El Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) ha ratificado la pena de 18 años de prisión a un hombre que intentó asesinar a su mujer en una agresión que califica como de “maldad de lujo”, pues la obligó a darle sus claves bancarias, la dejó moribunda y le vació las cuentas.
De esta manera el TSJC ha confirmado en todos sus términos la sentencia de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife que en noviembre del año pasado condenó a 18 años de prisión a un vecino de Icod de Los Vinos, en el norte de la isla, por la tentativa de asesinato de su esposa, a la que acuchilló tres veces con alevosía y ensañamiento.
La Sala de lo Penal del TSJC rechaza así el recurso de acusado contra el fallo dictado en su día por la Sección Quinta de la Audiencia tinerfeña, y abunda en la concurrencia en el caso de la agravante de ensañamiento, pues califica la tercera puñalada que el hoy condenado asestó a su pareja como “maldad de lujo”.
Explica el TSJC que con este calificativo “no se identifica necesariamente con el número o repetición de golpes, sino en su innecesariedad para el fin buscado, que era el de acabar con la vida de la mujer por simples celos, de tan cruel manera”.
La sentencia ahora ratificada en apelación condenó al acusado, con antecedentes por maltrato habitual, amenazas en el ámbito de la violencia sobre la mujer, quebrantamiento de condena y abandono de familia, a 18 años y seis meses de prisión como autor de un delito de asesinato en tentativa (por las agravantes de alevosía y ensañamiento) con la concurrencia de la agravante de parentesco y en concurso medial con un delito de robo violento con la atenuante de reparación del daño.
Además de la condena penal, se impuso al acusado las costas del proceso, la prohibición de acercarse a la víctima por un tiempo superior en 10 años al de la pena impuesta, a indemnizarla a ella y a su hija con 40.000 euros y a abonar al Servicio Canario de la Salud los gastos médicos por el tratamiento de la agredida, 87.967 euros más los que se acrediten en ejecución de sentencia.
La sentencia da por buenos los hechos probados obrantes en el fallo de instancia, según los cuales el acusado mantenía desde agosto de 2019 una relación de pareja con la víctima y en enero de 2020 empezaron a convivir en un domicilio en el municipio de Icod de los Vinos.
El 11 de marzo de 2020, sobre las 9.00 horas, el acusado regresó a casa, después de llevar al colegio al hijo menor de la víctima.
Allí, se inició una conversación con su pareja sobre los gastos que tenían y determinadas solicitudes de préstamos que le estaban llegando a ella, así como por otras cuestiones personales.
En un momento determinado, la mujer dijo que debían cesar la relación y que él tenía que dejar la casa y llevarse sus cosas, sin que el acusado mostrara objeción verbalmente.
Sobre las 10:20 horas, ella fue al baño y cuando se encontraba sentada en el inodoro, entró él por sorpresa, provisto de un cuchillo de cocina de gran tamaño y con ánimo de acabar con la vida de ella.
La mujer no pudo oponer resistencia o defenderse de este acometimiento y el acusado “le asestó una puñalada en el abdomen, sosteniendo el cuchillo y apretando mientras la mujer trataba de levantarse”.
Con posterioridad, extrajo el arma de su cuerpo, mientras “le decía en sucesivas ocasiones que no saldría viva de la casa”.
Pasados unos 40 minutos en esta situación, al salir él del baño, ella “aprovechó para tratar de abandonar la vivienda o pedir ayuda, siendo interceptada en la puerta por su agresor, quien la agarró, la llevó al interior y en el suelo, momentos después, con el mismo cuchillo, le asestó una segunda puñalada, igualmente en la cavidad abdominal”.
Relata el fallo que estas dos heridas provocaron una gran hemorragia y un gran dolor físico a la víctima y mientras ella se desangraba, él “continuó diciéndole que iba a morir”.
En un momento dado, con la mujer tendida en el suelo, el hoy condenado contestó una llamada de teléfono, en el móvil de su pareja, al parecer proveniente del colegio del hijo menor de ella, “lo que motivó que proyectara sus amenazas sobre el menor, manifestando que si regresaba a casa el niño tendría que matarlo. Ello aumentó el padecimiento psíquico de ella, incrementando el dolor y sufrimiento físico que previamente le provocaban sus dos heridas en el abdomen”.
En esta situación el agresor exigió a su víctima que le facilitara los datos de sus tarjetas y cuentas bancarias, de las que era cotitular junto con su madre.
Tras ello, con intención final de degollarla, sigue el fallo, “le hizo un corte de unos quince centímetros de lado a lado en el cuello, si bien esta herida no llego a interesar estructuras vitales, ni vasos principales, ni vías respiratorias”.
Sin embargo, el agresor la creyó muerta y “tras darle varios golpes comprobando que no se movía”, cogió las llaves del vehículo de la mujer, la documentación del bolso, así como los teléfonos móviles“ y se marchó de la vivienda.
Con los datos obtenidos ordenó dos transferencias bancarias desde la cuenta corriente de ella a una cuenta propia por importe total de 1.700 euros para luego retirar 1.300 en cajeros automáticos.
Después, mandó un mensaje a su hermana diciendo que había apuñalado a su pareja.
Por la tarde, los investigadores de la Guardia Civil se pusieron en contacto con él en sucesivas ocasiones para negociar su entrega, a lo que finalmente accedió el acusado.
Así, sobre las 21.40 horas se entregó a los agentes y en el momento de su detención comunicó que tenía el cuchillo en el interior del vehículo, así como documentación, tarjetas de su mujer y 1.355 euros procedentes de dichas extracciones.
Con antelación, la víctima, al comprobar que su agresor se había marchado, consiguió levantarse, abrir la puerta de la vivienda y bajar a rastras las escaleras hasta la calle, donde fue socorrida por varios transeúntes, que avisaron a las fuerzas de policía y a los medios sanitarios.
La mujer fue trasladada en una ambulancia medicalizada a un centro médico de urgencia y ante la gravedad de sus heridas y pérdida de sangre, al Hospital Universitario de Canarias, donde fue intervenida quirúrgicamente.
A consecuencia de estas agresiones, la víctima precisó tratamiento quirúrgico y psiquiátrico, tardó casi seis meses en restablecerse y arrastra secuelas que perduran a día de hoy.