Cuando tu puesto de trabajo no es un lugar seguro: “No vamos a aguantar más acoso y vejaciones”
Las trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio de Santa Cruz de Tenerife han visibilizado recientemente el acoso laboral y machista que sufren en sus puestos de trabajo. Denuncian varios casos en los que han recibido proposiciones sexuales por parte de usuarios y comentarios sexistas. “Nosotras esto lo venimos sufriendo desde hace tiempo, la diferencia es que ahora lo hemos hecho público”, ha explicado Verónica González, miembro del comité de empresa de este servicio y del sindicato USO, que incide en que su trabajo consiste en entrar en un domicilio en el que “cuando se cierra la puerta quedamos vendidas”. La pasada semana, las trabajadoras reivindicaron ante el ayuntamiento que se están vulnerando sus derechos. “No vamos a soportar más humillaciones, ni vejaciones, le pese a quien le pese”, reprocharon.
El acoso hacia las mujeres en el trabajo no es aislado. En el caso de las camareras de piso, las agresiones pueden venir de los propios compañeros o de los clientes. “Cuando tú llamas a una puerta, no sabes lo que te vas a encontrar detrás”, narra Myriam Barros, presidenta de Las Kellys. “Te puedes encontrar al cliente desnudo en el sofá, duchandose e invitándote a pasar, o a un cliente que te arrincona contra una pared desnudo”, detalla. Según Barros, cuando la violencia la ejerce un cliente, “la empresa actúa totalmente diferente”. “Siempre se protege mucho más al cliente. Se tapa el asunto. Incluso conozco casos donde se ha llegado a despedir a la trabajadora y él ha seguido hospedándose en el hotel como si nada o condenado con multas ridículas como 1.200 euros”, recuerda.
Barros indica que las agresiones también pueden darse por parte de los trabajadores. “Conozco casos donde un valet se ha arrimado a una camarera, o que la camarera se ha agachado y el hombre se le acerca por detrás rozando sus partes”, dice. La posibilidad de sufrir estos tipos de acoso en el trabajo provoca en las camareras de piso ansiedad, estrés, angustia e inseguridad. “La ley dice que debería haber protocolos, pero normalmente no existen. Y si existen, no se aplican”, subraya Barros.
Desde su punto de vista, la lucha feminista ha conseguido avances en el sector, pero falta que estos se apliquen. “Que se imparta formación sobre violencia machista en el puesto de trabajo es algo inimaginable”, concluye. “Las feministas hemos hecho un muy buen trabajo a la hora de explicar a las mujeres qué son las violencias y qué tipos de violencias hay”, señala la portavoz de Las Kellys. Sin embargo, para ella queda mucho trabajo por hacer con los hombres. “Explicarles que muchas conductas que tienen a día de hoy, igual hace diez o veinte años eran normales, pero son violencias para las mujeres. Lo hemos visto con la Selección Española de Fútbol. Avances hay, pero creo que tenemos que seguir trabajando en ello”, indica.
Violencias en el sector de los cuidados
En el sector de los cuidados, protagonizado en su mayoría por mujeres migrantes, el machismo se suma al racismo, la xenofobia y a la vulnerabilidad de las personas extranjeras en situación irregular. “A pesar de que la ley te protege y de que debería existir un protocolo de actuación, la vía por la que las compañeras pueden denunciar puede perjudicarlas más que beneficiarlas”, plantea Alexa Martínez Mazabel, profesional de los cuidados, integradora social, periodista y activista. “Por la misma situación de irregularidad las amenazan con el despido o, si son internas, con echarlas de la casa y dejarlas en la calle”, cuenta.
Martínez, que ofrece asesoramiento y acompañamiento a las profesionales del sector de los cuidados, relata que varias de sus compañeras han sufrido situaciones de acoso como insinuaciones, presiones de carácter sexual o que han recibido por parte de sus empleadores cartas o mensajes con contenido sexual y ofensivo. También han sufrido comentarios racistas y han sido ridiculizadas. “No hay una ruta de actuación clara y menos enfocada a personas migrantes en situación irregular”, dice.
Para la activista, estas violencias parten de los privilegios. “Muchas personas se creen con derecho a tener unas garantías que las otras no tienen”, asevera. “Las familias esperan que una regale las horas de nocturnidad, los pluses por trabajar en días feriados, pero luego ellas sí quieren acceder a sus derechos en sus puestos de trabajo”, lamenta. Según su experiencia, las personas migrantes han incorporado estos discursos a sus creencias. “Incluso tu propia familia te dice que cuando llegues aquí no vas a ejercer tu profesión, sino que vienes a limpiar casas”, reconoce.
“Esta creencia hace que cuando vayas a negociar tus condiciones de trabajo como cuidadora lo hagas desde la perspectiva de la servidumbre. El sistema nos dice que no tenemos derecho a reclamar, sino que tenemos que estar agradecidas porque nos han dado un trabajo en este lugar”, añade. Estas desigualdades se construyen, según Martínez, también a través del lenguaje. “Las propias leyes cuando las lees refuerzan esta idea, cuando hablan de nuestros países como el tercer mundo”, critica. “Somos parte de un sector en expansión y con España como uno de los principales países consumidores, por eso estamos trabajando con muchas compañeras acompañándolas y formándolas sobre sus derechos”, cuenta.
La importancia de aplicar protocolos en todas las empresas
Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias puso en evidencia la carencias en los protocolos de acoso. La Sala confirmó la condena por acoso laboral por parte de un superior de la Policía Nacional en Fuerteventura hacia una agente que trabajaba en la oficina de expedición de DNI y pasaporte en el municipio de Tuineje. No obstante, no apreció discriminación por razón de género, pese a que se trata de un cuerpo masculinizado. “Las discriminaciones contra las mujeres son imperceptibles, sutiles y soterradas y no suelen ejecutarse de forma directa, abierta y frontal”, recordó la magistrada Gloria Poyatos en su voto particular. La sentencia remarca que este caso “revela deficiencias evidentes en la prevención de riesgos laborales y la gestión de protocolos frente al acoso laboral por parte de la administración”.
Los protocolos son una herramienta básica en las empresas. La secretaria de Igualdad de UGT en Canarias, Mirna Ortega, apunta que hay que diferenciar entre el acoso laboral, del que se encarga el Comité de Seguridad y Salud y el acoso sexual por razón de género va por otra vía como manda la ley de Igualdad de 2007. Ortega añade que los casos de acoso son demasiado frecuentes y que se tienden a “normalizar” y este es uno de los motivos por el que el número de denuncias es tan bajo. No obstante, también hay otros motivos como el miedo, el miedo al despido o el sentimiento de culpa de las víctimas, que además se enfrentan a la dificultad de conseguir pruebas y a la falta de apoyo en el entorno laboral.
“Cuando hablamos de protocolos, hablamos sobre todo de prevención. No solo de actuación cuando un caso sucede, la empresa tiene la responsabilidad de crear un espacio de trabajo seguro”, insiste Ortega. “Los derechos pueden estar recogidos en el papel, pero si no se hace difusión no se pueden ejercer”, añade Elvira Hernández, secretaria de Mujeres, Igualdad y Juventud de CCOO en Canarias. Insiste en que “es obligación” de las empresas dar a conocer esos protocolos y es algo que les preocupa porque “son derechos de todas las personas trabajadoras y de todas las mujeres en especial”.
La representante de Igualdad de CCOO subraya que las empresas lo que han hecho muchas veces es tener el protocolo guardado por si va a la inspección de trabajo, pero la plantilla no conoce que existen. “Y si no se denuncia, no se activan, no se ponen en marcha las medidas cautelares, las medidas preventivas de separación de la víctima y del acosador y al final hay víctimas que acaban yendo a denunciar a comisaría, pero ya cuando es de una gravedad enorme el acoso. Esa fase primera, que sería activar los protocolos, lo desconocen muchas personas trabajadoras”, resume.
“No son casos aislados, se llama patriarcado”, insiste Elvira Hernández. Señala que en su representación sindical, “todas las semanas prácticamente tenemos algún caso”. Explica que se da o bien el caso de una trabajadora que es víctima de violencia de género en su ámbito privado y que le tienen que asesorar en materia de derechos laborales, o bien víctimas de acoso sexual en el trabajo, que CCOO recuerda que es violencia machista en el ámbito laboral. “Son casos que tenemos que llevar con privacidad para respetar los derechos de la víctima. Y ahí creemos que juega un papel fundamental la representación sindical”. “El feminismo sindical es lo que estamos defendiendo este 8 de marzo”, insiste.
La secretaria de Igualdad de CCOO subraya que preocupa especialmente la situación en las pequeñas y medianas empresas, que no suelen contar con planes de igualdad o con una persona con formación en igualdad. Apunta que las empresas tienen la obligación de tener un protocolo antiacoso sexual pero que las más pequeñas, sin representación sindical, las trabajadoras se ven más vulnerables pues la persona instructora del protocolo es normalmente la jefatura de la empresa. En este punto, incide en que los protocolos tienen que ser negociados con la representación sindical en el marco de los comités de igualdad.
Hernandez remarca que desde CCOO se ha impulsado un observatorio del acoso sexual y por razón de sexo, una página web donde cuentan con especialistas. “La mayoría de las mujeres que escriben a través del observatorio son de esas pequeñas y medianas empresas y ahí les podemos asesorar individualmente. No es preciso ni que sean afiliadas”, añade. UGT también recuerda que tiene sus servicios jurídicos a disposición no solo de las personas afiliadas.
Las dobles discriminaciones y la precariedad como riesgo
Mirna Ortega explica que todas las mujeres están expuestas al acoso pero que un factor de riesgo es la precariedad y aquellas mujeres que realizan su trabajo en condiciones de aislamiento como las trabajadoras de ayuda a domicilio. “Esas mujeres que están en un entorno aislado, donde a lo mejor sufren algún posible caso de acoso sexual por parte de una persona usuaria o por parte de un miembro de la familia de cualquier persona que acceda al hogar. La exposición es mucho mayor. Sin embargo, a pesar de que sabemos todo esto, desde UGT lo que sí reivindicamos es que en las estadísticas oficiales se desagreguen los datos”, apunta. En este punto remarca que el 40,4% de las mujeres en algún momento de su vida, a partir de los 16 años, ha sufrido algún tipo de acoso sexual en general. Y de ese 40,4% el 17,3% tuvo lugar en el ámbito laboral.
Asimismo incide en que cuando se añaden otras discriminaciones se multiplica por tres el riesgo, la vulnerabilidad de la persona. “Si además de ser mujer es una persona con discapacidad, vemos cómo los datos de violencia se triplican. Si además de ser mujer resulta que es trans, sucede lo mismo”, apunta.
Elvira Hernández añade que la violencia y el acoso sexual por razón de sexo se da en todos los ámbitos, pero las mujeres en los sectores más precarizados, con mayor temporalidad, mayor racialidad, se ven ante más dificultades para escapar de la violencia. Incide en que CCOO ha hecho hincapié en las condiciones de las mujeres migrantes, y que hay que tener en cuenta la discriminación interseccional: “Por ser mujer, por ser una mujer racializada, por ser una mujer de clase trabajadora, cuanto más discriminaciones aumentan la situación de vulnerabilidad. ”Las mujeres migrantes, al estar en sectores más precarizados, tienen mayores niveles de acoso sexual y por razón del sexo que las mujeres no migrantes“, concluye.
Hernández añade que el acoso por razón de género tiene que ver mucho con el patriarcado y con los abusos de poder, con la jerarquía. “Esto está en la sociedad y pasa en todos los sectores. La violencia contra las mujeres existe en todos los niveles y en todas las categorías. La diferencia es, a nivel de recursos económicos, la capacidad que tenemos las mujeres de escapar de esa violencia sexual”, setencia.