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La retirada del pasaporte, punto de no retorno

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De no retorno en el acoso de parte del Poder Judicial al Gobierno constitucional de España. Y en mi opinión, no sólo una parte del Poder Judicial sino de algunas alturas del Ministerio Fiscal. Por ejemplo, de la Fiscalía Anticorrupción.

Llueve no sobre mojado, sino sobre inundado.

Hay noticias que me han indignado. Sin agotar el listado: el registro de la Fiscalía General del Estado, como paso previo a la condena ignominiosa del Fiscal General; la negativa de la Fiscalía Anticorrupción a solicitar el volcado del correo electrónico B de Cristóbal Montoro en el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, llegando a sancionar a la fiscala que ha impulsado la investigación; la petición de Anticorrupción de que se retire el pasaporte a Zapatero.

El juez que lleva dale que te pego persiguiendo inquisitorialmente a Begoña Gómez, ha llegado a hacer comentarios, en sus tan escandalosas como jurídicamente huecas resoluciones -del tipo de “las conductas provienen de palacios presidenciales, como en este supuesto, parecen más propias de regímenes absolutistas, por suerte ya olvidados” o la afirmación de que los agentes de la escolta de Begoña “bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos, sean quienes colaboren para facilitar esa fuga, que haga imposible que la acusada se encuentre a disposición de la justicia”- en las que se permite una vez tras otra alardes que destruyen toda apariencia de imparcialidad. Y ahí sigue, tan campante.

No nos engañemos: Peinado está compulsivamente predispuesto contra este Gobierno; pero no es tonto. Y hace lo que hace porque tiene una sensación de total impunidad y siente respaldos en las más altas esferas de la Judicatura, esas que el conservadurismo hispano ha ido copando después de secuestrar durante larguísimos años, violando flagrantemente la Constitución, el Consejo General de PoderJudicial.

Mucho habían tardado, pero ya salió la Gran Patronal a enseñar la patita expresando su apoyo expreso “a la justicia”, “ya que es brutal y peligroso el ataque a los jueces, porque están siendo atacados”. No es a los jueces, Garamendi, ni a la justicia. Se trata de la crítica a los que, eso sí, emboscados en el órgano judicial o de la fiscalía y en los momentos y procedimientos oportunos, están prostituyendo la función y la autoridad judicial para tumbar al Gobierno progresista.

Está ocurriendo, como si fuera una pesadilla, todo eso que parecía que sólo existía en los libros de los detractores de la democracia “burguesa”, que uno leía de joven. 

La retirada del pasaporte a Begoña Gómez y la obligación que se le impone de comparecer cada quince días en el Juzgado es un ataque directo al Gobierno y a su presidente (del que Begoña es la esposa y no una “particular”, como lo es el individuo del que -con la lógica del PP- Ayuso debe ser concubina o manceba. O a la viceversa: sólo que en el universo mental de la caverna, el concepto de concubino no existe). Y está pensada justamente para darle un alcance internacional: ssssh!!! a la mujer de Sánchez no la dejan salir de España y le piden 24 años de cárcel!!!! ¿O no está más claro que el agua?

He sentido la obligación, a lo largo de más de 32 años ejerciendo labores de oposición, de denunciar penalmente en mi tierra contados pero muy graves hechos de corrupción. Y sé, por mi propia experiencia, de la indolencia de determinados jueces y juezas y fiscales(as) a la hora de cumplir sus obligaciones de impulsar los procedimientos. Luego algo debo saber de lo que estoy hablando. Desde el caso Las Teresitas hasta el Caso Reparos (127 Decretos comprometiendo y pagando ilegalmente 60,3 millones de euros), he vivido de todo: ataques en los medios de comunicación afectos a los poderes establecidos, denuncias falsas (que nunca han pasado del primer trámite) para dar lugar a columnas periodísticas sicarias y caricaturas del tipo “el cazador anticorrupción, cazado”, en fin…, pero lo que viene ocurriendo era inimaginable. Créanme.

En mi modesta opinión, la de un isleño septuagenario que fue encausado por el siniestro Tribunal de Público de la Dictadura cuando recién acababa de cumplir 20 años, y que ha desempeñado treinta años de docencia universitaria en el campo del Derecho Constitucional, amén de siete legislaturas de trabajos parlamentarios en el Senado y en el Parlamento de Canarias, ¡esto no puede seguir así!

O los demócratas nos unimos (como está ocurriendo en los EEUU) y nos enfrentamos a esta trama, de la que -no nos engañemos- tanto el PP como los Peinado y sus espónsores aguas arriba de la Judicatura son meros instrumentos y figurantes o ¡adiós, democracia, adiós!

Porque no me asusta tanto (y miren que me asusta) lo que están dispuestos a hacer para derrocar al Gobierno legítimo como sea y “que el que pueda hacer, que haga”. Sino qué no estarán dispuestos a hacer para no perderlo “para siempre jamás”, como diría García Márquez, si todo este complot antigubernamental y antidemocrático logra sus objetivos: volver a poner en pié lo que los usufructuarios y detentadores del poder franquista pretendían: perpetuar una Dictadura disfrazada de Democracia. Y las dictaduras -sean conservadoras o revolucionarias- son todas opresión, violencia y corrupción desde el poder político. Y colonización de la sociedad por la mediocridad, la mires por donde la mires.