Hermanas unidas por algo más que un parentesco

Carmen y Gloria son dos hermanas de Lanzarote, tienen 39 y 44 años y siempre estarán unidas por algo más que un parentesco ya que una vive gracias a un riñón donado por la otra con el que logró superar una insuficiencia renal y ahora puede realizar una vida normal. Esta pareja conejera es la protagonista de uno de los 32 trasplantes renales de donante vivo que ha desarrollado el Hospital Universitario de Canarias (HUC) y que han permitido mejorar las perspectivas de vida de pacientes como Gloria.

Después de pasar unas dificultades durante el mes siguiente de la operación -lo normal es que los pacientes estén ingresados unos diez días y ella estuvo un mes-, Gloria ha cambiado “radicalmente su vida”. “Estoy estupendamente. Parece que en vez de un riñón me pusieron una central eléctrica, porque tengo energía para dar y regalar”, bromea mientras presume de tener una hermana estupenda.

Gloria tuvo la fortuna de tener a dos hermanas dispuestas a dejarle un riñón y pudo acceder al trasplante mucho más rápido que con el procedimiento habitual, ya que ni siquiera podía estar en la lista de espera para recibir el riñón porque todavía no había comenzado con la diálisis. Esta modalidad de trasplantes cobra cada vez mayor importancia ante la reducción de donaciones de órganos de personas fallecidas, ya que los accidentes de tráfico mortales son una fuente importante y en los últimos años han disminuido progresivamente.

Gloria mira ahora con distancia su enfermedad y reconoce que lo pasó un poco mal, sobre todo al principio, cuando empezó a sentirse con algunas molestias mientras se estaba sacando el carné de conducir, aunque pensaba que era de los nervios que siempre tiene. Tras pasar por varios médicos, le diagnosticaron una insuficiencia renal que normalmente tiene solamente dos vías de escape: o un trasplante de riñón o la diálisis.

Afortunadamente, resalta, no tuvo que llegar a la diálisis porque sus dos hermanas se prestaron desde el inicio a dejarle un riñón. “Un día me preguntaron si tendría algún familiar que pudiera donarme un riñón si fuera necesario. Y yo se lo dije a mis hermanas. No fue un cónclave, una reunión o una tragedia. Les dije tomando un café que quizá necesitaría un riñón y ellas desde el principio se ofrecieron”.

“Lo hice encantada”

Carmen no tuvo ninguna duda cuando su hermana le comentó que podría necesitar un órgano y le dijo que sí, quizá pensando en que ese momento nunca llegaría.

Cuando el trasplante dejó de ser una posibilidad y se convirtió en una necesidad, las dos hermanas de Gloria dieron el paso, se hicieron las pruebas para ver quién se iba a someter a la operación y le tocó a Carmen. “Lo hice encantada. No lo puedo volver a hacer porque sólo me queda un riñón, pero llegado el momento volvería a donar otro órgano”, afirma.

Su vida no ha cambiado desde que tiene un riñón menos, aunque al principio notaba algo raro por la zona, seguramente por algo psicológico, y lo único que tiene que hacer es someterse a algunos controles periódicos para corroborar que todo marcha bien. Antes de entrar en quirófano para que le retiraran el riñón tuvo que pasar por un chequeo completo para saber si podía ser una donante (aproximadamente la mitad de posibles donantes en Canarias son descartados durante los exámenes previos) y en un par de días ingresada en el hospital le realizaron todas las pruebas.

Tras la cirugía, la vida de Carmen sigue igual, pero observa cómo su hermana es otra después de salir de quirófano, siempre alegre y con mucha energía. Gloria incluso bromea con que sus hijas la ven tan bien después de la operación que hasta le dicen que si necesitase un órgano se lo dejarían sin pensar. “Ahora tengo lista de espera, pero de toda la gente que querría donarme”.