico en emergencias y Juan Bautista como director de extinción del Cabildo, sería en septiembre del 2008 cuando se inaugurara, iniciando su andadura bajo la dirección y supervisión de un gran profesional, Alexis Ramos.
Pero volviendo al año 2005 y al Delta, ante la duda planteada de su magnitud y las medidas a adoptar, contó con un equipo en Presidencia que ayudó a despejar dudas y a establecer las medidas preventivas que más tarde vimos que fueron del todo acertadas. Allí, atendiendo una frase muy utilizada por nuestro departamento, “gabinete de crisis”, acudimos Josefina Navarro, Julio Reboso y el que esto escribe. Recuerdo que aprovechando la amistad con un reconocido meteorólogo y amigo de esta isla, Mario Picazo, que acudía a los primeros Open Fotosub, se le llamó para conocer su criterio respecto al Delta. Mario estaba muy relacionado con el Centro Nacional de Huracanes, recabó la información y nos comentó que haría una consulta y nos llamaría.
Su criterio fue decisivo a la hora de tomar decisiones al confirmarnos que sí afectaría a Canarias. Desde ese momento se declaraba por primera vez en la isla mediante decreto el Plan Insular de Emergencias (PEIN), y se adoptaba la suspensión de las clases en todo el ámbito educativo, se limitaba el desplazamiento en carreteras y se habilitaba un dispositivo especial para atender la emergencia en el caso de que llegara.
Delta llegó a Canarias el día 28 de noviembre sin ningún aviso del entonces Instituto Nacional de Meteorología, algo ahora impensable. Hubo un antes y después de Delta, que propició el que se afinaran los sistemas de alerta a la población y se cambiaran planes y protocolos. Delta, y permítanme esta humilde apreciación, cogió con el pie cambiado a los responsables entonces de Seguridad y Emergencias, que hasta que el temporal no estuvo sobre las islas no activó alerta alguna. Pero si algo puso en evidencia el Delta más que ningún otro desastre natural -algunos más graves que la propia tormenta tropical- fue la vulnerabilidad de las infraestructuras de las Islas, principalmente las de electricidad y telecomunicaciones. No nos olvidemos que en aquella época la telefonía móvil era muy precaria en cuanto a cobertura, y el mundo de las redes sociales y de la información era inexistente.
Lo peor del Delta fue la muerte de siete personas, seis por el vuelco de una patera al sur de Gran Canaria y otra en Fuerteventura, pero la tormenta tropical tuvo repercusiones «nunca vistas con anterioridad y consideradas catastróficas por las autoridades autonómicas y estatales», según la comisión parlamentaria que investigó el fenómeno.
Los efectos del Delta pusieron en evidencia nuestra vulnerabilidad y la necesidad de adelantarnos a la emergencia. El Hierro creo que ha sabido mantener esa estructura básica que primero fue el CECOI que para el centralismo canario fue curiosamente un enemigo a batir, logrando cerrarlo, y resucitando más tarde, y hasta la actualidad, como el CECOPIN.
El gran incendio forestal del año 2006 y las lluvias torrenciales del 2007 precipitaron la habilitación del CECOI, episodios que fueron gestionados desde un humilde CECOPIN de Medio Ambiente a la salida de El Pinar dirección La Restinga. Ya en la crisis sísmico-volcánica previa a la erupción submarina del año 2011, y en todos y cada uno de los incidentes, accidentes o fenómenos meteorológicos adversos este centro de emergencias ha sido decisivo.
Vaya mi reconocimiento a Tomás Padrón y todas las corporaciones que han sabido mantener este servicio público esencial durante casi 20 años, y sobre todo al personal que lo ha dirigido y atendido en estas dos décadas que, para no obviar a nadie, prefiero no mencionar.