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Partidos

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Cuando ganamos la democracia surgieron dudas. Pensamos que el ejército nos iba a complicar vivir en libertad. Y al tiempo pensamos que los partidos políticos eran un lugar apacible y necesario para la esperanza. Se prorratearon las pérdidas; yo acepto la bandera y tú te comes las autonomías. Todos a practicar concesiones. Las cosas salieron bien, pero en contra de lo previsto, el ejército hoy es timbre de orgullo y los partidos políticos son decepción e indiferencia.

En España, algunos partidos se han convertido en una colonia ajena a la sociedad. A veces un ghetto donde se amarra al elefante blanco. Lugares de desarraigo habitados por Fouchés de guardarropía. Si alguien quiere participar en esos partidos políticos encuentra escrito un lema en un mural dentro de la sede: a ver si te encontramos un hueco porque los demás sitios están ocupados.

Un intelectual, un autónomo, un técnico cualificado, sea universitario o no, mira dentro de un partido político y ve algo muy ajeno y lejano, difícil de entender, algo parecido al campo que recordamos, según Max Jacob, puede ser un lugar donde se pasean los pollos crudos.

Echemos un vistazo a los EEUU. El comodín de la comparación. El Partido Republicano tiene un senador en su feudo de Texas. El senador Cornyn. Veinte años. El Partido Republicano, de gran solera, lleva tiempo intervenido por la mano siniestra de Trump a través de MAGA, una suerte de corriente de opinión. Pues Trump y MAGA proponen al fiscal general de Texas, un tal Paxton, que es toda una pieza. En 2015 fue imputado por tres cargos de delitos graves relacionado con el fraude de valores. En 2023 la Cámara de Texas le sometió a juicio político por naderías, veinte cargos, entre ellos soborno. Ese escapista que es el fiscal, exonerado por el Senado de Texas, termina retando en primarias al senador de toda la vida y convirtiéndose en candidato republicano. 

Y quizás por lo dicho los grandes partidos practican una suerte de cesarismo, que acontece cuando dos partes enfrentadas se equilibran de la peor manera y de forma tan catastrófica que solo conduce a la destrucción recíproca.

Y entonces los tribunales ganan un protagonismo principal. Y ahora imperan términos judiciales y todo lo que no es inmediatamente claro es culpablemente oscuro. Hace meses escribí que la condena al fiscal general del Estado era al affaire Dreyfus español para un grupo de personas entre las que me encuentro. Dividió a España en dos partes como hace tiempo el affaire dividió a Francia y a Europa. Una de las partes quedó huérfana de la justicia. Para muchos de nosotros ya nada será igual. Se cumplió la Ley de Chejov, si en una obra de teatro aparece en el primer acto una pistola, al final del tercer acto aparece alguien muerto.

Españolito que vienes al mundo, una de las dos partes ha de helarte el corazón. Y atiende, Feijoó, que no conoces el Teorema de Salustio, que dicta que un estado para mantenerse firme y cohesionado necesita un gran enemigo externo. Esto que se aplicaba a Roma y Cartago, ya se aplica aquí, del pacto de gobierno de Madrid no se puede mover nadie porque a la salida te encuentras con Vox. Te lo han dicho claro, Feijóo: si quieres gobernar, que vayas a Waterloo y te presentes como el socio de Vox. Escucha, Feijóo: has embarrado el campo y estás cómodo con el dorsal de la oposición. No te quejes del campo si gobiernas.