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Un grupo de profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), firmantes de un manifiesto contra la investidura Honoris Causa a la reina Sofía, ha convocado una concentración el próximo día 15 de enero, a las 11.00 horas, frente al rectorado, en el número 30 de la calle Juan Quesada, lugar donde tendrá lugar la ceremonia institucional.
La convocatoria de la concentración, bajo el lema No en mi nombre, surge tras el manifiesto, titulado “¿Qué significa honrar a alguien en nombre de la universidad?”, que sostiene que la función pública desempeñada por la reina Sofía ha estado vinculada principalmente a tareas “ceremoniales, filantrópicas y protocolarias”, sin relación directa con “el desarrollo del saber ni la promoción de la cultura científica”.
Los firmantes advierten de que otorgar el honoris causa a una figura “cuyo capital simbólico proviene del linaje y no del saber” podría enviar un mensaje equivocado a la comunidad universitaria, al equiparar “el prestigio académico con el prestigio social”. Defienden, en cambio, que este tipo de distinciones deben servir para visibilizar a personas que investigan, crean conocimiento o contribuyen a la transformación social desde la reflexión crítica.
“El honoris causa no debe ser una herramienta de cortesía institucional, sino un reconocimiento al mérito intelectual”, subrayan. Por ello, aseguran que su postura “no es un gesto contra nadie, sino a favor de la universidad y de aquello que la justifica”.
Uno de los firmantes, Germán Santana, doctor en Geografía e Historia, también esgrime en declaraciones a este periódico que la trayectoria de la reina Sofía no puede ser ejemplar “por su asociación a la corrupción, aunque no haya participado directamente en ella, una actividad de sumisión frente a valores feministas, una postura ultracatólica y partidaria de una democracia tutelada”. Santana sostiene que desde que se hiciera público que la Universidad concedería ese reconocimiento: “Somos el hazmereír de las universidades públicas del país”.
Para el profesor, el motivo por el que se premia a la que fuera reina, su actividad solidaria y filantrópica, revertería fácilmente en la sociedad si la monarquía española “devolviera todo el dinero extraído a los españoles con su corrupción”.