Un periódico del siglo XIX informó de los ritos de los aborígenes de La Palma con cráneos decapitados ‘post mortem’
El pasado 12 de mayo Canarias Ahora dio la exclusiva más relevante de los últimos años de la arqueología de Canarias: Los aborígenes de La Palma practicaron la decapitación post morten, un ritual asociado a un posible culto a los antepasados. Pero esta extraña practica ritual, única en el Archipiélago, ya había sido difundida por un medio local palmero hace 145 años, exactamente en 1881. Se trata de El Iris, un periódico de tendencia republicana y corte progresista fundado en Santa Cruz de La Palma en 1880; solo estuvo dos años en circulación.
“Encontramos una abertura natural o nicho y, alineados, tres cráneos introducidos sobre tres finas varas de pino toscamente trabajadas, de unos 2 m de altura; al pie de cada una de ellas, los huesos de las piernas y de los brazos atados con tallos vegetales y corteza de árbol, aparentemente de palma o agave, dispuestos a modo de ramo y unidos a la siguiente vara mediante un entramado vegetal de hojas o corteza, todo realizado hábilmente y con gran cuidado, continuando el tejido a lo largo de todas las varas y finalizando cerca de los cráneos: de una vara a otra habría unos cuatro decímetros (…)”. Este fragmento –transcrito literalmente- es parte de la noticia que difundió El Iris, en la que “una expedición de arqueólogos aficionados” describe el hallazgo.
Teresa Delgado, Javier Velasco y Verónica Alberto Barrosa son los bioarqueólogos que descubrieron y certificaron la decapitación post morten de siete adultos benahoaritas –indígenas palmeros-, un rito cultual único en la cultura amazige de Canarias. Este sobresaliente hallazgo se divulgó hace poco más de un mes en la revista African Archaeological Review, con el título Empalados y exhibidos: manipulación de cráneos humanos entre la población prehispánica de las Islas Canarias.
Delgado, conservadora de El Museo Canario, y sus dos colegas desconocían la existencia de la noticia que publicó El Iris a finales del siglo XIX. Fue Jorge Pais, director del Museo Benahoarita, quien informó de la reseña periodística, cuando los bioarqueólogos investigaban precisamente los cráneos decapitados, cinco de los cuales se conservan en el citado museo arqueológico, localizado en el municipio palmero de Los Llanos de Aridane.
Los arqueólogos aficionados escribieron en El Iris que “todos los cráneos están cuidadosa y artísticamente perforados en la parte superior, especialmente el que ocupa el centro (…). Este cráneo es grande y conserva seis molares y un canino; está muy limpio”.
“Cerca del lugar donde hallamos este tipo de nicho”, continúa el relato, “encontramos otros cráneos perforados como los anteriormente mencionados y restos también cuidadosamente atados, pero sin varas y cubiertos con piedras (…). Todos quedamos impresionados por la veneración y el respeto que los antiguos habitantes de La Palma mostraban hacia los restos de sus antepasados”.
Hallazgo casual
Como muchos hallazgos científicos, este ha sido casual. Alberto, Delgado y Velasco estaban inmersos en la investigación Semántica de la violencia en las comunidades indígenas de las Islas Canarias cuando encontraron seis cráneos en el Museo Benahoarita de La Palma y un séptimo en el Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) de Tenerife, con evidentes síntomas de que los cráneos fueron manipulados. Indagando las huellas de esas manipulaciones, llegaron a la conclusión de que habían sido decapitados tiempo después del fallecimiento de esas personas. El hallazgo se produjo en 2025.
Las dataciones de carbono 14 de estos restos humanos indican una cronología que sitúan estas prácticas rituales “al menos desde el siglo IX, con mayor frecuencia entre los siglos XIV y XV, coincidiendo con cambios culturales y contactos con poblaciones foráneas. A diferencia de los cráneos trofeo conocidos en contextos públicos de violencia, la evidencia arqueológica sugiere que en La Palma estas manipulaciones pudieron formar parte de un culto a los antepasados, con un patrón ritual estandarizado, reforzando la memoria colectiva y las identidades sociales. La combinación de violencia, preparación craneal y exhibición controlada señala un comportamiento inédito en Canarias, que puede arrojar luz sobre prácticas culturales relacionadas en el contexto amazige continental del primer milenio”, explica este equipo bioarqueológico, autores del hallazgo científico más potente en el ámbito de la arqueología canaria desde que se descubriera el templo astronómico de Risco Caído, en Gran Canaria.