Se deteriora la tradición de la previa al Día de las Cruces en Los Realejos y los vecinos se molestan
El Día de las Cruces, el 3 de mayo, tiene una gran tradición en muchos municipios de Canarias. En Tenerife, destacan los festejos de la capital, Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz y, sobre todo, de Los Realejos, con la mayor exhibición pirotécnica de Europa, fiesta de Interés Turístico Nacional surgida por el célebre pique entre las calles El Sol y El Medio y que colorea el cielo nocturno con una espectacular competición visual y sonora de unas tres horas de fuegos artificiales. Sin embargo, estas celebraciones no se limitan sólo a ese día, sino que suelen ofrecer amplios programas previos y, en muchos núcleos, el día previo, la tarde y noche del 2 de mayo (así como la madrugada del 3) encierra mucha relevancia histórica y etnográfica.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en uno de los barrios más populosos de Los Realejos, La Cruz Santa, en la linde con La Orotava. Lo que ocurre o, quizás mejor dicho, lo que ocurría hasta hace no más de cinco años, toda vez que, según censuran algunos vecinos a Canarias Ahora, la tradición de engalanar las numerosas cruces del núcleo (muchas casas las tienen en sus fachadas en las distintas calles), visitarlas y compartir un rato tradicional con vecinos y visitantes, con invitaciones gastronómicas, música y restaurantes o guachinches que antes se llenaban, se ha ido debilitando al máximo. Casi hasta el punto de la inanición, en claro contraste con lo que ha ocurrido durante siglos.
Uno de esos vecinos es Francisco Hernández (Paco), quien detalla a este periódico cómo ha ido viviendo, junto a otros residentes, este más que creciente declive de una tradición que, según remarca, se adentra en casi el surgimiento del propio barrio y que siempre ha tenido una gran respuesta popular. Que era un día grande en La Cruz Santa, vaya, pero que se ha quedado ya casi esquelético ante la pujanza de una fiesta genérica, pensada sobre todo para gente joven, pero que atrae a otros grupos de edad, organizada por el gobierno local desde hace un lustro en la plaza del antiguo ayuntamiento, en el Realejo Alto.
Esa fiesta, denominada Cuenta Atrás (llamada así, por supuesto, por celebrarse en la noche previa a la gran exhibición de fuegos del día 3) ha vaciado prácticamente, según Paco Hernández y otros vecinos que le apoyan, las cruces de su barrio y, por tanto, diluido una tradición de siglos en favor de un nuevo hábito que se ha ido extendiendo en otros municipios: concentrar festejos en un único lugar, normalmente céntrico, en detrimento de otras costumbres. Una homogeneización, en definitiva, pero sin arraigo histórico.
Petición a la concejala de zona para retrasar un día la nueva fiesta
Estos vecinos críticos le han expuesto la situación y su preocupación a la concejal del barrio, pero temen que la cosa no sólo no cambie, sino que vaya a peor. Según recalca Hernández, basta con que retrasen esa fiesta un día (al 1) para que no siga peligrando una tradición de siglos que, en La Cruz Santa, al menos y en el caso de estos vecinos, está creando desazón y ya casi más bien nostalgia por otra costumbre perdida o debilitada al máximo.
Preguntado por este extremo y este riesgo, el gobierno local declinó responder a Canarias Ahora.
La tradición de las cruces en este barrio se remonta, en realidad, a una historia, entre leyenda y realidad, de principios del siglo XVI. Como reza la placa colocada en una cruz de piedra que preside la parte del barrio más cercana a la rotonda que separa a Los Realejos de La Orotava por esta parte, “llegó un caballero a este lugar, cayó de su montura y fue a dar junto a una cruz perdida en este barranco de La Raya, y exclamó: ”¡Oh, Cruz Santa, me has salvado!“. Esto, se produjera o no, acabó siendo aceptado y transmitido desde entonces, creándose un barrio de gran fama (sus vinos blancos son míticos en el Norte de Tenerife), de fuerte carácter e idiosincrasia y con una tradición de cruces, flores y fiestas muy asentada… Hasta ahora.