Un paseo por Salisbury: La campiña y la magia de Stonehenge

Plantarse frente a las moles de piedra de Stonehenge es una de las experiencias viajeras más intensas. Este lugar mítico del sur de Inglaterra es uno de esos hitos que no pueden faltar en el pasaporte de cualquiera que se haga llamar viajero o, incluso, turista inquieto. A apenas 15 kilómetros de Salisbury, una de las ciudades medievales mejor conservadas del país, el enigmático circulo actúa como un potente imán de atracción para los amantes de la prehistoria y los seguidores del ‘New Age’. El nuevo Druidismo, una especie de religión que rescata a su manera los ritos y creencias célticas, lo ha convertido en una especie de catedral. Pero la realidad suele ser tozuda. Cuando los celtas llegaron a Inglaterra (en torno al 500 antes de Cristo) y crearon las primeras sociedades britanas, las viejas piedras de Stonehenge ya llevaban ahí hincadas dos milenios.

Las llanuras que rodean a la ciudad de Salisbury concentran una de las mayores colecciones de grandes estructuras megalíticas de toda Europa. Y explorar el lugar con la atención que merece (ver iconos violetas en el mapa) requiere de tiempo y de ganas. Si te has quedado en Salisbury hay dos maneras de llegar a la gran llanura de los megalitos: la rápida por la carretera A-360 o la lenta. ¿Cuál es mejor? La lenta: el camino histórico que serpentea saltando de aldea en aldea siguiendo el cauce del Río Avon. Para ello nos ponemos a la vera de Old Sarum junto a la bonita Parroquia de St Lawrence's Church (Stratford Road) y su cementerio. Ir rápido nos quita la posibilidad de ver pequeñas joyas como esta vieja parroquia medieval.

La carretera nos va descubriendo pequeños pueblos con bonitas casas de campo, algunas cottages con techos de paja, iglesias rurales (como la bonita All Saints Church de Middle Woodford) y manor houses hasta las afueras de Amesbury, donde ya empezamos a tomar contacto con la magia de las piedras prehistóricas. Aquí nos topamos con Bluestonehenge (Salisbury Road, sn) justo en el lugar en el que el río Avon tiene su punto más próximo con el gran círculo de piedras. Y eso no fue casualidad. Los arqueólogos encontraron aquí los restos de un círculo de grandes piedras de unos 10 metros de diámetro rodeado de un foso. Las dataciones en torno al 3.000-2.500 antes de Cristo son coetáneas a Stonehenge. Y las piedras ‘azules’ que se encontraron sepultadas en el lugar también proceden del mismo lugar que las del yacimiento principal (más de 200 kilómetros).

Empezar a comprender el espacio.- Si vienes desde Salisbury, una buena idea antes de venir hasta aquí es visitar el Salisbury Museum, donde se custodian miles de piezas arqueológicas que proceden de los alrededores del gran monumento. Y después echar un par de horas en el Centro de Visitantes (A-360) antes de dejarse encantar por la atracción de las piedras. Si vienes desde Bluestonehenge pasaras junto al gran círculo y un gran campo de túmulos funerarios prehistóricos (Winterbourne Stoke East Round Barrow Cemetery) antes de llegar al centro de interpretación. Este era un lugar muy importante. Mucho. La exposición no sólo se centra en las piedras: también en todo lo que había alrededor.

¿Podemos saber lo que significa Stonehenge? De lo que parece que no hay duda es que el enorme círculo de piedra servía como un marcador solar que ayudaba a determinar el cambio de las estaciones en los últimos compases del Neolítico. Debió ser un gran centro de culto y celebración que trascendía el propio lugar ya que las famosas piedras azules que forman el círculo interior fueron trasladadas desde Gales (más de 200 kilómetros) y la gran arenisca que forma el altar central llegó desde Escocia (unos 750 kilómetros). Y fueron trasladas hasta aquí a base de brazos. Según dicen los que saben de esto, Stonehenge era un lugar trascendente para comunidades de toda la isla que venían aquí a celebrar ritos relacionados con los solsticios de invierno y verano.

Y por eso la llanura está salpicada de restos: grandes áreas de enterramiento (como Cursus Barrows un par de centenares de metros al norte del gran monumento), otros círculos (como el de Woodhenge, que estaba hecho con postes de madera), grandes avenidas que debían servir como caminos procesionales… ¿Y la gente? Para ver dónde vivían las mujeres y hombres que custodiaban este lugar debes ir hasta Durrington Walls. Aquí nos encontramos con un gran henge (estructura circular formada por un foso y un terraplén) que albergó un gran poblado. Según los expertos, aquí se concentraban hasta mil casas lo que nos pone ante una verdadera ciudad neolítica de unos 4.000 ó 5.000 habitantes. Muchos dicen que era la población más grande del norte de Europa en su época.

Dar un paseo por Amesbury.- No todo va a ser Prehistoria. Si tienes tiempo y ganas no dejes pasar la oportunidad de darte un paseo por el pueblo de Amesbury que está ahí no más al lado de la gran explanada que acoge las piedras de Stonehenge. El pueblo se articula en torno a su antigua Abadía medieval. Del complejo original, que debió ser imponente, sólo queda la bonita iglesia gótica (Church Street) y el cementerio. El antiguo cenobio se convirtió en una espectacular Manor House del siglo XVIII con jardines que se expanden hacia el Río Avon (hoy funciona como hospital).

Junto a la iglesia hay un pequeño museo, el Amesbury History Centre (Church Street), donde se custodian algunos de los restos hallados en torno a las diferentes estructuras megalíticas de Stonehenge y se presume de ser la ciudad aún habitada más antigua del país. Los restos prehistóricos también están presentes en la propia ciudad: en la calle London Road puedes ver el Túmulo funerario de Ratfyn Barrow, una tumba de la Edad del Bronce que se encuentra en el jardín de una casa (se puede ver desde la carretera).

Fotos bajo Licencia CC: Matthew Black; steve p2008; Andy Powell; Alex Healing; Keith Murray; Matt Brown