Los proveedores del automóvil instan a “facilitar” en lugar de “imponer” la movilidad limpia

La transición hacia una movilidad más limpia en Europa corre el riesgo de avanzar más rápido sobre el papel que en las carreteras. La industria de componentes y proveedores del automóvil reclama a los responsables políticos europeos que cambien el enfoque: en lugar de imponer a los ciudadanos una determinada tecnología, deberían crear las condiciones para que puedan elegirla. La asociación CLEPA, que representa a los proveedores de automoción europeos, considera que la estrategia de Bruselas no está teniendo suficientemente en cuenta las dificultades económicas y prácticas a las que se enfrentan muchos consumidores.

“Europa debe facilitar la movilidad limpia a sus ciudadanos, en lugar de imponerles esa elección mediante regulaciones”, sostiene Benjamin Krieger, secretario general de CLEPA, en un posicionamiento en el que reclama un mayor equilibrio entre los objetivos climáticos y la realidad del mercado.

La organización considera que la electrificación es una pieza fundamental de la descarbonización del transporte, pero rechaza que el aumento de las matriculaciones de vehículos eléctricos pueda interpretarse automáticamente como una prueba de que los consumidores están preparados para abandonar el resto de tecnologías. Según CLEPA, existe una brecha entre la forma en que los responsables políticos miden la transición y cómo la viven los ciudadanos.

Una nueva encuesta elaborada por YouGov para CLEPA refleja, según la asociación, que los europeos no muestran un respaldo mayoritario a una única tecnología de propulsión impuesta desde Bruselas, sino que valoran disponer de diferentes alternativas. Los consumidores contemplan distintas soluciones para su próximo vehículo y toman la decisión en función de factores como el precio, sus necesidades de movilidad, la infraestructura disponible o sus hábitos de conducción.

“Algo más que objetivos”

El debate cobra especial relevancia ante el avance de las matriculaciones de vehículos eléctricos en Europa. CLEPA recuerda que una parte importante de estas ventas procede de flotas corporativas, mientras que el consumidor particular afronta todavía barreras como el elevado precio de adquisición de muchos modelos eléctricos, la disponibilidad de puntos de recarga, el coste de la energía o las características de sus desplazamientos cotidianos.

“Los consumidores valoran la posibilidad de elegir”, subraya Krieger. A su juicio, los responsables políticos no pueden dar por hecho que los ciudadanos se adaptarán automáticamente a un calendario diseñado en función de los objetivos regulatorios europeos.

Para CLEPA, la transición necesita algo más que objetivos de reducción de emisiones. Europa debería garantizar una infraestructura de recarga y repostaje accesible, precios energéticos estables y una oferta suficientemente amplia de vehículos de bajas y cero emisiones para que la transformación sea asumible también desde el punto de vista económico.

La petición llega además en pleno debate sobre la revisión de las normas europeas de COâ‚‚ para los vehículos. La asociación de proveedores considera que este proceso debería servir para introducir mayor flexibilidad tecnológica sin rebajar la ambición climática de la Unión Europea.

“La flexibilidad impulsa la transición, no la compromete”, defiende Krieger. CLEPA reclama que las normas refuercen las condiciones necesarias para acelerar la electrificación, pero que permitan al mismo tiempo utilizar tecnologías capaces de reducir las emisiones mientras la infraestructura necesaria para una movilidad totalmente eléctrica continúa desarrollándose.

Mensaje para los dirigentes políticos

El mismo planteamiento se extiende al debate sobre los vehículos corporativos limpios. Para CLEPA, las políticas públicas deberían incentivar la incorporación de vehículos de cero y bajas emisiones, pero sin convertir la regulación en una imposición sobre la decisión final del usuario.

La asociación rechaza además el argumento de que mantener abiertas diferentes vías tecnológicas suponga abandonar los objetivos climáticos europeos. En este sentido, cita un estudio reciente de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) que plantea la necesidad de evaluar la huella de carbono de los vehículos desde una perspectiva de ciclo de vida y contabilizar las reducciones de emisiones verificables que aporta cada tecnología.

El planteamiento coincide con una de las reivindicaciones históricas de los proveedores europeos: que la regulación mida el resultado climático efectivo y no únicamente la tecnología utilizada por el vehículo. Para CLEPA, el objetivo debería ser reducir las emisiones reales y no establecer de antemano qué soluciones deben utilizarse para conseguirlo.

La asociación reclama que este enfoque sea tenido en cuenta en las próximas negociaciones europeas. Las conversaciones sobre la revisión de las normas de COâ‚‚ acumulan retrasos, aunque CLEPA considera positivo que Francia y Alemania estén trabajando conjuntamente para desbloquear el debate. Las discusiones del Consejo previstas para octubre serán, a su juicio, determinantes.

El mensaje de los proveedores llega así en un momento especialmente sensible para la industria europea. El sector se encuentra en plena transformación hacia el vehículo eléctrico mientras afronta simultáneamente una pérdida de competitividad, la presión de los fabricantes chinos y unas inversiones crecientes para adaptar sus fábricas y tecnologías.

Para Krieger, el riesgo es que Europa termine diseñando una transición que una parte de sus ciudadanos no pueda seguir. “Es una afirmación peligrosa y simplista que ofrecer opciones tecnológicas implique renunciar a las ambiciones climáticas de Europa”, sostiene.

CLEPA reclama por ello a las instituciones comunitarias que aparquen las divisiones políticas y busquen un acuerdo que combine objetivos ambientales con asequibilidad y libertad de elección. El reto, según los proveedores, no consiste únicamente en acelerar la transición, sino en conseguir que los ciudadanos puedan participar en ella.

“Las instituciones europeas deben unirse para encontrar una solución equilibrada que brinde tanto a las empresas como a los consumidores la flexibilidad y la confianza necesarias para impulsar activamente la transición ecológica, en lugar de verse arrastradas por ella”, concluye Krieger.