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Una sola voz para el plátano de Canarias

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Por qué la fragmentación comercial debilita el sector y qué podemos aprender del resto del mundo.

1) El espejismo de la marca fuerte

El plátano de Canarias es, probablemente, el caso más paradójico del sistema agroalimentario español. Dispone de una Indicación Geográfica Protegida (IGP) reconocida por el consumidor, una identidad visual consolidada, un producto que gana las pruebas de sabor frente a la banana y un nivel de notoriedad de marca que ya querrían para sí muchos productos con presupuestos publicitarios muy superiores. Sin embargo, el agricultor canario lleva años viendo cómo su margen se estrecha, cómo la banana gana cuota en el lineal y cómo su capacidad de negociación frente a la gran distribución se reduce.

La razón de esa paradoja no está en el producto, ni en la marca, ni en el consumidor. Está en la estructura de comercialización. Detrás de la imagen unitaria del plátano de Canarias, hay múltiples organizaciones de productores que operan de forma independiente, compitiendo entre sí en precio ante las centrales de compra de las grandes cadenas. El resultado es un contrasentido estructural: una marca fuerte hacia fuera y una arquitectura comercial débil hacia dentro.

Esa fragmentación no es un rasgo inevitable del sector, sino un problema con solución probada. Decenas de sectores agrícolas en todo el mundo ya lo han demostrado: concentrar la comercialización bajo una estructura y una voz única, al servicio de los productores.

2) Anatomía de la fragmentación

Para entender por qué la estructura actual perjudica al productor, conviene examinar sus efectos concretos.

Competencia interna ante la distribución. Cuando varias organizaciones de productores acuden por separado a negociar con Mercadona, Lidl o Carrefour, la cadena puede enfrentarlas entre sí. No necesita presionar: le basta con elegir al proveedor que ofrezca el precio más bajo. El resultado es una erosión progresiva del precio percibido por el agricultor que ninguna de las organizaciones, por separado, tiene fuerza para frenar.

Duplicación de costes. Cada organización mantiene su propia estructura logística, administrativa y comercial. Almacenes de empaquetado, equipos de ventas, departamentos de calidad, gestión del transporte marítimo: funciones que se replican innecesariamente y que drenan recursos que pueden destinarse a mejorar el retorno al agricultor.

Incapacidad de coordinar oferta. Sin una gestión centralizada de los volúmenes, el mercado peninsular recibe picos de oferta que deprimen los precios y valles que ceden espacio a la banana. La estacionalidad y la logística insular hacen que esta coordinación sea especialmente crítica y difícil sin una estructura unitaria.

El plátano de Canarias tiene la marca; lo que no tiene es una estructura comercial a la altura de esa marca.

3) Lo que el mundo ya ha aprendido

El problema de la fragmentación comercial en sectores agrícolas no es nuevo ni exclusivo de Canarias. Lo notable es que, donde esto se ha resuelto, la solución ha seguido un patrón común: concentración de la comercialización bajo una entidad única, propiedad de los productores y con gestión profesionalizada. Los resultados han sido, en todos los casos, relevantes, transformadores. Revisemos la evidencia.

3.1) La banana de Madeira: el espejo más cercano

De todos los casos internacionales, el de la banana de Madeira es el más directamente comparable al plátano de Canarias: territorio insular ultraperiférico europeo, producto tropical en competencia con la banana latinoamericana, pequeños agricultores dispersos, dependencia de ayudas comunitarias y mercado principal en la metrópoli continental de Portugal.

En 2008, el Gobierno regional de Madeira acometió una reestructuración integral del sector bananero. El instrumento fue la creación de GESBA (Empresa de Gestão do Sector da Banana, Lda.), una empresa pública con misión clara: asumir la recogida de la banana al productor, su clasificación, empaquetado y preparación para la distribución y comercialización. GESBA es la propietaria de la marca Banana da Madeira y trabaja directamente con alrededor de 3.000 productores locales, gestionando unas 21.000 toneladas anuales de fruta. El 80 % de la producción alcanza una calidad extra, la categoría mejor pagada.

El modelo es sencillo en su diseño y potente en sus resultados: una sola empresa, una sola marca, una sola voz frente al mercado. Los productores se centran en cultivar y GESBA se encarga de todo lo demás. La reestructuración permitió una mayor optimización de los recursos financieros y humanos, un crecimiento sostenible del sector y la creación de condiciones para la modernización.

Si Madeira, con un volumen de producción significativamente menor que Canarias, ha podido construir este modelo con éxito, la pregunta obligada es: ¿qué impide a Canarias hacer lo mismo?

3.2) Zespri y el kiwi de Nueva Zelanda: de la crisis al liderazgo mundial

El caso de Zespri es, posiblemente, el más citado en la literatura sobre comercialización agrícola concentrada, y con razón. En los años ochenta, la industria del kiwi neozelandés estaba en crisis. Siete exportadores competían ferozmente entre sí, hundiendo los precios. La rápida expansión de la producción había generado un exceso de oferta y los tipos de cambio desfavorables agravaban la situación. Los productores estaban perdiendo dinero.

La respuesta no vino de arriba: vino de los propios agricultores. En 1988, los productores votaron en referéndum a favor de pasar de múltiples exportadores a un sistema de marca única. Nació primero el New Zealand Kiwifruit Marketing Board y, en 1997, Zespri International Limited, una empresa propiedad de los productores con el mandato exclusivo de exportar kiwi neozelandés a todos los mercados, excepto Australia.

Los resultados hablan por sí solos. Zespri es hoy el mayor comercializador de kiwi del mundo, vendiendo en más de 50 países y trabajando con unos 2.800 productores neozelandeses y 1.500 internacionales. El sistema de marca única ha permitido a la industria mejorar el valor de sus exportaciones mediante economías de escala, estándares de alta calidad, desarrollo de mercados e inversión sostenida en I+D+i. El kiwi neozelandés obtiene un precio significativo en los lineales de todo el mundo.

Tres lecciones de Zespri son directamente aplicables al plátano de Canarias: primera, la concentración no fue impuesta por el Gobierno, fue elegida democráticamente por los productores porque la fragmentación los estaba arruinando; segunda, el modelo cooperativo con exportador único permite garantizar calidad consistente y maximizar el retorno al agricultor, y tercera, la marca única no elimina la diversidad de productores, sino que la canaliza hacia un objetivo común.

3.3) Sunkist: de la guerra de precios a la marca premium

La historia de Sunkist es particularmente instructiva porque demuestra cómo una cooperativa puede sacar un producto agrícola de la “trampa del commodity”, que es exactamente el riesgo que enfrenta el plátano de Canarias frente a la banana.

Fundada en 1893 como Southern California Fruit Exchange, Sunkist es la cooperativa agrícola más longeva de Estados Unidos. A principios del siglo XX, la industria citrícola californiana sufría un problema de sobreproducción: entre 1880 y 1893, la superficie de cítricos había pasado de 3.000 a más de 40.000 acres. Los precios se desplomaban. La cooperativa respondió con algo que entonces era revolucionario: en 1907 lanzó la primera campaña publicitaria de un producto perecedero de la historia, empleando por primera vez la marca Sunkist, registrada en 1909.

El resultado fue transformador. A medida que crecía el reconocimiento y el respeto por la marca, los consumidores demostraron su disposición a pagar más por una naranja Sunkist que por una sin marca. La cooperativa dejó de competir por precio y empezó a competir por valor. En 1952, la organización cambió su propio nombre de California Fruit Growers Exchange a Sunkist Growers, fusionando definitivamente la identidad de los productores con la marca.

La lección para el plátano de Canarias es directa: la IGP ya proporciona la base de la diferenciación, pero lo que falta es la estructura comercial unitaria que convierta esa diferenciación en precio alto sostenido, como hizo Sunkist con sus cítricos.

3.4) Café de Colombia: 540.000 pequeños productores, una sola marca

La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia fue creada en 1927 como organización privada sin ánimo de lucro para representar y proteger los intereses de los caficultores colombianos. Hoy representa a más de 540.000 productores, la inmensa mayoría pequeñas fincas familiares. En 1960, esa federación lanzó el icónico personaje de Juan Valdez para distinguir el café 100 % colombiano del café mezclado con granos de otros países.

Juan Valdez es la única marca de café de relevancia internacional que pertenece a los propios productores. A través de Procafecol, SA, creada en 2002, la marca opera más de 630 tiendas en todo el mundo y tiene presencia en 40 mercados internacionales. Una parte de la venta retorna directamente al Fondo Nacional del Café, que financia escuelas, carreteras y sanidad para las comunidades cafeteras.

Este caso demuestra que el modelo de marca única al servicio de los productores funciona incluso a escalas enormes y con agricultores minifundistas. Si 540.000 caficultores colombianos pueden comercializar bajo una marca única, no hay razón estructural por la que unos miles de plataneros canarios no puedan hacer lo mismo.

3.5) Otros casos convergentes

Ocean Spray (arándanos, EE UU) es una cooperativa fundada en 1930 por tres productores de arándanos. Hoy agrupa a más de 700 agricultores de Estados Unidos, Canadá y Chile, controla dos tercios de los arándanos vendidos en el mundo y ha sido la marca líder en la categoría de zumos envasados desde 1981. Transformó un producto estacional en una marca global presente todo el año.

Blue Diamond (almendras, California): cooperativa fundada en 1910, agrupa a 3.500 productores que representan la mitad de los almendros de California, estado que produce más del 80 % de la oferta mundial. Es la mayor procesadora y comercializadora de frutos secos del mundo, con ingresos superiores a 1.500 millones de dólares anuales.

Parmigiano Reggiano (queso, Italia): el Consorzio del Formaggio Parmigiano-Reggiano, establecido en 1934, agrupa a unas 400 queserías y 3.500 productores de leche bajo una marca DOP única. En 2023, las ventas mundiales superaron los 3.000 millones de euros. El Consorzio gestiona la protección de la denominación, la promoción internacional y el control de calidad. Es la primera DOP del mundo por influencia de marca.

Sun-Maid (pasas, California): cooperativa fundada en 1912, agrupa a unos 850 agricultores familiares. En su momento de mayor fuerza, el 85 % de los productores de pasas de California eran miembros. Posee una de las marcas más reconocidas del mundo en alimentación.

El patrón es universal: productores fragmentados que, al concentrar su comercialización bajo una marca y entidad únicas, lograron salir de la trampa del commodity, obtener precios premium y financiar I+D+i y marketing de forma sostenida.

4) El contraejemplo: concentración sin productores

No obstante, conviene señalar que no toda concentración es beneficiosa. El mercado mundial del banano tropical ofrece un contraejemplo revelador. Tres multinacionales (Total Produce, Chiquita, Del Monte) controlan una proporción abrumadora del comercio global de banana. En 2007, las cinco primeras empresas controlaban el 84 % del mercado. Pero esa concentración no beneficia a los agricultores: beneficia a las corporaciones multinacionales.

Los productores de banana en América Latina, África y Asia son, en gran medida, precio aceptantes, con escasa capacidad de negociación frente a las multinacionales que compran su fruta. El margen se queda en la cadena intermedia: transporte, maduración, distribución y marca. Es un modelo de concentración corporativa, no cooperativa.

El plátano de Canarias debe evitar ese modelo y construir uno donde la concentración esté inequívocamente al servicio del productor, como en Zespri, GESBA o Sunkist. La diferencia entre ambos modelos no es de grado; es de naturaleza. En uno, el agricultor es proveedor cautivo. En el otro, es copropietario de la estructura que comercializa su producto.

5) Hacia un sistema único de comercialización

¿Cómo debería articularse, en la práctica, un sistema de comercialización unitario para el plátano de Canarias, sin pretender diseñar aquí los detalles?

Propiedad de los productores. La entidad comercializadora debe ser propiedad del conjunto de los agricultores, directa o indirectamente a través de sus organizaciones. Este es el rasgo común de todos los modelos exitosos: Zespri es propiedad de sus 2.800 productores, Sunkist de sus miembros, Ocean Spray de sus agricultores. La propiedad cooperativa garantiza que las decisiones comerciales se tomen según el interés del agricultor, no de los intermediarios.

Gestión profesionalizada. Propiedad cooperativa no significa gestión amateur. Zespri, Blue Diamond y Ocean Spray están dirigidas por equipos directivos profesionales, con remuneraciones competitivas y objetivos de rendimiento. La gobernanza democrática fija la estrategia; la ejecución corresponde a gestores con experiencia en comercialización, logística y marketing.

Comercialización exclusiva. Toda la fruta con IGP Plátano de Canarias debería comercializarse a través de una entidad única. Sin excepciones. La eficacia del modelo depende de que no haya vías de comercialización paralelas que permitan a la distribución eludir la negociación centralizada. Es lo que hace GESBA en Madeira y Zespri en Nueva Zelanda.

Negociación unitaria con la distribución. Una sola mesa de negociación frente a las grandes cadenas. Esto no significa rigidez: pueden existir acuerdos diferenciados por cadena, formato, región o periodo. Pero la negociación la conduce una sola entidad con la totalidad del volumen detrás.

Coordinación de oferta y calidad. La entidad debe gestionar los flujos de producto para evitar picos de sobreoferta que depriman el precio y para garantizar estándares de calidad homogéneos. Esto incluye la clasificación, el empaquetado y la logística del transporte marítimo, áreas donde la centralización genera economías de escala inmediatas.

Inversión centralizada en marketing e I+D+i. Un porcentaje de cada kilo comercializado debería destinarse a un fondo común para campañas de marketing, investigación en nuevas variedades, sostenibilidad, packaging (embalaje) y desarrollo de mercados. Esto es lo que permite a Zespri invertir en promoción global, a Sunkist mantener su marca premium y a Ocean Spray desarrollar nuevos productos año tras año.

Transparencia y rendición de cuentas. El modelo debe incluir mecanismos robustos de información financiera, auditorías interna y externa, y participación de los productores en las decisiones estratégicas. La experiencia de Nueva Zelanda muestra que el regulador independiente (Kiwifruit New Zealand) desempeña un papel importante en la supervisión del sistema. Una figura equivalente podría ser necesaria en Canarias.

6. Las objeciones previsibles y sus respuestas

Toda propuesta de concentración en un sector fragmentado genera resistencias. Muchas son legítimas y merecen respuesta honesta. Otras son inercias disfrazadas de argumentos. Conviene distinguir unas de otras.

“Perderíamos autonomía”. Es la objeción más frecuente y la más engañosa. La autonomía actual de las OPP frente a la gran distribución es, en gran medida, ficticia. Cuando una organización negocia sola frente a una central de compra que maneja el 25 % del mercado nacional, la relación de fuerzas es tan asimétrica que la “autonomía” consiste, en la práctica, en aceptar el precio que impone el comprador. La verdadera autonomía se construye con escala.

“Es imposible poner de acuerdo a todas las organizaciones”. En Nueva Zelanda también parecía imposible. Siete exportadores con intereses divergentes, productores dispersos por toda la Isla Norte. Lo resolvieron con un instrumento democrático: un referéndum entre productores. Si los agricultores canarios votan a favor de la concentración, el mandato es claro. Y si votan en contra, al menos la decisión habrá sido informada y democrática.

“El sector público no debería intervenir en la comercialización”. GESBA en Madeira es una empresa pública y funciona. Pero, más allá de este ejemplo, el argumento ignora una realidad incómoda: el sector platanero canario ya depende masivamente de la intervención pública a través de las ayudas del programa comunitario Posei. La cuestión no es si hay intervención pública, sino si esa intervención está bien diseñada. Canalizar recursos hacia una estructura de comercialización eficiente es, posiblemente, un uso más inteligente del dinero público que el reparto actual.

“Cada isla tiene sus particularidades”. Es cierto, y el modelo debe respetarlas. Pero las particularidades insulares no impiden una comercialización unitaria; GESBA opera con productores dispersos por toda Madeira, con fincas de tamaños muy diversos. La logística de recogida puede ser descentralizada; la comercialización y la negociación, no.

“La competencia entre OPP beneficia al consumidor”. Este argumento confunde la competencia entre productores de plátanos con la competencia entre plátano y banana. Lo que beneficia al consumidor es un producto de calidad con disponibilidad constante y a precio justo. Un sector platanero concentrado que negocie eficientemente con la distribución no encarecerá el plátano para el consumidor; simplemente redistribuirá el margen hacia el agricultor y reducirá el margen del intermediario.

7) La pregunta que no podemos seguir esquivando

El plátano de Canarias dispone de todo lo necesario para ser un caso de éxito: un producto diferenciado, una marca reconocida, un consumidor leal, un apoyo institucional significativo y un territorio con identidad propia. Lo que le falta es, precisamente, lo que todos los casos internacionales analizados resolvieron antes de despegar: una estructura de comercialización unitaria que esté a la altura de todo lo demás.

Zespri demostró que productores en crisis pueden votar democráticamente a favor de la concentración y transformar su industria en líder mundial. GESBA demostró que el modelo funciona en un territorio insular ultraperiférico con condiciones prácticamente idénticas a las canarias. Sunkist demostró que la marca cooperativa saca al producto de la guerra de precios. La Federación Nacional de Cafeteros demostró que centenares de miles de pequeños agricultores pueden comercializar bajo una marca única que les pertenece.

No hace falta inventar nada. Los modelos existen, están probados y funcionan. Lo que hace falta es voluntad.

Cada año que pasa sin resolver la fragmentación, es un año en el que el agricultor pierde margen, la banana gana terreno en el lineal y el sector se debilita estructuralmente. La pregunta ya no es si hace falta un cambio. La pregunta es cuánto más podemos permitirnos esperar.