Un paseo feminista para 'rescatar' la identidad de La Laguna, una ciudad transformada por la gentrificación

Las ciudades no están pensadas para los sujetos que no son BBVAH (blanco, burgués, varón, adulto y heterosexual), según el concepto acuñado por la activista Amaia Pérez Orozco. A lo largo del tiempo, las ciudades se han diseñado desde una lógica masculina que genera exclusión y desigualdad, convirtiéndolas en inseguras para quienes no entran dentro de esta definición y, en especial, para las mujeres. En el caso de La Laguna (Tenerife), declarada Patrimonio de la Humanidad, se suman dos elementos: la gentrificación y la masificación turística, que han ‘secuestrado’ la identidad del barrio y la han ''vaciado de comunidad''. 

Para recorrer el casco histórico de La Laguna desde una perspectiva ecofeminista y comunitaria, el área de Igualdad del Ayuntamiento ha organizado unos paseos guiados por la arquitecta y urbanista María Tomé los próximos 21 y 25 de abril y 22 y 26 de mayo. En grupos de 30 personas, estas caminatas atraviesan zonas emblemáticas de la ciudad y tratan de responder a una pregunta: ¿Cuántas cosas se podrían mejorar sin poner un solo ladrillo?

Las calles peatonales que vertebran el casco histórico son un ejemplo de espacios poco seguros. Todas ellas están presididas por tiendas, cafeterías u oficinas municipales que se rigen por un horario. Cuando ese horario termina, la ciudad se queda vacía, y ''no hay nada más inseguro que una ciudad en silencio'', explica la experta en una entrevista concedida a este periódico. 

Cuando la ciudad se queda desierta, se pierden lo que se conoce como ''ojos en la calle'', uno de los elementos clave del urbanismo feminista que consiste en la vigilancia informal de los espacios que ofrecen los colegios, los comercios, y la presencia de personas en las vías. ''Esto hace que sean más inseguras para las mujeres, pero también para la infancia y para las personas mayores, y un espacio inseguro para ellas es un espacio inseguro al fin y al cabo'', detalla.

El Collectiu Punt 6 de urbanistas feministas de Barcelona plantea que para que una ciudad sea segura deben confluir seis elementos: la visibilidad, que haya ojos en la calle, una buena señalización que ayude a orientarse, que la ciudad la utilicen personas diversas, que sea vital, que favorezca el sentimiento de pertenencia y que combine distintas actividades.

''Una ciudad es segura si hay diversidad de usos. Si hay viviendas, locales, centros sociales, escuelas, equipamientos públicos y deportivos… Lo que ahora se conoce como la ciudad de los 15 minutos, que se acoge a todos los postulados del urbanismo feminista'', apunta Tomé. 

La pulguita y el barraquito

En Canarias, la masificación turística y la gentrificación de los barrios han puesto en jaque a uno de estos elementos: el sentimiento de pertenencia. Según explica María Tomé, se ha ''desarticulado la vida comunitaria'', uno de los factores de protección más fuertes para las personas que no representan a ese sujeto BBVAH. 

Para explicar el impacto de la turistificación en la identidad de La Laguna, la urbanista utiliza la metáfora de la pulguita y el barraquito, una acción cotidiana que se ha convertido en misión imposible en un casco histórico donde las franquicias engullen a los negocios de toda la vida. ''La Laguna es una ciudad Patrimonio, pero para mí es el lugar donde me he criado. Es un barrio al que se le ha expropiado la identidad y al que ya no reconoces'', resume la urbanista. 

Este proceso de transformación, indica la experta, no se da de manera obvia, sino que va muy poco a poco. ''Para mí, un caso muy simbólico tuvo lugar cuando echaron al Grupo Scout 70 Aguere. Lo quitaron de un espacio que desde entonces sigue vacío, mientras las administraciones intentan encontrar actividades que atraigan a los jóvenes. Es una salvajada que hace que la identidad del casco se vaya a la periferia'', indica.

María Tomé también advierte de la falta de espacios cedidos por la administración pública donde conversar, intercambiar y crear pensamiento crítico. ''No hablo de asociacionismo, sino de espacios que no estén institucionalizados, que ya existen en el ámbito europeo, y que son fundamentales para el desarrollo de la democracia'', plantea. 

Por el contrario, en La Laguna sí se concentran varios ''elefantes blancos''. Este concepto se utiliza en el urbanismo para definir a los edificios ostentosos que se construyen en las ciudades, pero que están infrautilizados o abandonados. ''Es el caso de la Iglesia de San Agustín o de la antigua estación de guaguas. Varios colectivos del barrio de San Honorato intentaron que se les cediera esta última como espacio, pero siguen esperando 15 años después'', recuerda.

Para ella, hay una ''sobreinstitucionalización de los espacios'' porque se ''paternaliza a la sociedad''. ''Esto, sumado a que la Laguna está siendo invadida por una dinámica global de gentrificación, genera un caldo de cultivo para que se vaya perdiendo la identidad'', concluye Tomé.