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Castilla y León se merece más: cuatro años perdidos y un futuro en juego

Secretario general del PSOE en la provincia de León y diputado en el Congreso
Miles de personas han participado en a manifestación convocada este sábado en Valladolid por plataformas y asociaciones de defensa de la sanidad pública de Castilla y León.
23 de febrero de 2026 09:14 h

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El próximo 27 de febrero arranca la campaña electoral en nuestra comunidad. Castilla y León, decidirá entre seguir perdiendo otros cuatro años de la mano de Mañueco y Vox, o apostar por un futuro de cambio, como el que representa Carlos Martínez, que vuelva a colocar a la gente en el centro de las políticas públicas.

Castilla y León no se merece seguir teniendo un presidente que convocó elecciones en 2022 para deshacerse de Ciudadanos, y acabó entregando el Gobierno de la Junta a la ultraderecha.

El resultado está a la vista: cuatro años perdidos en los que la alianza de la derecha y la ultraderecha no ha mejorado la vida de la gente, ni ha traído un proyecto de comunidad más ambicioso. Tampoco nos ha dado la estabilidad política que necesita nuestra tierra para resolver sus problemas, que son muchos.

Mañueco es el responsable de haber convertido a Castilla y León en el laboratorio donde el Partido Popular abrió por primera vez las puertas de las instituciones a la ultraderecha. Un experimento con consecuencias reales en la vida política y social de nuestra comunidad.

Durante estos años, hemos visto cómo se cuestionaban las políticas contra la violencia de género, se atacaba la memoria democrática, se ponían en riesgo derechos de las mujeres, o se negaba el cambio climático, mientras se debilitaban con ahínco servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación.

Todo, por obra y gracia de un presidente que antepuso su proyecto personal, a un proyecto plural e integrador para toda la sociedad de esta tierra.

La realidad es simple: Castilla y León ha pasado cuatro años atrapada en las contradicciones de un gobierno nacido del interés partidista. No del interés general. Un Ejecutivo con conflictos internos, bloqueos presupuestarios y una inestabilidad permanente que ha impedido abordar los problemas reales de la gente.

Y esos problemas siguen ahí: pueblos sin médicos, consultorios cerrados o con horarios recortados, jóvenes que se marchan porque no ven futuro, agricultores y ganaderos con incertidumbre permanente y sin apoyos, y unos servicios básicos cada vez más deteriorados.

Castilla y León no puede resignarse a la despoblación, a la falta de oportunidades, ni al deterioro de sus servicios. Vivir en un pueblo no puede ser una desventaja. En Castilla y León no sobra ningún pueblo.

Esta campaña no va de meter miedo. Va de decir la verdad. Vox no es un partido cualquiera. Donde entra, exige retrocesos en derechos y libertades, e impone una confrontación social y unas políticas que dividen a la ciudadanía. Y el Partido Popular ya ha demostrado que, cuando le conviene, está dispuesto a aceptar todo eso, y mucho más.

Esto no se puede repetir. Está en nuestra mano apostar por el cambio y construir una alternativa de la mano de Carlos Martínez y el PSOE, o seguir en el ostracismo y el aislamiento en el que nos ha metido Mañueco y su socio ultra.

Nuestro primer compromiso es claro. Los socialistas somos tajantes. Lo que es de todos, se defiende con uñas y dientes. Por eso, queremos una sanidad rural con médicos estables y consultorios abiertos. Queremos reforzar la educación pública en pueblos y barrios, y garantizar una atención a la dependencia sin listas de espera interminables.

Necesitamos un plan real para el campo. Un campo al que le sobran discursos y le faltan soluciones: precios justos para agricultores y ganaderos, apoyo a la modernización, relevo generacional, y un impulso decidido a nuestra industria agroalimentaria que genere empleo local. Quien vive en un pueblo paga los mismos impuestos y merece los mismos derechos.

Queremos una comunidad para quedarse a vivir. El problema de muchos jóvenes no es ideológico: es vital. Sin empleo y sin vivienda, no hay proyecto de vida.

Por eso, vamos a impulsar vivienda asequible para jóvenes, con bonificaciones al alquiler y ayudas a la compra en el medio rural. Vamos a promover empleo joven ligado a la industria, la digitalización y la transición energética, sectores que están generando oportunidades en toda España.

También necesitamos transporte y conectividad dignos en todo el territorio. Castilla y León no puede ser una tierra para estudiar y marcharse, sino para quedarse a vivir.

Queremos una comunidad basada en los derechos, la convivencia y la igualdad entre hombres y mujeres. Un proyecto común que no dependa de la ultraderecha, ni de los intereses partidistas de los de siempre.

Castilla y León no puede ser el proyecto de un partido sin principios como el PP, ni de un gobierno dividido y rehén de la ultraderecha. Tiene que ser el proyecto de toda su gente: de quienes viven en los pueblos y en las ciudades, de quienes trabajan la tierra y de quienes emprenden, de jóvenes y mayores. De todos.

No estamos para más experimentos. Castilla y León se merece un proyecto de cambio y de futuro que vuelva a poner a la gente en el centro. Y ese cambio empieza con una mayoría progresista del PSOE que mira hacia adelante y construye futuro. Castilla y León se merece más. Mucho más.

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