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Artimética y reglas

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Lo mejor de la aritmética en el universo político local es que igual que descabeza a algunos candidatos victoriosos, condenándolos a la oposición por la mera combinatoria del ábaco, sirve también para consolarse e imaginar éxitos justificados únicamente en la elucubración numérica. Como en este campo local la disciplina partidaria resulta bastante laxa, se producen unos pactos y acuerdos chuscos y peregrinos que no reflejan los que se cuecen y amasan en esferas más elevadas. Permiten, además, esas simples operaciones saborear venganzas largamente esperadas, como la de Eva Navarro en el Puerto de la Cruz, que desoyendo los mandatos de Génova, ha dado la alcaldía a la aspirante socialista, más que nada para jorobar a su enemigo de todos estos años de atrás, Marcos Brito, ex alcalde ya: una gozada para la televisiva colega, imagino. Las matemáticas valen para que un partido alardee de contar con más alcaldías que nadie (reflejo de su poderío municipal) y para que otro presuma de tener más concejales que cualquier otra fuerza (evidencia de su municipal poderío). O para que quien acaba de aterrizar en la lid, considere la releche hacerse con un ayuntamiento gracias a un mosqueante rebote o haber propiciado insólitos cambios con tan apenas ediles en la nómina de sus flamantes siglas. Vale la aritmética hasta para señalar que si todos los que se abstuvieron en Santa Cruz, hubiesen constituido una alternativa, habrían sacado 16 concejales y Zerolo no pasaría, ahora, de la media docena. Pura ficción, oigan. Lo que hay es lo que hay y Paulino y Soria se reúnen hoy mismo, sin necesidad ninguna de calculadora.

José H. Chela

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