Descubren en Teruel el primer Diplodocus confirmado fuera de Norteamérica
Un conjunto de fósiles descubierto en El Castellar, en Teruel, ha permitido identificar el primer ejemplar confirmado de Diplodocus fuera de Norteamérica. Los restos, recuperados en el yacimiento de La Tejería, pertenecen a un dinosaurio que vivió hace aproximadamente 150 millones de años y forman parte de uno de los esqueletos de diplodócido más completos encontrados hasta ahora en Europa. El hallazgo ha sido descrito por investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis en un estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology.
Hasta este descubrimiento, los fósiles atribuidos de forma confirmada al género Diplodocus procedían de la Formación Morrison, en el oeste de Estados Unidos. El ejemplar turolense cambia ese escenario al demostrar que el género Diplodocus también estuvo presente en la península ibérica durante el Jurásico tardío, ampliando considerablemente su distribución geográfica conocida.
Los paleontólogos recuperaron 14 vértebras de la cola y varios huesos conocidos como cheurones en la Formación Villar del Arzobispo. Su conservación permitió realizar comparaciones osteológicas y diferentes análisis filogenéticos, tanto mediante máxima parsimonia como a través de inferencia bayesiana. Los distintos métodos situaron de manera consistente al ejemplar dentro del género Diplodocus.
Un gigante de unos 25 metros
Entre las características anatómicas que permitieron efectuar la identificación se encuentran grandes cavidades neumáticas en las vértebras, profundos surcos longitudinales en la parte inferior de los huesos de la cola y determinados rasgos de los cheurones. Los análisis apuntan, además, a que el dinosaurio estaba estrechamente relacionado con Diplodocus hallorum.
El animal habría alcanzado aproximadamente 25 metros de longitud, unas dimensiones comparables a las de sus parientes norteamericanos. Se suma así a otros saurópodos gigantes conocidos en el Jurásico de Teruel, aunque con características muy diferentes, como Turiasaurus y Losillasaurus. Para Alberto Cobos, coautor del estudio y director gerente de la Fundación Dinópolis, este conjunto de fósiles convierte a la provincia en un lugar de referencia para estudiar la diversidad de estos dinosaurios.
Nuevas pistas sobre los viajes entre continentes
La importancia del descubrimiento va más allá de incorporar Diplodocus al registro fósil europeo. Los investigadores consideran que proporciona una de las pruebas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio de fauna entre Norteamérica y Europa a través del proto-Atlántico Norte durante el tramo final del Jurásico. El estudio sitúa concretamente esos movimientos entre el Kimmeridgiense tardío y el Titoniense temprano.
La presencia del dinosaurio en la Península Ibérica es compatible con la existencia de conexiones terrestres temporales que habrían aparecido durante fases regresivas del proto-Atlántico Norte. Esos pasos habrían posibilitado desplazamientos de fauna entre ambos continentes hace unos 150 millones de años.
El hallazgo también amplía el conocimiento sobre los ecosistemas costeros del este de Iberia durante el Jurásico tardío. En la zona donde apareció el ejemplar se han encontrado restos de saurópodos, terópodos, estegosaurios y ornitópodos, indicio de una fauna diversa. Los fósiles del nuevo Diplodocus están actualmente expuestos en la sala de dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, en Teruel, con fines de investigación futura y divulgación pública.
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