Septiembre
Uno:
Se llevaron la mirada. Los operarios, autómatas madrugadores, arrancaron el ojo que colgaba del centro cultural. Miradasdoc, un proyecto hecho en Guía de Isora que cumpliría 18 ediciones, ya no existe. Pasaron por el fin del mundo, o el principio, según se mire: Eduardo Galeano, Martín Patino, Montxo Armendáriz, Isabel Coixet, David Bradbury, Michael Robinson, Carlos Francino, Nicolás Castellano (que recuerde). Javier Tolentino venía todos los años y hacía en directo El séptimo vicio, de Radio 3. Pasaron por Miradasdoc los estudiantes del municipio para ver cómo se hacía cine desde la escucha y el diálogo. Desde la pregunta. Su último director, David Baute, tiene un Goya. Pero no fue suficiente.
El pueblo ha quedado limpio de culturetas y caza subvenciones. Ahora, por fin, se ha igualado al resto de pueblos de esta nuestra querida isla. Unidos, jamás serán vencidos: food tracks, rutas de la tapa, noches en blanco, noche joven (como si la noche fuese vieja) y una deriva infinita de “Fest”. Pero sobre todo santos, muchos santos (y santas), y que Dios me perdone, que saldrán en procesión y que darán nombre a las fiestas por los siglos de los siglos. El ocio ha absorbido como un Calippo a la cultura; pero es un ocio porque sí, porque hay que divertir a la gente (¿quién es la gente?), emborracharla de felicidad. ¡Cuánta tristeza daban aquellas películas tan lejanas¡ ¡Qué necesidad!, ¡mostrar la miseria, el racismo, la inmigración, la precariedad…!
No ver, no sentir, seguir con los ojos frente «al adormecedor murmullo de la oscuridad» de la caverna, que es una tragedia cuando el liberado cuenta a los cautivos que ha visto la luz, donde las cosas no son como alguien o algunos (sin nombre) las había mostrado. Y el liberado desea compartirlo, porque «de nada vale ser solitario gozador de la luz». Y la risa colectiva, esa risa floja del que no sabe por qué ríe, acaba en muerte, en la muerte del que logra ver, escribe Emilio Lledó en Días y libros. Y es que cuando el conocimiento no se comparte, se muere, como ocurrió hace 24 siglos en la fallida República de Platón y como ha pasado con la tijera a Miradasdoc. En Caminos de intemperie, el músico y escritor Ramón de Andrés dice: «conseguir una forma de hacer que no produzca, que no genere». Hay un mantra trasnochado empeñado en que la cultura no genera ¿dinero? El ocio sí: para algunos. Primero, no es verdad y segundo: no tiene por qué hacerlo. ¿Acaso la sanidad o el transporte también deben hacerlo? El objeto de la cultura es el pensamiento, la resistencia y sobre todo la posibilidad de mundo, de palabra frente a la crispación y la incertidumbre.
Cuando el sol se marcha detrás de La Gomera, el ojo ya no está. El centro cultural isorano, una gran caja amarilla levantada junto al fracaso de una piscina para no pensar, ha quedado, definitivamente, liberado de la mirada. Los vecinos comen pizza enfrente, algunos, todavía despiertos, comentan la jugada, otros siguen masticando, con esa amable risa floja, propia de los moradores de la caverna.
Dos:
Pienso que el estado ideal del ser humano es no hacer nada. Pero eso es imposible. Yo necesitaría mucho tiempo para no salir de casa y acabar cosas pendientes. Estar en movimiento sin moverse. ¿Adónde va tanta gente corriendo? A partir de septiembre llega la prisa, el invierno se echa encima y apuras la recta para aterrizar otra vez en las vacaciones de verano, para el que las tenga. Al entrar al instituto, intentaré aplicarme la lección de Federico Luppi en Lugares comunes, que dirigía a sus alumnos: «Enseñar quiere decir mostrar, y mostrar no es adoctrinar, es dar información… analizar, razonar, y cuestionar esa información… si alguno de ustedes cree en verdades reveladas o doctrinas políticas sería bueno que se dedicase a predicar en un templo o en una tribuna. Si por desgracia siguen en esto (la enseñanza) traten de dejar las supersticiones antes de entrar al aula, no obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria (con matices), pues lo que se impone por la fuerza es rechazado y al poco tiempo se olvida. Pónganse como meta enseñarles a pensar, que duden, que se hagan preguntas. Las mejores preguntas se repiten desde los filósofos griegos. Muchas, son lugares comunes, no pierden vigencia: qué, cuándo cómo, dónde, por qué. Si admitimos que la meta es el camino, como respuesta no nos sirve: describe la tragedia de la vida pero no la explica. Hay una misión, un mandato que quiero que cumplan: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad».
Y todo camina hacia evitar el dolor de la lucidez: vivir en la analgesia, sin mirada, rellenar informes según la normativa, vitaminarte. Y siempre, como Hans Castorp en el sanatorio de Davos, con un termómetro a mano y una manta esperancera que te abrigue, que garantice el reposo. Sentirse enfermo sin estar enfermo. Cuidémonos de eso. Septiembre es el verdadero principio del año. Enero es un alegre amago que inventaron los comercios. Septiembre otra vez. Porque al mundo le gusta mostrarse en círculo. Te castiga con lo igual. No renunciemos a ese dolor lúcido y procuremos hacer de lo igual algo nuevo.