No hay manera
Shooganai es un teÌrmino japoneÌs que hace referencia a la capacidad de aceptar lo inevitable y no sentirse culpable por aquello que se escapa al control humano. Como sucede con todos los teÌrminos traducidos de otros idiomas que no son el propio, uno siempre se siente en esa especie de veÌrtigo ignorante. La costumbre hace que las palabras se vuelvan maÌs familiares, maÌs cercanas, que empiecen a formar parte del pensamiento instintivo y que no haya que forzar su uso, y esta es una tarea mucho maÌs compleja desde la lejaniÌa fiÌsica y cultural.
A pesar de no saber muy bien si mi mente relaciona shooganai con su verdadero significado, me abruma darme cuenta de todo lo que encierra resignarse a lo que no se puede cambiar. Y no resignarse como algo mediocre, sino como una actitud estoica y sabia, como una filosofiÌa que no insiste en transformar lo que no le pertenece aunque no lo entienda. Autodestruirse por tener sentimientos erroÌneos, por ejemplo, seriÌa una posicioÌn victimista si no conlleva la accioÌn de, una vez estos han sido reconocidos, cambio y reestructuracioÌn.
Lo que me pasa con este vocablo me pasa tambieÌn con las personas. Cada una de ellas utiliza su idioma y ni siquiera el tiempo es aliado suficiente para comprender, sobre todo, lo que no dicen. Cada segundo de vida se reflexiona tanto y de tantas maneras que creer conocer a alguien al final solo trae una mayor decepcioÌn. PodriÌamos decir que esta uÌltima se crea por la diferencia entre la expectativa y la realidad, pero muchas veces aparece por lo que separa la realidad que se ha ensenÌado de quien se es.
Evidentemente todos tenemos varios yo seguÌn en queÌ situaciones, pero como las palabras, mantenemos una esencia, una raiÌz, algo que nos pertenece y que no nos puede ser robado, estemos donde estemos, sea con quien sea.
Al menos esta seriÌa la teoriÌa loÌgica, pero lo cierto es que cada vez con mayor preocupacioÌn observo como todos queremos mostrar nuestra mejor parte y eso deja de lado algo intriÌnseco al ser humano: sus defectos. No es cuestioÌn de airearlos orgullosos, tampoco de esconderlos. Supongo que el problema es que si no existiera esa necesidad constante de mostrarse no hariÌa falta especificar este punto, porque nadie seriÌa consciente, hasta conocerse realmente, ni de uno ni de otro asunto. Y, en este caso, me niego a resignarme a que sea inevitable, pasen los diÌas que pasen.