El tiempo, implacable, nos come los pies
El tiempo, el implacable -siempre Pablo- tiende a hacernos trampas. Exacto y riguroso hasta la desesperación, un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, un mes, un año. Implacable, lo dijo Milanés. Así diluvie o luzca un sol resplandeciente, los terremotos asolen países enteros, los tsunamis se coman centenares de kilómetros de costa, unos asesinos bombardeen Gaza, otros se estrellen contra las Torres Gemelas, el reloj ni se inmuta. Segundo a segundo, minuto a minuto. Tic, tac, tic, tac. Pero nuestra percepción del tiempo no es esa. Ni mucho menos. Los días se nos hacen eternos en el trabajo tedioso, pero vuelan mientras nos bañamos en la playa. Menos vueltas y revueltas, que el Ojo ha decidido hoy cambiar de vía y adentrarse en caminos abstrusos, pero todo tiene un límite y vamos a lo que vamos: habrá elecciones en 2027, porque es cuando tocan, nos anunció Pedro Sánchez hace muchísimo tiempo. Una eternidad nos pareció entonces. Pues hoy, ya ven ese trampantojo maldito del tiempo, el 2027 se nos ha echado encima y las urnas, que tan lejanas veíamos, hoy las tenemos esperando ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Reloj, no marques las horas, que tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor.
Han sido cuatro años, que digo cuatro, ocho, de asedio permanente, de guerra sin prisioneros, de napalm para borrar de la Tierra a comunistas y bolivarianos comandados por ese perro Sanxe, más bien Belcebú, esa tragedia que ha destrozado a nuestra España querida, te llevo en el alma. Esta derecha que tenemos enfrente, salvaje, despiadada, canallesca, sucia y vengativa, no va a parar en su campaña de destrucción. Cuenta para ello con los ricos del mundo, con los jueces de togas embarradas, con una prensa repugnante y un entorno mundial que favorece el sindiós de esta extrema derecha que desde Reagan ha irradiado Estados Unidos hacia el mundo, hasta llegar a esa excrecencia que se llama Donald Trump, la aberración suprema de un sistema corrupto y corruptor.
Porque quien piense que una cosa no viene atada con la otra, ya saben, aquello de los racimos, es que no sabe dónde tiene la mano izquierda y la derecha. O sea, los llamados estúpidos neutrales. Claro que no se trata de mecanicismos baratos ni silogismos de barra de bar, este manda y aquel obedece o esto pasa porque si “a” hace “b” y “b” hace “a” tiene que pasar “c”. Es todo un poco más complejo, pero quien piense que la subida estrepitosa de los neonazis alemanes de Afd no tiene nada que ver con el poderío de Trump, o que este no se retroalimenta con los Musk de este universo nuevo es que cree que existen los unicornios. Las corrientes poderosas en el mundo invierten miles de millones en arrasar a las izquierdas con todos los medios, legales e ilegales que tienen a su alcance. Y cuando no pueden lograr sus objetivos, utilizan la fuerza bruta. Hartos estamos de verlo en todo el universo y todavía nos creemos que los Reyes Magos existen. ¿Tampoco creen ustedes que las negras togas actúan en la misma dirección que Feijóo y Abascal para acabar con Pedro Sánchez, no digo si hay una relación de amo y esclavo, pero sí una evidente confluencia de intereses? Si así lo piensan, es que ustedes no son tuertos, como este Ojo, son ciegos, pero de entendederas, y desgraciadamente no tienen remedio. Desahuciados. Deberíamos pensar si la espantosa dificultad de comprensión de los alumnos que muestra el informe Pisa es culpa de los profesores o de esos padres y esas madres que no ven, ni entienden, ni quieren ver ni entender lo que tienen delante. O sea, de tales asnos, tales pollinos.
Acostumbra el Ojo a comentar, con lágrimas que ustedes no ven, los hechos que cada semana acontecen en las rúas españolas. Lo que nos llevaría hoy a volver a hablar de las negras, negrísimas togas, ese gigantesco disparate de la ley de nietos, para simplificar, o la bizarra intervención de la presidenta del CGPJ y del Supremo, Isabel Perelló, ejemplo bochornoso de una justicia más que ofuscada, además de arrogante y pendenciera. Y deberíamos guardar algún espacio, pequeñito, que la interfecta tampoco se merece más, para esa reina del vermú, Isabel Díaz Ayuso de nombre, tan proclive a los fastos de la Fórmula 1 y similares, donde puedan disfrutar todos los vips que tanto la quieren porque tanto le deben, desde el rey hasta el último cayetano. El ático, señora, el ático. O de Ceuta, claro, vergonzante y maliciosa actuación por parte del PP y Vox, primero, de la miserable Europa que hoy nos avergüenza, después, con los extemporáneos, pero significativos, exabruptos de Trump, Musk, Israel o el Aznar miserable que todos conocemos. Y de postre, qué miedo, chihuahua ladrador, García Page. Lo cual no debe ocultarnos esa guerra de Gila que hemos tenido que soportar, servicios de inteligencia que se comunican por wasap, hola, tío, soy el espía, que dice el enemigo que tengamos cuidado. Vale que se peleen los ministros, pero es que ahora están a la greña hasta los jefes de gabinete, que pronto veremos la encarnizada batalla entre conserjes de los distintos ministerios. Un horror.
Es insoportable ver pululando por las tierras ceutíes a centenares, quizá miles, de seres fantasmales sin que un Estado europeo del siglo XXI sea capaz de encontrarles techo y darles comida y aspirinas, más de un mes después de aquel nefasto 31 de julio. Ninguna entrevista de televisión, ninguna intervención parlamentaria puede librar a Pedro Sánchez del oprobio que nos acongoja ¿Que el popular Vivas protesta? Como si se opera. El Gobierno debe hace lo que corresponde y tomar las decisiones jurídicas que sea menester. Mando único y todo lo que haga falta. Sabemos de la complejidad de solucionar las corrientes de fondo, el drama universal de la emigración o las peleas geopolíticas, devolver a los marroquíes o a los senegaleses, menores o mayores, al tiempo que respetar sus derechos, pero muestren, ya, en un día, dos días, una semana, que saben cómo solucionar los problemas de logística. Es lo mínimo exigible a un gobierno eficiente. Primero, el techo, luego la política.
Pero volvamos al comienzo, que íbamos por buen camino, pero enseguida nos hemos ido de carril. Decíamos, así, a pelo, que el tiempo se nos agota. Amanecimos un día en el que quedaban cuatro años para resolver los grandes problemas de esta sociedad, digamos la vivienda. Pues ahora nos quedan, como mucho, nueve meses. Nada, lo que dura un embarazo, larga espera sin duda para la madre, pero efímera para el ginecólogo. Decía el alcalde de Nueva York, Zoran Mandami en una entrevista en El País que “La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”. Teníamos muchos problemas sociales entonces y seguimos teniendo muchos problemas sociales hoy. Y muy poco tiempo para solucionar, o paliar, cuando menos, algunos de ellos. ¿Cómo es posible que vayamos a enfrentar el último trimestre del año con la amenaza de una huelga general de médicos, con los alquileres en capas estratosféricas, con salarios siempre por debajo del coste de la vida? Ya sabemos que las fuerzas extraterrestres de las que hemos hablado, los tribunales y sus sentencias, por ejemplo, tienen vida propia, como los Alien de Ridley Scott, pero tenemos que ser capaces de encontrar salida para alguna de las crisis que nos aprietan. Y hay que demostrarlo antes de ser llamados a las urnas. O la izquierda demuestra, más pronto que tarde, nos pilla el tren, que es útil para las gentes de a pie, al tiempo que hace evidente las promesas mentirosas de la derecha o el futuro se presenta negro.
Y el Ojo, y seguro que muchos de ustedes, no quieren que pase eso. Aceleración a tope, los malos van a seguir cortando cuellos, pero los buenos tenemos que ofrecer soluciones gigantescas, espectaculares. Y saber venderlas. Ayer ya es tarde.
Y conste que el trabajo no solo le corresponde a los socialistas, aunque en primerísimo lugar, por supuesto, les corresponde a ellos. Es que la izquierda más izquierda llega en cueros, desnudas todas sus debilidades, costurones al descubierto, heridas que no han sabido cerrar en toda la legislatura. ¿No podían aprender un poquito de la marcialidad de la derecha, cierren filas, ajusten las bayonetas y a los higadillos del enemigo?
Las discusiones sobre el tamaño de las raciones, cuando hayamos ganado y tengamos algo que repartir.
Adenda. A todas esas fuerzas oscuras que nos han exprimido durante años, los consorcios económicos y multinacionales o el complejo político militar, se ha unido últimamente la apocalíptica amenaza de la Inteligencia Artificial, en manos de unos lunáticos tecnomultimillonarios, siempre aliados con esas fuerzas descomunales que ya existían. Porque se necesitan miles y miles de millones para engordar al monstruo, y como es obvio, el dinero está en las manos que todos sabemos. Malo, espantoso, terrorífico es que esa potencia casi infinita se quede en las garras de unos cuantos aventados, gentes sin escrúpulos, que si antes los genios eran tipos despistados y melenudos, hoy son listísimos hombres de negocios expertos en saberes indescifrables, pero también en cómo sacar dinero -y mucho, muchísimo dinero- debajo de esas fórmulas mágicas. Y son, también, profundamente reaccionarios. Locos, sí, pero de avaricia. Pero aún nos aterra más, se nos acaban los adjetivos, ante ese horizonte pavoroso, espeluznante, enloquecedor que se dibuja en los últimos tiempos de que sean las propias máquinas, sin control humano, quienes decidan qué, cómo y cuándo actuar.
¿Puede alguien frenar esta barbaridad? ¿Es posible alguna regulación independiente, que no esté al servicio de sus dueños? Y en esa batalla galáctica entre los señores de Estados Unidos -Trump mediante- y China, ¿tenemos las organizaciones europeas, los gobiernos de nuestro continente, algo que decir o hacer?
Y ya puestos, ¿qué pintamos en esta película de ciencia ficción usted, por ejemplo, o mismamente el Ojo?
¡Qué distinta era la vida hace 10.000 años, cuando veías al tipo cejijunto y malencarado que venía a por ti con un garrote gigantesco!
Sobre este blog
El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.
Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.
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