Lo que no se vio de la misa del Papa en Tenerife: horas de espera, lágrimas e historias

Belén Rodríguez / Efe

0

Santa Cruz de Tenerife vivió este viernes una jornada histórica con la visita del papa León XIV, pero más allá de la misa multitudinaria y de las imágenes oficiales, fueron miles las historias personales que marcaron un día que muchos recordarán durante toda su vida.

Desde las 09.00 de la mañana numerosos asistentes comenzaron a llegar al puerto de Santa Cruz de Tenerife, el gran escenario elegido para el acto central de la visita papal a la isla, para asistir a la última misa y acto que León XIV ofreció en este viaje a España.

La mayoría, procedente de distintos puntos de la Tenerife, aunque también han llegado personas de otras islas, entre ellas de El Hierro, la gran ausente de la visita de León XIV a Canarias por su papel en la crisis migratoria, ya que el muelle de La Restinga se ha convertido en uno de los principales símbolos de la ruta atlántica de la inmigración hacia España.

Entre las primeras filas frente al escenario convertido en altar un grupo de más de 200 personas llegadas de El Hierro lucían la pancarta “El Hierro Alza la mirada” con la que quieren enviar un mensaje a León XIV: la isla ha demostrado que “tiene alma” con la atención prestada a las personas migrantes llegadas desde África, comentó María Teresa Pérez a EFE.

La integrante de la delegación herreña valoró especialmente los mensajes del Papa sobre inmigración, al considerar que buscan despertar “la humanidad, el acogimiento y la solidaridad” de las personas.

En este sentido, afirmó que El Hierro es “una isla pequeña pero con mucho corazón” y recordó que, pese a la disposición de sus habitantes para ayudar, también necesitan apoyo de las administraciones.

Los de La Gomera fueron probablemente los más madrugadores, desde las 04.00 de la mañana un grupo numeroso de más de 250 personas salieron desde Valle Gran Rey para subirse en el primer barco rumbo a Tenerife.

Entre ellos se encontraba María Méndez, quien, entre lágrimas, admitió que este día es “lo máximo” que “solo se vive una vez en la vida”.

La espera, que se prolongó durante más de cuatro horas, estuvo marcada por el intercambio de experiencias entre desconocidos que compartían un mismo objetivo: presenciar de cerca un acontecimiento que muchos consideraban irrepetible.

Familias enteras, grupos parroquiales, jóvenes, personas mayores y otras con movilidad reducida convivieron durante la mañana en un ambiente de expectación y emoción.

Entre los cerca de 40.000 asistentes, según cifras del Vaticano, se encontraba Josué González, quien destacó especialmente el lema escogido para esta visita, “Alzad la mirada”, por considerar que invita a mantener “los pies en la tierra” sin perder la perspectiva espiritual.

En opinión de este joven, el mensaje anima a las personas a conectar más con Dios en un mundo que, a su juicio, mantiene a la sociedad “un poco alocada”.

Marc Coine, natural de Bélgica y residente en Tenerife, acompañado de su hija, aseguró que su presencia en la misa responde tanto a motivos de fe como al carácter histórico de la visita.

Entre los mensajes lanzados por León XI valoró sus referencias a la inmigración y, sobre todo, a la paz. Según comentó, vive con preocupación la situación internacional y considera fundamental escuchar al pontífice hablar sobre la necesidad de poner fin a los conflictos.

La emoción fue especialmente visible en el momento de la llegada del Papa a ritmo de chácaras y del cántico “Sí, sí,sí el papa ya está aquí”.

Los aplausos y las lágrimas se sucedieron entre los fieles, muchos de los cuales aprovecharon para sacar del bolsillo sus móviles y fotografiar o grabar un instante que conservarán como recuerdo de una jornada histórica para Canarias.

El papel de los voluntarios

Pero si hubo protagonistas silenciosos durante todo el día fueron los voluntarios. Cientos de personas, pertrechadas de gorras y de buen humor para afrontar una dura jornada de calor, dieron su tiempo, energía y competencias para garantizar que todo transcurriese según lo previsto.

Jacob Rodríguez fue uno de ellos. Desde que abrió el recinto a primera hora de la mañana allí estaba para ayudar a los asistentes a encontrar la silla de madera desde la que presenciar el momento que llevaban tiempo soñando, desde que el papa Francisco habló de esta posibilidad. “Agua, gorra y alegría” fue la frase con la que Jacob dio la bienvenida a todo el que cruzaba la puerta.

También hubo espacio para las curiosidades: banderas del Vaticano compartían protagonismo con las de santos y vírgenes de muchos municipios e islas, mientras otros fieles portaban camisetas de ONG vinculadas al rescate y a la acogida de migrantes, así como objetos religiosos que esperaban bendecir durante la celebración.

Cuando la misa finalizó y las calles comenzaron a vaciarse, quedaban atrás horas de emoción, encuentros y vivencias personales, historias anónimas que no aparecieron en el altar ni en los discursos oficiales, pero que contribuyeron a convertir la visita del papa León XIV en una fecha que muchos canarios difícilmente olvidarán