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Colombia, el canje humanitario

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Una fuente oficial colombiana declaró que “se tratará exclusivamente sobre el tema del acuerdo humanitario”, un canje de 10 civiles, como la ex senadora Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses del contrainsurgente Plan Colombia y 34 policías y militares capturados por las FARC en combates, por 400 guerrilleros presos. La posibilidad de concretar un acuerdo semejante en Caracas representaría una luz en medio del túnel para la salida a una guerra civil de baja intensidad que dura ya cuarenta años. De ahí las esperanzas creadas en amplios sectores de América Latina, sobre todo en Colombia, aunque todos los participantes presionados por la sociedad se muestran razonablemente cautelosos con los frutos que saldrán de la mediación de Chávez. Habrá graves dificultades por razones referidas a la situación política interna de Colombia. Uribe no está dispuesto a reconocer a las FARC como interlocutor político y dice públicamente que es imposible negociar con los terroristas. Pero, al mismo tiempo, Washington reprocha al presidente colombiano que su política de “seguridad democrática” carece de éxitos a pesar de lo caro que le está saliendo el apoyo al antes llamado Plan Colombia. Tampoco ayuda a Uribe las reticencias del Congreso norteamericano acerca del TLC y los procesos abiertos contra empresas norteamericanas instaladas en Colombia, sospechosas de haber contratado los servicios de paramilitares. Atrapado por su política, Uribe espera salir del atolladero con la ayuda de Chávez por medio de algún gesto menor respecto al intercambio humanitario y punto. Ni hablar de iniciar un proceso político nuevo. Dicho de otra manera, pasar rápidamente página y volver a la represión de siempre, punto básico de su orientación, junto a las habituales normas neoliberales en materia económica. Sin embargo, una vez desatada la tormenta de esta negociación parcial, si se cosecharan avances, tampoco cabe descartar que Bogotá se vea obligada a cabalgar el tigre. Por su parte, las FARC tampoco están en condiciones de mirar hacia otro lado ante la presión popular o desdeñar la mediación del presidente Chávez, un reconocido dirigente de la izquierda latinoamericana. Empeñarse en que el intercambio humanitario debe realizarse en territorio colombiano en una zona de “despeje”, es decir desmilitarizada y durante un período de tiempo, como condición para concretar esta iniciativa, equivale a enrocarse al estilo Uribe. Este presidente no está dispuesto a aceptar a las FARC como interlocutor político, ni facilitar zonas de despeje dentro de Colombia, ni que los previsibles guerrilleros liberados rechacen el compromiso de renunciar definitivamente a las armas. Tanto las FARC como Uribe esperan algún avance con la mediación del presidente Chávez. O culpar a su adversario político del posible fracaso. Ya veremos lo que sucede durante los próximos días. Cualquier progreso hacia la paz recibirá el reconocimiento del pueblo colombiano.

Rafael Morales

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