'La Laguna, la picota y con el mazo dando': viaje a los orígenes de la ciudad
En lo alto de las montañas de Anaga (Tenerife) el tiempo parece que no pasa, que se detiene ante la inmensidad del paisaje y permanece ajeno a los grandes cambios que ocurren en el mundo.
Sin embargo, este domingo la historia cambió con la llegada de los primeros colonos tras la conquista de la isla, quienes vienen a crear un futuro que pasa por transformar por completo a su sociedad.
Detrás de este viaje único a los primeros quince años del siglo XVI, cuando la población aborigen de Canarias fue sometida bajo la espada y la cruz, se encuentra la compañía Burka Teatro y la labor del historiador y divulgador Néstor Verona, quienes han dado vida a este relato por las calles del caserío de Las Carboneras.
Una actividad que se enmarca dentro de las celebraciones por el 25 aniversario de la declaración de la ciudad de La Laguna como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la única con esta distinción en el archipiélago, por ser el primer ejemplo de ciudad no fortificada, inspirada bajo los preceptos humanistas del Renacimiento y que se convertiría en referencia para las nuevas urbes en Hispanoamérica.
Pero antes de que se levantaran esos muros y se crearan las calles que cada año visitan millones de turistas, los conquistadores tuvieron que conformar una nueva sociedad en la isla, bajo la constante amenaza de los guanches aún alzados y repartidos por la accidentada orografía.
Un proceso para el cual introdujeron cultivos, oficios e industrias, pero también procesos judiciales y de castigo público.
Es por eso que “La Laguna, la picota y con el mazo dando”, como se titula esta intervención teatral, plantea la posibilidad de viajar a un pasado olvidado pero fundamental para entender las dinámicas actuales que rigen la idiosincrasia de los laguneros, pero también de los canarios, pues historias como esta se dieron en los rincones de cada una de las ocho islas.
Durante la representación, ha explicado Verona en declaraciones a EFE, los actores y actrices “recrearán cómo era la picota, el elemento coercitivo que se implantó entonces entre las villas de arriba y abajo”, y que está formado por una columna de piedra o madera para exponer a la vergüenza pública a los reos.
Todo ello a través de unos personajes que ejemplifican los distintos roles de aquella naciente sociedad, entre los que se encuentra un portugués que solicita tierra para comenzar un negocio de batanes, pero para ello debe estar casado, cosa que intenta, con algunas dificultades, entre ellas la posesión demoníaca de su ideal pareja, una guanche.
La propuesta, que tiene lugar a cielo abierto, es a la vez educativa e innovadora, pues se plantea como un recorrido en el que el público acompaña a los personajes por diferentes partes del pueblo y se complementa con las anotaciones realizadas por el propio Verona, que ayudan a dotar de contexto a cada una de las interacciones con datos históricos y anécdotas.
“La Picota es una puesta en valor del contexto fundacional de La Laguna, se trata de ver cómo se define el trazado de una ciudad Patrimonio de la Humanidad como La Laguna y empiezan a llegar los primeros oficios. Es el momento de la colonización de la isla en el que llegan gente de muy diversas procedencias, como portugueses, genoveses o castellanos, así como nuevas formas de cultivo o herramientas”, ha indicado Verona.
La actividad, que se desarrolla gracias a la Concejalía de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento y es gratuita, ya ha realizado dos sesiones, una en la plaza de la Catedral y otra en Guamasa.
Terminará el próximo 25 de mayo con dos sesiones, una al mediodía y otra a las 18:00 horas en la plaza de San Bartolomé en Tejina y en la ermita de San Diego, respectivamente.