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Blair quiere arreglar Oriente Medio

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En cuanto a Blair, sus amigos ya le encontraron empleo. El de mediador del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia) para Oriente Medio. A esta hora faltaba el apoyo de Rusia para tan alta misión de paz, aunque parece que el padre del nuevo laborismo conseguirá el puesto. Provoca estupor en los países árabes este cargo de mediador para un personaje principal en la guerra de agresión contra Irak. Mejor olvidarse, pues, de la necesaria neutralidad y el reconocimiento de las partes involucradas en cualquier conflicto. Blair acaba de declarar que su aspiración consiste en la construcción de dos Estados, el palestino y el israelí. Aparentemente, nada nuevo. Se trata de un objetivo asumido por casi todo el mundo al menos de palabra. Nelson Mandela definió en cierta ocasión a Blair como el ministro de Exteriores de Washington. Debo suponer, pues, que el mediador no se refiere a un Estado palestino independiente, como cualquier otro digno de ese nombre, sino a la ruta establecida por Israel, violando todas las resoluciones de la ONU. Si fallara esta senda, apelaría seguramente a la segunda, la aplicación lenta pero igualmente clandestina para la legislación internacional del plan conjunto de Estados Unidos e Israel. Jeff Harper cuenta que la primera opción sería la creación de un Estado palestino fragmentado, formado por cuatro cantones desconectados entre sí, tres en Cisjordania y Gaza. En esta solución de “los dos Estados”, Israel “controlaría las fronteras, los movimientos externos e internos palestinos, la zona del Gran Jerusalén, todos los recursos hídricos, el espacio aéreo, la esfera de las comunicaciones e incluso la política exterior del Estado palestino. Semejante bantustán no tendría auténtica soberanía ni una economía viable”. Este designio israelí necesita algún líder palestino capaz de tragar semejante sable. Por ahora no aparece ni puede aparecer. Si por ese motivo, o cualquier otro, falla semejante perspectiva siniestra, entraría en juego el plan Livni-Rice (Israel-Estados Unidos) que, siempre según Jeff Harper, consiste en una declaración unilateral de Estados Unidos, reconociendo a un Estado palestino provisional sin fronteras establecidas, “estrujado entre el muro, la frontera ‘demográfica´ oriental de Israel que incorpora bloques de asentamientos y el valle del Jordán, y la frontera más oriental de `seguridad´ de Israel. Los palestinos quedarían así en el limbo de un Estado provisional indefinidamente…” Estas dos perspectivas en marcha (las verdaderas hojas de ruta) colocan a los palestinos entre la peste y el cólera. Si Tony Blair trabaja como ministro de Exteriores gringo y mediador del Cuarteto, nada aceptable saldrá de su amplia sonrisa. Salvo, quizás, algunas operaciones de neobeneficencia en tierras de Palestina.

Rafael Morales

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