Puertito de Adeje

Una zona comercial sobre un asentamiento guanche, el informe de las obras en el Puertito de Adeje, al detalle

Dácil Jiménez

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Parte de las obras del macroproyecto turístico Cuna del Alma, que pretende urbanizar más de 430.000 metros cuadrados de un barranco y una playa en el Puertito de Adeje, en el sur de Tenerife, continúan paradas cautelarmente por orden de la Dirección Insular de Planificación Territorial y del Patrimonio del Cabildo.

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Esa orden llegó después de una denuncia de la Asociación Patrimonial Tegüico, que alertaba de la presencia de restos arqueológicos en la zona y su posible destrucción. Patrimonio realizó entonces dos inspecciones y comprobó que, efectivamente, se habían dañado y destruido restos. En un contundente informe al que ha tenido acceso este periódico, el técnico encargado de redactarlo afirma que el daño en un yacimiento concreto “resulta irreversible” y que estos restos son (o eran), además, de gran importancia, por lo que califica el destrozo como “muy grave”.

Este informe final del Cabildo (que forma parte del expediente que ahora pasa a manos de Patrimonio del Gobierno de Canarias para analizar la información y tramitar las sanciones oportunas) expone en 67 páginas un análisis exhaustivo de la zona de obras, las construcciones y restos que en ella hay, su valor y las actuaciones que sobre ellos hay que hacer.

Conviene comenzar explicando, tal y como hace también el informe, que existían dos documentos previos que constan como antecedentes en el Servicio Administrativo de Patrimonio Histórico del Cabildo sobre el posible patrimonio ubicado en esa zona y que formaron parte de la tramitación de sendos Informes de Impacto Ambiental del proyecto. Uno de los documentos es de 2014 y el otro, de 2017.

Informe de 2014

El primero de los informes, necesario para validar el estudio de impacto ambiental, pone de manifiesto que “no se ha efectuado la preceptiva prospección arqueológica (...) a los efectos de confeccionar el Inventario Patrimonial y se constata, igualmente, que no se ha contado con un arqueólogo debidamente autorizado para su realización”. Además, añade que “tampoco se ha valorado la existencia de elementos arquitectónicos o etnográficos (...) que pudieran ser susceptibles de protección”. 

Como conclusión, afirma que el Informe de Impacto Ambiental realizado “es manifiestamente insuficiente en materia de patrimonio histórico” y considera “necesaria la realización de una intervención arqueológica de prospección” por parte de un técnico “competente y debidamente autorizado”, según dispone la Ley Patrimonio Histórico de Canarias. El resultado, por tanto, fue de nuevo negativo.

Informe de 2017: algo no cuadra

Tres años después, en 2017, se intentó otra vez obtener un resultado favorable al Informe de Impacto Ambiental. El informe final del Cabildo relata que en aquel documento se incluyó un escrito de respuesta a lo expuesto en 2014 en el que se afirmó que ya se había realizado la prospección arqueológica recomendada y que esta se había hecho “con personal cualificado”. En esa supuesta prospección, decía el texto, “no se encontró ninguna evidencia de material lítico, cerámico o malacológico, ni yacimientos arqueológicos o pinturas”.

Pero el informe volvió a ser negativo, por dos motivos. El primero, porque consideró falso que esa prospección se llevase a cabo, y mucho menos por personal cualificado: “Cabe señalar que no se aportan (..) la memoria de la supuesta intervención arqueológica de prospección efectuada, ni se indica la identidad del técnico arqueólogo que la ha realizado. Es más, la alusión a pinturas que se efectúa en la citada respuesta resulta impropia de cualquier arqueólogo medianamente cualificado, por lo que cabe inferir que el citado estudio no se ha realizado”. 

Y en segundo lugar, porque de haberse realizado la prospección, debía constar una petición de permiso para llevarla a cabo, cosa que no existía, relata el Cabildo.

Es decir, si no se hizo y se afirmó que así había sido, se presentaron conclusiones cuando menos falsas; y si de verdad se realizó, fue sin permiso, lo que supone una irregularidad.

Redacción de la Memoria de Intervención

El informe del Cabildo prosigue. Tras esos dos informes negativos, en la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno canario solo constan dos peticiones para efectuar prospecciones arqueológicas en la zona: una de 2017 que venció sin realizarse, y otra de 2018, que desembocó en la Memoria de Prospección y posterior Memoria de Intervención (Informe de Intervenciones arqueológicas en el ámbito de la Urbanización Sector SO.6 UA-1, Puertito de Adeje), realizada en 2020 por una empresa especializada, Arqueocanaria S.L..

Este documento es de gran importancia porque recogió las labores de documentación gráfica, sondeos y recogida de material arqueológico en superficie, con la autorización de la Dirección General de Patrimonio Cultural. Esta Memoria relató qué restos había en la zona, los catalogó y valoró según su importancia. Después, propuso actuaciones para cada uno de ellos. Pero este informe, afirma el Cabildo, nunca fue enviado oficialmente la Dirección General de Patrimonio, lo que supone una “grave carencia” y un “incumplimiento” de los contenidos que, legalmente, dicha documentación debe incluir.

Además, añade el Cabildo, las recomendaciones recogidas en la Memoria para proteger o preservar los restos catalogados no se siguieron. Y además el Cabildo discrepa en algunas de las valoraciones hechas por Arqueocanaria S.L., especialmente en las relativas al llamado “asentamiento guanche” y a la llamada empaquetadora, una antigua planta industrial situada junto a la playa y que en su día sirvió para el empaquetado de plátanos o tomates para su exportación.

También destaca que “en ningún momento, ni por parte de los órganos administrativos del Gobierno de Canarias con competencia en materia de Urbanismo y Ordenación del Territorio ni por parte del Servicio de Planificación de este Cabildo ni del Ayuntamiento de Adeje ni de la propia entidad promotora de la urbanización se solicitó de este Servicio Administrativo de Patrimonio Histórico un informe de valoración de los citados estudios, que incluyera un pronunciamiento respecto a la adecuación de las medidas propuestas para los bienes patrimoniales existentes en el ámbito en orden a garantizar su protección”. 

Los responsables del macroproyecto, por tanto, realizaron dos intentos de obtener un Informe de Impacto Ambiental positivo, que fue rechazado en ambas ocasiones, la segunda, con mayor gravedad que la primera puesto que incluye una presunta prospección que el técnico del Cabildo sospecha que no tuvo lugar, o bien esta se realizó sin permiso y con una conclusión muy llamativa: que no había restos, cosa que ahora se sabe que no es cierto.

Finalmente, se llevó a cabo la prospección por parte de expertos, pero sus conclusiones no fueron enviadas a las administraciones, señala el informe, pese a saber que estas eran necesarias para obtener un Informe de Impacto Ambiental positivo. Y más aún, “ambos documentos señalaban la necesidad de desarrollar una serie de actuaciones con carácter previo al inicio de los movimientos de tierra”, indica el Cabildo, pero esas actuaciones no se siguieron, con lo que cabe imaginar que ambas memorias acabaron en algún cajón durante varios años hasta que comenzaron las obras y ahora ha salido a la luz el daño que han causado: “El inicio de las obras sin cumplir con las medidas protectoras y correctoras que establecían ambas Memorias, que fueron encargadas por la propia entidad promotora y que formaban parte del propio proyecto, han supuesto una serie de daños al patrimonio de alcance diverso”, afirma el técnico del Cabildo. 

Consultada por estos puntos, la empresa promotora del proyecto afirma que la información al respecto contenida en el informe del Cabildo “no es correcta”. Y añade que los trámites se realizaron y fue finalmente en 2018 cuando el promotor hizo la Evaluación de Patrimonio que aportó al Ayuntamiento de Adeje que, a su vez, la remitió a la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (COTMAC), que la aprobó y consideró que se había superado el requisito de análisis de patrimonio histórico. “El documento fue sometido a información pública sin que las administraciones, o cualquier otro colectivo o entidad interesada, realizaran alegación alguna”, agrega Cuna del Alma, que recuerda que, posteriormente, la revisión parcial del PGOU se aprobó y se publicó en 2019.

Respecto a si se tramitó el permiso para realizar la prospección, la empresa asegura que sí, que se solicitó en 2018, se concedió y el Gobierno de Canarias lo comunicó al Cabildo, “por lo que sí le consta a la institución insular”.

Cuna del Alma añade que la evaluación de patrimonio realizada y aprobada por el Gobierno de Canarias, como parte de la aprobación de planeamiento, incluye un plan que ha sido seguido por el promotor. “La primera parte de las acciones que debía tomar el promotor se realizaron en 2020 con una nueva prospección aún más detallada que la anterior. Como parte de esta, se retiraron los restos encontrados para su traslado al Museo del Cabildo”, concluye.

Grabados en piedra descubiertos por Tegüico

Volviendo a los documentos citados por el informe final del Cabildo, se incluye uno aportado por la Asociación Patrimonial Tegüico después de poner su denuncia. Es un informe, con fotografías, de los restos que había encontrado en superficie, sin realizar ningún tipo de excavación. De todos los restos enumerados llaman la atención los grabados en piedra porque no estaban incluidos en ninguna de las dos memorias realizadas por la empresa arqueológica.

Sobre ellos, el informe del Cabildo recuerda que desde el punto de vista legal, “los grabados rupestres tienen la consideración de Bien de Interés Cultural” y deben ser conservados. Apunta que existe la posibilidad de su traslado en ciertas circunstancias, pero no “en un proyecto de urbanización privado como el que nos ocupa”.

Un grupo de tres grabados no se ve afectado directamente por las obras, pero para su conservación es necesario cambiar un tramo de vía peatonal prevista. Sin embargo, hay otro grupo de grabados que sí se ve directamente afectado, puesto que está previsto el paso de una carretera por encima de ellos. El informe del Cabildo señala “la única opción posible es el desplazamiento de la vía rodada y del peatonal hacia el sur”. 

37 restos

A lo largo de las 67 páginas del reciente informe final del Cabildo, que incluye fragmentos de los documentos precedentes y de la Memoria elaborada por la empresa, así como partes de la denuncia y del informe presentado por la Asociación Patrimonial Tegüico, se detalla la existencia de al menos 37 restos a tener en cuenta (son los catalogados por Arqueocanaria S.L.). El Cabildo valora uno por uno estos restos, compartiendo en muchos casos el criterio de la empresa y sus recomendaciones.

Se trata de edificaciones (como la planta de empaquetado o la ermita...), bienes etnográficos agrícolas (como tanquillas, estanques, o casas...), bienes etnográficos (como dos casas cueva...), bienes de naturaleza indeterminada y bienes de naturaleza arqueológica.

De esos 37 restos, la Memoria considera que 21 de ellos carecen de valor o este es muy pequeño. El informe final del Cabildo coincide, y añade que una parte de los mismos se ubica en sectores que se verán transformados por la urbanización y algunos “están abocados a su desaparición”. Para varios de estos restos, como unas atarjeas de agua, la Memoria propone trasladarlas para que formen parte de los jardines de la futura urbanización. Esto fue ignorado por la empresa y el Cabildo constata en sus dos inspecciones que algunos de esos restos ya no están.

Hay un segundo grupo de restos que, según la Memoria, requieren de una actuación previa a su posible desaparición como consecuencia de las obras. Se trataría de trabajos de fotografía, dibujo y documentación, aunque para algunos propone actuaciones de conservación y restauración, siempre que fueran compatibles con las obras de urbanización.

Un tercer grupo lo componen restos arqueológicos, que según la Memoria, deben estar sujetos a labores de documentación y recogida de material superficial. El informe final del Cabildo atestigua que dichas labores se realizaron en 2019.

Por último, el cuatro grupo lo componen los restos de mayor importancia, que son precisamente los que han sufrido un mayor daño y donde se producen las mayores discrepancias entre la empresa arqueológica en su Memoria y el informe final del Cabildo.

Nos centraremos en dos de ellos, el llamado “asentamiento guanche” (también llamado PA 4 en la Memoria) y la planta empaquetadora. Los daños ocasionados al primero son los que mantienen paralizadas las obras en una parte de la parcela.

Sorpresa en la valoración de la planta empaquetadora

Comenzando por la planta empaquetadora, la Memoria señala que el inmueble “carece de valores arquitectónicos a tener en cuenta, pero sí que posee un valor etnográfico vinculado a la actividad agrícola intensiva (...) desde finales del siglo XIX, con la introducción del tomate y el plátano, promovido básicamente por compañías británicas”.

El técnico que realiza el informe del Cabildo es contundente respecto a esta valoración de la Memoria y escribe: “Reconociéndole un valor etnográfico destacado, sorprende que la Memoria niegue cualquier valor arquitectónico a la edificación, sobre todo porque no establece los términos comparativos respecto a tipologías, lenguajes o estilos que esté usando como referencia. Resulta evidente que nos encontramos ante un ejemplo de arquitectura industrial, (...) el valor arquitectónico de este tipo de edificaciones radica en su funcionalidad y ausencia de ornamento, sin que ello suponga una desvalorización de su interés arquitectónico”. 

Tras esta valoración, el técnico del Cabildo añade que también “resulta sorprendente que la Memoria no haga alusión a una nueva clase de patrimonio (...) el industrial (...), que por su valor tecnológico, arquitectónico o científico, constituye manifestaciones tecnológicas o de ingeniería”. Por tanto, concluye, “su valor patrimonial es indudable y se considera merecedor de estar incluido en el Catálogo municipal e, incluso, desde la perspectiva del Patrimonio Industrial, debiera estudiarse su posible inclusión en el Catálogo Insular de bienes patrimoniales culturales”.

Además, considera que los argumentos que se esgrimen para negar su valor patrimonial y reafirmar la necesidad de suprimir el almacén “tampoco parecen ser sólidos desde la perspectiva patrimonial” y desgrana minuciosamente por qué.

Por último, el técnico del Cabildo considera que de la Memoria “se colige ya una posición de partida” que tiende a la desaparición del inmueble, “incluso con carácter previo a la valoración que efectúa el estudio”. El proyecto hotelero prevé la demolición de dos tercios del edificio, para convertirlo en un restaurante abierto a la playa. El informe final del Cabildo afirma que no está justificada esa demolición, “con la merma patrimonial que ello significaría” y que además, “existe alternativa para conservar la nave materialmente y cumplir con muchos de los aspectos expuestos, mediante ampliación o apertura de huecos o cualquier solución que no pase por la casi total desaparición del inmueble”. 

El informe concluye que el plan previsto para la planta empaquetadora es “inadecuado” y además propone dirigirse al Ayuntamiento de Adeje para que proceda a su inclusión en el Catálogo municipal. Esta medida, añade, “se antoja difícil de cumplir puesto que el Ayuntamiento de Adeje carece de Catálogo municipal y tampoco ha cumplido con lo dispuesto en la Ley, que establece la obligación de los ayuntamientos de Canarias de tener su Catálogo aprobado antes del 13 de junio de 2022”. 

El daño “más grave”, en el llamado “Asentamiento guanche”

La afección “más grave” de las provocadas por las obras, afirma el Cabildo, se ha dado en un yacimiento situado en un sector llano de una lomada entre dos barranquillos. En la Memoria se lo denomina “Asentamiento guanche en zona alta”. Allí, en lo que se consideran los restos de un recinto de piedra y a su alrededor, se encuentra abundante material arqueológico, pequeños fragmentos de huesos animales, malacofauna (lapas), fragmentos de cerámicas, pequeñas lascas y láminas de basalto, “pero sobre todo destaca la gran cantidad de industria lítica tallada realizada sobre obsidiana”, describe el informe de Arqueocanaria S.L.. 

El informe del Cabildo coincide con la Memoria en que se trata de un asentamiento prehispánico “que sufrió una importante alteración como consecuencia de la roturación del terreno y de la construcción, probablemente en el siglo XIX, de bancales de piedra seca de escasa altura y de gran precariedad y sencillez constructiva”. La construcción central del asentamiento es descrita como “una estructura de piedras (...) de planta irregular, conformada por cinco hiladas superpuestas, con un nivel de base definido por piedras de toba de mayor tamaño e hincadas en el suelo de forma vertical”.  

Sin embargo, la Memoria llega a una conclusión diametralmente opuesta a la del Cabildo. Para la primera, no tiene “las características de una cabaña guanche sino que por su técnica constructiva así como por su aparente buen estado parece corresponderse con una fábrica de cierta modernidad, sin valor patrimonial aparente”. Sí vio interés científico en los restos dispersos a su alrededor, por lo que afirma que realizó tres sondeos arqueológicos. En ellos se encontraron fragmentos de cerámica aborigen, esquirlas de obsidiana y restos óseos de animales, y un pequeño sector que se interpreta como “restos de hogares destinados a la cocción de alimentos”. 

A continuación transcribimos literalmente la interpretación que del asentamiento hace la Memoria:

Es un lugar arqueológico relacionado con un asentamiento guanche del que quedó en superficie abundante material arqueológico compuesto principalmente por fragmentos de cerámica, industria lítica y ya, en menor medida, restos alimenticios de malacofauna y fauna terrestre. También hay que señalar que en el sedimento excavado se detectó la presencia de fuegos que debieron tener su origen en hogares utilizado en época guanche para cocinar los alimentos.

Este yacimiento presenta las características propias de los asentamientos de costa en el sur de Tenerife, definidos por estructuras a modo de cabañas que, en la mayoría de los casos, han desaparecido por arrasamiento como consecuencia de la intensa antropización histórica del territorio con la actividad agraria de cultivo de secano y posteriormente de regadío en muchas de estas zonas. El sitio estuvo asociado a la actividad pastoril y con mucha probabilidad a un asentamiento temporal marcado por la estacionalidad y el mantenimiento de los ganados, especialmente en invierno y primavera (...).

A modo de conclusión podemos afirmar que el yacimiento está asociado a un asentamiento inserto en el Menceyato de Adeje que debió ser ocupado estacionalmente con cierta frecuencia en el tiempo, dada la abundancia de material recuperado, y que en el sitio debieron existir estructuras de superficie (cabañas), hoy arrasadas. En estas cabañas utilizadas como espacios habitacionales desarrollaron las actividades propias de su forma de vida relacionada con el pastoreo y el aprovechamiento de los recursos terrestres y marinos y además, en ellas y en los alrededores, cocinaron sus alimentos al fuego y tallaron útiles líticos, especialmente de obsidiana y basalto“. 

Pese a que reconoce el origen guanche del asentamiento, considera que la estructura central de rocas no lo es. En este punto, el Cabildo discrepa y, aunque reconoce que las hiladas de piedra superiores sí pueden ser más modernas, las inferiores, la base, pueden ser prehispánicas. Negarlo, añade, “se antoja una conclusión un tanto precipitada y no bien justificada”. 

Además, el técnico del Cabildo considera necesario hacer una valoración general del yacimiento. Y aquí es donde reside la mayor relevancia de todo el informe, porque para Patrimonio insular este yacimiento, “pese a la ausencia de monumentalidad, incluso de visibilidad, representa un enclave de un gran valor científico, arqueológico y patrimonial, precisamente porque supone un modelo paradigmático de la ocupación guanche en estos sectores costeros, que debió tener un carácter estacional y relacionarse con un aprovechamiento de distintos recursos y de trabajo de la industria lítica”. 

El lugar, añade en sus conclusiones, es poco común, lo que le da mayor relevancia. Por ello, en cuanto a las medidas a adoptar respecto a este asentamiento se producen las mayores discrepancias entre los estudios patrimoniales elaborados a instancia de los promotores de la urbanización y los técnicos de Patrimonio del Cabildo.

Una carretera y una zona comercial sobre un yacimiento “de gran valor”

El proyecto de urbanización prevé el trazado de una carretera que afecta a un tercio, aproximadamente, del núcleo central del yacimiento “Asentamiento guanche”. Además, este está ubicado en una parcela definida como Comercial y de Ocio. 

En el informe final del Cabildo se pone el acento en que la Memoria encargada por los promotores posee “un marcado carácter apriorístico”, es decir, parte de la premisa de no modificar el proyecto de urbanización y “en ningún momento” plantea alternativas para asegurar la conservación de alguno de los bienes patrimoniales identificados. “Sólo se conservan aquellos que se ubican en sectores que no serán transformados por las obras”, afirma el técnico insular. Este añade que “el dilema” entre la cambiar el proyecto para preservar el yacimiento sin tocarlo o hacer ciertas actuaciones arqueológicas dando por hecho que este desaparecerá “se resuelve de forma meridiana a favor de esta última opción”. En su opinión, este es un ejemplo de la llamada Arqueología de Gestión, “una Arqueología de urgencia, impuesta, no por la ciencia y el conocimiento, sino por factores ajenos estos, que busca recuperar, al menos, la información científica de unos yacimientos que acabarán por desaparecer en el corto plazo”.  

El técnico afirma que si la Memoria hubiera sido enviada para intentar de nuevo obtener un Informe de Impacto Ambiental favorable el resultado habría sido de nuevo negativo: “La entidad de este yacimiento, su carácter singular y el hecho de que constituya un asentamiento de superficie de gran interés, atendiendo a la gran cantidad de material arqueológico que aparece asociado al mismo, hacía necesario que el proyecto se modificara”.

También se habría informado de la necesidad de modificar el plan, de tal manera que “el espacio ocupado por el yacimiento se calificara como Espacio Libre, trasladando a otra zona de la urbanización el uso Comercial y de Ocio”. 

Sin embargo, como las obras comenzaron sin la presencia de ningún arqueólogo a pie de pala y tampoco se adoptó ninguna de las medidas propuestas por la Memoria respecto al “Asentamiento guanche”, el resultado es que un tercio de este ha sido ya destruido por una excavadora. La desaparición de parte de este enclave es “el hecho más grave de todas las circunstancias identificadas en el ámbito sujeto a suspensión cautelar de las obras”, explica el informe final.

Detalla que en una de las visitas realizadas por los técnicos insulares a raíz de la denuncia de Tegüico se comprobó que parte de la zona de mayor concentración de materiales, había sido destruida por completo. Lo describieron así: “Se observa un gran desmonte dejando una franja con superficie de tierra removida, en el que el nivel original del terreno ha desaparecido, habiéndose arrasado los restos materiales que pudieran conservarse en ese sector oeste del mismo”. 

Un final “dramático”

Ante el destrozo, una de las conclusiones obvias es que ya no existe ningún dilema respecto a si modificar el proyecto para preservar el yacimiento o si trasladar parte del mismo para su conservación. La segunda conclusión, considerada muy grave por el informe del Cabildo, es que no se siguieron ninguna de las recomendaciones protectoras y correctoras establecidas en la propia Memoria de Intervención. Además, ahora resulta imposible determinar la cantidad de material arqueológico que se ha perdido. 

Hay un segundo asentamiento con abrigos de piedra prehispánicos ubicado en un alto desde el que puede observarse completamente la ensenada del Puertito de Adeje. Allí hay menos material arqueológico encontrado, pero existen unas denominadas cabañas y unos grabados, que, como se ha indicado anteriormente, deben ser protegidos y no trasladados. La Memoria recomienda liberar el terreno, ya que se encuentran en una zona calificada como uso hotelero. Es decir, propone trasladar los grabados y también los restos de la cabaña.

Como es de esperar, el informe del Cabildo opta por medidas de conservación del yacimiento y modificación, en su caso, del proyecto urbanístico: “La conjunción de estos dos elementos (cabaña y grabados) y las propias características del enclave, con un gran dominio visual sobre el litoral, lo que suele ser un rasgo muy característico de este tipo de asentamientos pastoriles de carácter temporal, le otorga al enclave de interés para su conservación”. 

El proyecto Cuna del Alma comenzó a fraguarse hace al menos ocho años, cuando intentó por primera vez obtener un informe favorable impacto ambiental. Al no lograrlo encargó finalmente a una empresa experta en arqueología un estudio de la parcela. Pero ese informe no llegó nunca a la administración (según el Cabildo de Tenerife) y sus recomendaciones fueron ignoradas. Los promotores de este macroproyecto urbanístico de más de 350 millones de euros anunciaron la colocación de la primera piedra el pasado mes de mayo. Los trabajos, con maquinaria pesada, comenzaron sin un arqueólogo a pie de pista. Ahora se ha destruido parte de un yacimiento que, en palabras del Cabildo, puede contribuir a explicar el modelo de asentamiento guanche cercano a la costa en el sur y el oeste de Tenerife, “siendo muy escasos los yacimientos de las comarcas de Abona, Adeje e Isora que contuvieran un volumen de material equiparable a este”. 

Parte de las obras del macroproyecto turístico Cuna del Alma, que pretende urbanizar más de 430.000 metros cuadrados de un barranco y una playa en el Puertito de Adeje, en el sur de Tenerife, continúan paradas cautelarmente por orden de la Dirección Insular de Planificación Territorial y del Patrimonio del Cabildo.

Puertito de Armeñime: un proyecto turístico de lujo pone en jaque a ecologistas para salvar la última playa sin masificar de Tenerife

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Esa orden llegó después de una denuncia de la Asociación Patrimonial Tegüico, que alertaba de la presencia de restos arqueológicos en la zona y su posible destrucción. Patrimonio realizó entonces dos inspecciones y comprobó que, efectivamente, se habían dañado y destruido restos. En un contundente informe al que ha tenido acceso este periódico, el técnico encargado de redactarlo afirma que el daño en un yacimiento concreto “resulta irreversible” y que estos restos son (o eran), además, de gran importancia, por lo que califica el destrozo como “muy grave”.

Este informe final del Cabildo (que forma parte del expediente que ahora pasa a manos de Patrimonio del Gobierno de Canarias para analizar la información y tramitar las sanciones oportunas) expone en 67 páginas un análisis exhaustivo de la zona de obras, las construcciones y restos que en ella hay, su valor y las actuaciones que sobre ellos hay que hacer.

Conviene comenzar explicando, tal y como hace también el informe, que existían dos documentos previos que constan como antecedentes en el Servicio Administrativo de Patrimonio Histórico del Cabildo sobre el posible patrimonio ubicado en esa zona y que formaron parte de la tramitación de sendos Informes de Impacto Ambiental del proyecto. Uno de los documentos es de 2014 y el otro, de 2017.

Informe de 2014

El primero de los informes, necesario para validar el estudio de impacto ambiental, pone de manifiesto que “no se ha efectuado la preceptiva prospección arqueológica (...) a los efectos de confeccionar el Inventario Patrimonial y se constata, igualmente, que no se ha contado con un arqueólogo debidamente autorizado para su realización”. Además, añade que “tampoco se ha valorado la existencia de elementos arquitectónicos o etnográficos (...) que pudieran ser susceptibles de protección”. 

Como conclusión, afirma que el Informe de Impacto Ambiental realizado “es manifiestamente insuficiente en materia de patrimonio histórico” y considera “necesaria la realización de una intervención arqueológica de prospección” por parte de un técnico “competente y debidamente autorizado”, según dispone la Ley Patrimonio Histórico de Canarias. El resultado, por tanto, fue de nuevo negativo.

Informe de 2017: algo no cuadra

Tres años después, en 2017, se intentó otra vez obtener un resultado favorable al Informe de Impacto Ambiental. El informe final del Cabildo relata que en aquel documento se incluyó un escrito de respuesta a lo expuesto en 2014 en el que se afirmó que ya se había realizado la prospección arqueológica recomendada y que esta se había hecho “con personal cualificado”. En esa supuesta prospección, decía el texto, “no se encontró ninguna evidencia de material lítico, cerámico o malacológico, ni yacimientos arqueológicos o pinturas”.

Pero el informe volvió a ser negativo, por dos motivos. El primero, porque consideró falso que esa prospección se llevase a cabo, y mucho menos por personal cualificado: “Cabe señalar que no se aportan (..) la memoria de la supuesta intervención arqueológica de prospección efectuada, ni se indica la identidad del técnico arqueólogo que la ha realizado. Es más, la alusión a pinturas que se efectúa en la citada respuesta resulta impropia de cualquier arqueólogo medianamente cualificado, por lo que cabe inferir que el citado estudio no se ha realizado”. 

Y en segundo lugar, porque de haberse realizado la prospección, debía constar una petición de permiso para llevarla a cabo, cosa que no existía, relata el Cabildo.

Es decir, si no se hizo y se afirmó que así había sido, se presentaron conclusiones cuando menos falsas; y si de verdad se realizó, fue sin permiso, lo que supone una irregularidad.

Redacción de la Memoria de Intervención

El informe del Cabildo prosigue. Tras esos dos informes negativos, en la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno canario solo constan dos peticiones para efectuar prospecciones arqueológicas en la zona: una de 2017 que venció sin realizarse, y otra de 2018, que desembocó en la Memoria de Prospección y posterior Memoria de Intervención (Informe de Intervenciones arqueológicas en el ámbito de la Urbanización Sector SO.6 UA-1, Puertito de Adeje), realizada en 2020 por una empresa especializada, Arqueocanaria S.L..

Este documento es de gran importancia porque recogió las labores de documentación gráfica, sondeos y recogida de material arqueológico en superficie, con la autorización de la Dirección General de Patrimonio Cultural. Esta Memoria relató qué restos había en la zona, los catalogó y valoró según su importancia. Después, propuso actuaciones para cada uno de ellos. Pero este informe, afirma el Cabildo, nunca fue enviado oficialmente la Dirección General de Patrimonio, lo que supone una “grave carencia” y un “incumplimiento” de los contenidos que, legalmente, dicha documentación debe incluir.

Además, añade el Cabildo, las recomendaciones recogidas en la Memoria para proteger o preservar los restos catalogados no se siguieron. Y además el Cabildo discrepa en algunas de las valoraciones hechas por Arqueocanaria S.L., especialmente en las relativas al llamado “asentamiento guanche” y a la llamada empaquetadora, una antigua planta industrial situada junto a la playa y que en su día sirvió para el empaquetado de plátanos o tomates para su exportación.

También destaca que “en ningún momento, ni por parte de los órganos administrativos del Gobierno de Canarias con competencia en materia de Urbanismo y Ordenación del Territorio ni por parte del Servicio de Planificación de este Cabildo ni del Ayuntamiento de Adeje ni de la propia entidad promotora de la urbanización se solicitó de este Servicio Administrativo de Patrimonio Histórico un informe de valoración de los citados estudios, que incluyera un pronunciamiento respecto a la adecuación de las medidas propuestas para los bienes patrimoniales existentes en el ámbito en orden a garantizar su protección”. 

Los responsables del macroproyecto, por tanto, realizaron dos intentos de obtener un Informe de Impacto Ambiental positivo, que fue rechazado en ambas ocasiones, la segunda, con mayor gravedad que la primera puesto que incluye una presunta prospección que el técnico del Cabildo sospecha que no tuvo lugar, o bien esta se realizó sin permiso y con una conclusión muy llamativa: que no había restos, cosa que ahora se sabe que no es cierto.

Finalmente, se llevó a cabo la prospección por parte de expertos, pero sus conclusiones no fueron enviadas a las administraciones, señala el informe, pese a saber que estas eran necesarias para obtener un Informe de Impacto Ambiental positivo. Y más aún, “ambos documentos señalaban la necesidad de desarrollar una serie de actuaciones con carácter previo al inicio de los movimientos de tierra”, indica el Cabildo, pero esas actuaciones no se siguieron, con lo que cabe imaginar que ambas memorias acabaron en algún cajón durante varios años hasta que comenzaron las obras y ahora ha salido a la luz el daño que han causado: “El inicio de las obras sin cumplir con las medidas protectoras y correctoras que establecían ambas Memorias, que fueron encargadas por la propia entidad promotora y que formaban parte del propio proyecto, han supuesto una serie de daños al patrimonio de alcance diverso”, afirma el técnico del Cabildo. 

Consultada por estos puntos, la empresa promotora del proyecto afirma que la información al respecto contenida en el informe del Cabildo “no es correcta”. Y añade que los trámites se realizaron y fue finalmente en 2018 cuando el promotor hizo la Evaluación de Patrimonio que aportó al Ayuntamiento de Adeje que, a su vez, la remitió a la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (COTMAC), que la aprobó y consideró que se había superado el requisito de análisis de patrimonio histórico. “El documento fue sometido a información pública sin que las administraciones, o cualquier otro colectivo o entidad interesada, realizaran alegación alguna”, agrega Cuna del Alma, que recuerda que, posteriormente, la revisión parcial del PGOU se aprobó y se publicó en 2019.

Respecto a si se tramitó el permiso para realizar la prospección, la empresa asegura que sí, que se solicitó en 2018, se concedió y el Gobierno de Canarias lo comunicó al Cabildo, “por lo que sí le consta a la institución insular”.

Cuna del Alma añade que la evaluación de patrimonio realizada y aprobada por el Gobierno de Canarias, como parte de la aprobación de planeamiento, incluye un plan que ha sido seguido por el promotor. “La primera parte de las acciones que debía tomar el promotor se realizaron en 2020 con una nueva prospección aún más detallada que la anterior. Como parte de esta, se retiraron los restos encontrados para su traslado al Museo del Cabildo”, concluye.

Grabados en piedra descubiertos por Tegüico

Volviendo a los documentos citados por el informe final del Cabildo, se incluye uno aportado por la Asociación Patrimonial Tegüico después de poner su denuncia. Es un informe, con fotografías, de los restos que había encontrado en superficie, sin realizar ningún tipo de excavación. De todos los restos enumerados llaman la atención los grabados en piedra porque no estaban incluidos en ninguna de las dos memorias realizadas por la empresa arqueológica.

Sobre ellos, el informe del Cabildo recuerda que desde el punto de vista legal, “los grabados rupestres tienen la consideración de Bien de Interés Cultural” y deben ser conservados. Apunta que existe la posibilidad de su traslado en ciertas circunstancias, pero no “en un proyecto de urbanización privado como el que nos ocupa”.

Un grupo de tres grabados no se ve afectado directamente por las obras, pero para su conservación es necesario cambiar un tramo de vía peatonal prevista. Sin embargo, hay otro grupo de grabados que sí se ve directamente afectado, puesto que está previsto el paso de una carretera por encima de ellos. El informe del Cabildo señala “la única opción posible es el desplazamiento de la vía rodada y del peatonal hacia el sur”. 

37 restos

A lo largo de las 67 páginas del reciente informe final del Cabildo, que incluye fragmentos de los documentos precedentes y de la Memoria elaborada por la empresa, así como partes de la denuncia y del informe presentado por la Asociación Patrimonial Tegüico, se detalla la existencia de al menos 37 restos a tener en cuenta (son los catalogados por Arqueocanaria S.L.). El Cabildo valora uno por uno estos restos, compartiendo en muchos casos el criterio de la empresa y sus recomendaciones.

Se trata de edificaciones (como la planta de empaquetado o la ermita...), bienes etnográficos agrícolas (como tanquillas, estanques, o casas...), bienes etnográficos (como dos casas cueva...), bienes de naturaleza indeterminada y bienes de naturaleza arqueológica.

De esos 37 restos, la Memoria considera que 21 de ellos carecen de valor o este es muy pequeño. El informe final del Cabildo coincide, y añade que una parte de los mismos se ubica en sectores que se verán transformados por la urbanización y algunos “están abocados a su desaparición”. Para varios de estos restos, como unas atarjeas de agua, la Memoria propone trasladarlas para que formen parte de los jardines de la futura urbanización. Esto fue ignorado por la empresa y el Cabildo constata en sus dos inspecciones que algunos de esos restos ya no están.

Hay un segundo grupo de restos que, según la Memoria, requieren de una actuación previa a su posible desaparición como consecuencia de las obras. Se trataría de trabajos de fotografía, dibujo y documentación, aunque para algunos propone actuaciones de conservación y restauración, siempre que fueran compatibles con las obras de urbanización.

Un tercer grupo lo componen restos arqueológicos, que según la Memoria, deben estar sujetos a labores de documentación y recogida de material superficial. El informe final del Cabildo atestigua que dichas labores se realizaron en 2019.

Por último, el cuatro grupo lo componen los restos de mayor importancia, que son precisamente los que han sufrido un mayor daño y donde se producen las mayores discrepancias entre la empresa arqueológica en su Memoria y el informe final del Cabildo.

Nos centraremos en dos de ellos, el llamado “asentamiento guanche” (también llamado PA 4 en la Memoria) y la planta empaquetadora. Los daños ocasionados al primero son los que mantienen paralizadas las obras en una parte de la parcela.

Sorpresa en la valoración de la planta empaquetadora

Comenzando por la planta empaquetadora, la Memoria señala que el inmueble “carece de valores arquitectónicos a tener en cuenta, pero sí que posee un valor etnográfico vinculado a la actividad agrícola intensiva (...) desde finales del siglo XIX, con la introducción del tomate y el plátano, promovido básicamente por compañías británicas”.

El técnico que realiza el informe del Cabildo es contundente respecto a esta valoración de la Memoria y escribe: “Reconociéndole un valor etnográfico destacado, sorprende que la Memoria niegue cualquier valor arquitectónico a la edificación, sobre todo porque no establece los términos comparativos respecto a tipologías, lenguajes o estilos que esté usando como referencia. Resulta evidente que nos encontramos ante un ejemplo de arquitectura industrial, (...) el valor arquitectónico de este tipo de edificaciones radica en su funcionalidad y ausencia de ornamento, sin que ello suponga una desvalorización de su interés arquitectónico”. 

Tras esta valoración, el técnico del Cabildo añade que también “resulta sorprendente que la Memoria no haga alusión a una nueva clase de patrimonio (...) el industrial (...), que por su valor tecnológico, arquitectónico o científico, constituye manifestaciones tecnológicas o de ingeniería”. Por tanto, concluye, “su valor patrimonial es indudable y se considera merecedor de estar incluido en el Catálogo municipal e, incluso, desde la perspectiva del Patrimonio Industrial, debiera estudiarse su posible inclusión en el Catálogo Insular de bienes patrimoniales culturales”.

Además, considera que los argumentos que se esgrimen para negar su valor patrimonial y reafirmar la necesidad de suprimir el almacén “tampoco parecen ser sólidos desde la perspectiva patrimonial” y desgrana minuciosamente por qué.

Por último, el técnico del Cabildo considera que de la Memoria “se colige ya una posición de partida” que tiende a la desaparición del inmueble, “incluso con carácter previo a la valoración que efectúa el estudio”. El proyecto hotelero prevé la demolición de dos tercios del edificio, para convertirlo en un restaurante abierto a la playa. El informe final del Cabildo afirma que no está justificada esa demolición, “con la merma patrimonial que ello significaría” y que además, “existe alternativa para conservar la nave materialmente y cumplir con muchos de los aspectos expuestos, mediante ampliación o apertura de huecos o cualquier solución que no pase por la casi total desaparición del inmueble”. 

El informe concluye que el plan previsto para la planta empaquetadora es “inadecuado” y además propone dirigirse al Ayuntamiento de Adeje para que proceda a su inclusión en el Catálogo municipal. Esta medida, añade, “se antoja difícil de cumplir puesto que el Ayuntamiento de Adeje carece de Catálogo municipal y tampoco ha cumplido con lo dispuesto en la Ley, que establece la obligación de los ayuntamientos de Canarias de tener su Catálogo aprobado antes del 13 de junio de 2022”. 

El daño “más grave”, en el llamado “Asentamiento guanche”

La afección “más grave” de las provocadas por las obras, afirma el Cabildo, se ha dado en un yacimiento situado en un sector llano de una lomada entre dos barranquillos. En la Memoria se lo denomina “Asentamiento guanche en zona alta”. Allí, en lo que se consideran los restos de un recinto de piedra y a su alrededor, se encuentra abundante material arqueológico, pequeños fragmentos de huesos animales, malacofauna (lapas), fragmentos de cerámicas, pequeñas lascas y láminas de basalto, “pero sobre todo destaca la gran cantidad de industria lítica tallada realizada sobre obsidiana”, describe el informe de Arqueocanaria S.L.. 

El informe del Cabildo coincide con la Memoria en que se trata de un asentamiento prehispánico “que sufrió una importante alteración como consecuencia de la roturación del terreno y de la construcción, probablemente en el siglo XIX, de bancales de piedra seca de escasa altura y de gran precariedad y sencillez constructiva”. La construcción central del asentamiento es descrita como “una estructura de piedras (...) de planta irregular, conformada por cinco hiladas superpuestas, con un nivel de base definido por piedras de toba de mayor tamaño e hincadas en el suelo de forma vertical”.  

Sin embargo, la Memoria llega a una conclusión diametralmente opuesta a la del Cabildo. Para la primera, no tiene “las características de una cabaña guanche sino que por su técnica constructiva así como por su aparente buen estado parece corresponderse con una fábrica de cierta modernidad, sin valor patrimonial aparente”. Sí vio interés científico en los restos dispersos a su alrededor, por lo que afirma que realizó tres sondeos arqueológicos. En ellos se encontraron fragmentos de cerámica aborigen, esquirlas de obsidiana y restos óseos de animales, y un pequeño sector que se interpreta como “restos de hogares destinados a la cocción de alimentos”. 

A continuación transcribimos literalmente la interpretación que del asentamiento hace la Memoria:

Es un lugar arqueológico relacionado con un asentamiento guanche del que quedó en superficie abundante material arqueológico compuesto principalmente por fragmentos de cerámica, industria lítica y ya, en menor medida, restos alimenticios de malacofauna y fauna terrestre. También hay que señalar que en el sedimento excavado se detectó la presencia de fuegos que debieron tener su origen en hogares utilizado en época guanche para cocinar los alimentos.

Este yacimiento presenta las características propias de los asentamientos de costa en el sur de Tenerife, definidos por estructuras a modo de cabañas que, en la mayoría de los casos, han desaparecido por arrasamiento como consecuencia de la intensa antropización histórica del territorio con la actividad agraria de cultivo de secano y posteriormente de regadío en muchas de estas zonas. El sitio estuvo asociado a la actividad pastoril y con mucha probabilidad a un asentamiento temporal marcado por la estacionalidad y el mantenimiento de los ganados, especialmente en invierno y primavera (...).

A modo de conclusión podemos afirmar que el yacimiento está asociado a un asentamiento inserto en el Menceyato de Adeje que debió ser ocupado estacionalmente con cierta frecuencia en el tiempo, dada la abundancia de material recuperado, y que en el sitio debieron existir estructuras de superficie (cabañas), hoy arrasadas. En estas cabañas utilizadas como espacios habitacionales desarrollaron las actividades propias de su forma de vida relacionada con el pastoreo y el aprovechamiento de los recursos terrestres y marinos y además, en ellas y en los alrededores, cocinaron sus alimentos al fuego y tallaron útiles líticos, especialmente de obsidiana y basalto“. 

Pese a que reconoce el origen guanche del asentamiento, considera que la estructura central de rocas no lo es. En este punto, el Cabildo discrepa y, aunque reconoce que las hiladas de piedra superiores sí pueden ser más modernas, las inferiores, la base, pueden ser prehispánicas. Negarlo, añade, “se antoja una conclusión un tanto precipitada y no bien justificada”. 

Además, el técnico del Cabildo considera necesario hacer una valoración general del yacimiento. Y aquí es donde reside la mayor relevancia de todo el informe, porque para Patrimonio insular este yacimiento, “pese a la ausencia de monumentalidad, incluso de visibilidad, representa un enclave de un gran valor científico, arqueológico y patrimonial, precisamente porque supone un modelo paradigmático de la ocupación guanche en estos sectores costeros, que debió tener un carácter estacional y relacionarse con un aprovechamiento de distintos recursos y de trabajo de la industria lítica”. 

El lugar, añade en sus conclusiones, es poco común, lo que le da mayor relevancia. Por ello, en cuanto a las medidas a adoptar respecto a este asentamiento se producen las mayores discrepancias entre los estudios patrimoniales elaborados a instancia de los promotores de la urbanización y los técnicos de Patrimonio del Cabildo.

Una carretera y una zona comercial sobre un yacimiento “de gran valor”

El proyecto de urbanización prevé el trazado de una carretera que afecta a un tercio, aproximadamente, del núcleo central del yacimiento “Asentamiento guanche”. Además, este está ubicado en una parcela definida como Comercial y de Ocio. 

En el informe final del Cabildo se pone el acento en que la Memoria encargada por los promotores posee “un marcado carácter apriorístico”, es decir, parte de la premisa de no modificar el proyecto de urbanización y “en ningún momento” plantea alternativas para asegurar la conservación de alguno de los bienes patrimoniales identificados. “Sólo se conservan aquellos que se ubican en sectores que no serán transformados por las obras”, afirma el técnico insular. Este añade que “el dilema” entre la cambiar el proyecto para preservar el yacimiento sin tocarlo o hacer ciertas actuaciones arqueológicas dando por hecho que este desaparecerá “se resuelve de forma meridiana a favor de esta última opción”. En su opinión, este es un ejemplo de la llamada Arqueología de Gestión, “una Arqueología de urgencia, impuesta, no por la ciencia y el conocimiento, sino por factores ajenos estos, que busca recuperar, al menos, la información científica de unos yacimientos que acabarán por desaparecer en el corto plazo”.  

El técnico afirma que si la Memoria hubiera sido enviada para intentar de nuevo obtener un Informe de Impacto Ambiental favorable el resultado habría sido de nuevo negativo: “La entidad de este yacimiento, su carácter singular y el hecho de que constituya un asentamiento de superficie de gran interés, atendiendo a la gran cantidad de material arqueológico que aparece asociado al mismo, hacía necesario que el proyecto se modificara”.

También se habría informado de la necesidad de modificar el plan, de tal manera que “el espacio ocupado por el yacimiento se calificara como Espacio Libre, trasladando a otra zona de la urbanización el uso Comercial y de Ocio”. 

Sin embargo, como las obras comenzaron sin la presencia de ningún arqueólogo a pie de pala y tampoco se adoptó ninguna de las medidas propuestas por la Memoria respecto al “Asentamiento guanche”, el resultado es que un tercio de este ha sido ya destruido por una excavadora. La desaparición de parte de este enclave es “el hecho más grave de todas las circunstancias identificadas en el ámbito sujeto a suspensión cautelar de las obras”, explica el informe final.

Detalla que en una de las visitas realizadas por los técnicos insulares a raíz de la denuncia de Tegüico se comprobó que parte de la zona de mayor concentración de materiales, había sido destruida por completo. Lo describieron así: “Se observa un gran desmonte dejando una franja con superficie de tierra removida, en el que el nivel original del terreno ha desaparecido, habiéndose arrasado los restos materiales que pudieran conservarse en ese sector oeste del mismo”. 

Un final “dramático”

Ante el destrozo, una de las conclusiones obvias es que ya no existe ningún dilema respecto a si modificar el proyecto para preservar el yacimiento o si trasladar parte del mismo para su conservación. La segunda conclusión, considerada muy grave por el informe del Cabildo, es que no se siguieron ninguna de las recomendaciones protectoras y correctoras establecidas en la propia Memoria de Intervención. Además, ahora resulta imposible determinar la cantidad de material arqueológico que se ha perdido. 

Hay un segundo asentamiento con abrigos de piedra prehispánicos ubicado en un alto desde el que puede observarse completamente la ensenada del Puertito de Adeje. Allí hay menos material arqueológico encontrado, pero existen unas denominadas cabañas y unos grabados, que, como se ha indicado anteriormente, deben ser protegidos y no trasladados. La Memoria recomienda liberar el terreno, ya que se encuentran en una zona calificada como uso hotelero. Es decir, propone trasladar los grabados y también los restos de la cabaña.

Como es de esperar, el informe del Cabildo opta por medidas de conservación del yacimiento y modificación, en su caso, del proyecto urbanístico: “La conjunción de estos dos elementos (cabaña y grabados) y las propias características del enclave, con un gran dominio visual sobre el litoral, lo que suele ser un rasgo muy característico de este tipo de asentamientos pastoriles de carácter temporal, le otorga al enclave de interés para su conservación”. 

El proyecto Cuna del Alma comenzó a fraguarse hace al menos ocho años, cuando intentó por primera vez obtener un informe favorable impacto ambiental. Al no lograrlo encargó finalmente a una empresa experta en arqueología un estudio de la parcela. Pero ese informe no llegó nunca a la administración (según el Cabildo de Tenerife) y sus recomendaciones fueron ignoradas. Los promotores de este macroproyecto urbanístico de más de 350 millones de euros anunciaron la colocación de la primera piedra el pasado mes de mayo. Los trabajos, con maquinaria pesada, comenzaron sin un arqueólogo a pie de pista. Ahora se ha destruido parte de un yacimiento que, en palabras del Cabildo, puede contribuir a explicar el modelo de asentamiento guanche cercano a la costa en el sur y el oeste de Tenerife, “siendo muy escasos los yacimientos de las comarcas de Abona, Adeje e Isora que contuvieran un volumen de material equiparable a este”. 

Parte de las obras del macroproyecto turístico Cuna del Alma, que pretende urbanizar más de 430.000 metros cuadrados de un barranco y una playa en el Puertito de Adeje, en el sur de Tenerife, continúan paradas cautelarmente por orden de la Dirección Insular de Planificación Territorial y del Patrimonio del Cabildo.

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Esa orden llegó después de una denuncia de la Asociación Patrimonial Tegüico, que alertaba de la presencia de restos arqueológicos en la zona y su posible destrucción. Patrimonio realizó entonces dos inspecciones y comprobó que, efectivamente, se habían dañado y destruido restos. En un contundente informe al que ha tenido acceso este periódico, el técnico encargado de redactarlo afirma que el daño en un yacimiento concreto “resulta irreversible” y que estos restos son (o eran), además, de gran importancia, por lo que califica el destrozo como “muy grave”.