Los automovilistas europeos quieren más ayudas y menos prohibiciones en la electrificación
Los automovilistas europeos quieren avanzar hacia una movilidad más limpia, pero no a cualquier precio ni mediante la imposición de una única tecnología. Esta es una de las principales conclusiones de una encuesta de YouGov encargada por la Asociación Europea de Proveedores de Automoción (CLEPA), que pone de manifiesto la distancia entre el rumbo de las políticas comunitarias y las preferencias de los ciudadanos ante la transición hacia el coche eléctrico.
El estudio, realizado entre 5.221 adultos de Francia, Alemania, Italia, Polonia y España —cinco países que representan más del 70% del mercado automovilístico de la UE—, concluye que el consumidor medio rechaza las prohibiciones tecnológicas, contempla distintas alternativas de propulsión para su próximo vehículo y considera que todavía es necesario preparar mejor a los países europeos para una electrificación completa.
La encuesta ofrece una fotografía especialmente significativa en un momento en el que Bruselas prepara la revisión de los estándares de emisiones de CO₂ para turismos y furgonetas. Frente a la estrategia de avanzar hacia un parque de cero emisiones, los ciudadanos muestran una demanda mucho más diversificada. De media, la gasolina continúa siendo la opción con mayor intención de compra, con un 29%, seguida de los híbridos convencionales (HEV), con un 20%, el diésel, con un 14%, los híbridos enchufables y vehículos eléctricos de autonomía extendida (PHEV/EREV), con un 13%, y los eléctricos de batería (BEV), con solo un 8%.
Solo el 8% se decanta por un eléctrico puro
El dato más llamativo es precisamente la limitada intención de compra de eléctricos puros. Solo el 8% de los encuestados en los cinco mercados señala un BEV como una de las opciones que más probablemente compraría en su próximo vehículo, y el eléctrico de batería no es la alternativa mayoritaria en ninguno de los países analizados. Los híbridos convencionales superan a los eléctricos puros en cuatro de los cinco mercados.
Alemania constituye la única excepción: un 14% de los consumidores alemanes contempla adquirir un BEV, frente al 13% que se inclina por un híbrido convencional. Aun así, el motor de gasolina sigue siendo la opción individual más mencionada en el país, con un 34%.
La fotografía europea contrasta con el fuerte crecimiento que están experimentando las matriculaciones de vehículos electrificados. Durante el primer semestre de 2026, los eléctricos puros alcanzaron una cuota del 20,7% del mercado de turismos de la UE, mientras que los híbridos convencionales se situaron en el 37,3% y los híbridos enchufables en el 9,8%. En conjunto, los motores de gasolina y diésel redujeron su peso hasta el 29,7%, según los datos recopilados por Acea.
Los europeos prefieren incentivar antes que prohibir
La encuesta también cuestiona el respaldo social a una política basada en la prohibición de determinadas tecnologías. El 47% de los ciudadanos de los cinco mercados considera que la UE debería incentivar los vehículos de bajas emisiones, pero sin prohibir los de mayores emisiones, mientras que otro 22% cree que la Unión Europea no debería intervenir en el mercado del automóvil.
Solo un 17% respalda una prohibición completa de los vehículos de altas emisiones. Para Benjamin Krieger, secretario general de CLEPA, estos resultados evidencian una desconexión entre las decisiones políticas y las preferencias de los ciudadanos. El responsable de los proveedores europeos sostiene que los consumidores quieren vehículos más limpios, incluidos los eléctricos, pero considera que la prohibición de facto de los híbridos y otras alternativas limita sus posibilidades de elección.
Con los datos de esta encuesta, CLEPA reclama que la próxima revisión de los objetivos europeos de CO₂ permita mantener una mayor variedad de tecnologías durante la transición y dé más flexibilidad a fabricantes y proveedores.
España reclama más tecnología y menos prohibiciones
España es uno de los países donde la encuesta refleja con mayor claridad esta preferencia por una transición tecnológica abierta. Los híbridos convencionales y los vehículos de gasolina empatan como las opciones más atractivas para el próximo coche, con un 24% cada una. Les siguen los PHEV y EREV, con un 17%; el diésel, con un 14%; y los eléctricos puros, con un 8%.
El resultado encaja con el comportamiento del mercado español, donde los híbridos convencionales se han consolidado como una de las principales puertas de entrada a la electrificación, mientras que el vehículo eléctrico puro mantiene una cuota considerablemente inferior aunque creciendo con fuerza.
Pero donde España destaca especialmente es en la respuesta a la pregunta sobre qué debería hacer la Unión Europea. El 56% de los españoles apuesta por incentivar las tecnologías de bajas emisiones sin prohibir las existentes, el porcentaje más elevado de los cinco países analizados. Solo el 21% respalda una prohibición y el 13% considera que la UE no debería intervenir en el mercado del automóvil.
Tres de cada cuatro españoles no ven preparado al país
La encuesta también revela una importante brecha entre las expectativas sobre la electrificación y las condiciones necesarias para llevarla a cabo. El 75% de los españoles considera que el país no está preparado para que todos los vehículos nuevos sean eléctricos, frente a solo un 19% que sí lo considera preparado.
Los ciudadanos españoles son, sin embargo, los que muestran una mayor confianza personal en su capacidad para afrontar esa transición entre los cinco países analizados: un 27% se considera preparado para un futuro completamente eléctrico. El principal obstáculo es, con diferencia, la infraestructura de recarga. El 56% de los encuestados españoles señala la disponibilidad de puntos de recarga como una de las principales carencias, mientras que un 44% apunta a la autonomía de los vehículos y un 36% al precio.
Javier Pujol, presidente de Sernauto, considera que los resultados ponen de manifiesto la necesidad de que las políticas públicas tengan en cuenta las necesidades y la capacidad de adaptación de los ciudadanos. El responsable de los proveedores españoles defiende una descarbonización de la movilidad que mantenga abiertas diferentes alternativas tecnológicas y que priorice los incentivos a la reducción de emisiones frente al cierre anticipado de determinadas tecnologías.
El diagnóstico español coincide con el europeo. De media, un 75% de los ciudadanos de los cinco mercados considera que su país todavía no está preparado para una electrificación completa. Entre quienes perciben esa falta de preparación, el precio de los vehículos y la disponibilidad de infraestructura de recarga, ambos con un 46%, aparecen como las principales barreras, seguidos por la autonomía, con un 39%, y el coste de la electricidad, con un 35%.
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