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Demasiados enigmas para tan sólo una autora y una Reina

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Es más, algunos pensamos que se trata de un recurso demagógico y, por consiguiente, populista en el peor sentido del término. O también se podría imaginar que a Urbano le interesa por razones obvias ?de dinero, de éxito y de fama- que la Reina hable con ella por los codos en torno a asuntos vinculados en definitiva a la política de la que la Corona ha de estar formalmente aparcada.

Límites a la libertad

La libertad de expresión tiene sus límites. Yo le recordé en el debate a Urbano que los militares en activo ?sobre todo los de mayor rango- ni pueden ni deben pronunciarse sobre cuestiones políticas. Esa restricción va asociada a su trabajo y a su sueldo. Y si no, que se lo pregunten, por ejemplo, al ex general Mena, el cual fue sancionado por el ministro de Defensa, José Bono, tras un discurso en Sevilla muy crítico con la política autonómica del Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero.

Jueces, médicos y sacerdotes

Les ocurre algo similar a los jueces. Han de medir en público sus palabras y sus escritos para no incurrir en incompatibilidad a la hora de emitir una sentencia. En el Tribunal Constitucional ha habido recientes conflictos exactamente por esta cuestión. Lo mismo cabe decir de los médicos. Su secreto profesional les insta a no divulgar cosas que ellos conocen por su profesión y que podrían interesar a la opinión pública. Vale asimismo el ejemplo para los sacerdotes católicos, que no están autorizados a divulgar ?bajo ninguna condición- aquello de lo que se enteran en el confesionario.

La jerarquía eclesiástica y la política

Como causa escándalo a muchos creyentes, y no creyentes, que la jerarquía de la Iglesia se entrometa en la política tomando partido ?de forma explícita o implícita- por una u otra opción, máxime cuando la costumbre tradicional y mayoritaria de no pocos prelados es respaldar a la derecha y boicotear a la izquierda. Es decir, que la libertad de expresión ?a la que se acogen también obispos y cardenales- es un artilugio retórico que enmascara la nada cristiana (de Cristo) connivencia entre el poder político conservador y el poder teóricamente espiritual.

El plumero

O sea, que Urbano hace trampa ?aunque se le ve fácilmente el plumero- cuando invoca la libertad de la Reina para decir lo que le dé la gana. Sostiene que no hay ley que se lo impida, pero este problema no es un contencioso jurídico o legal, sino que se resuelve aplicando el sentido común democrático. O el sentido de Estado, inherente a la mujer de quien es el Jefe precisamente del Estado. Como lo ha hecho precisamente Sofía de Grecia desde la transición hasta aquí, a pesar de algunos deslices graves ?referidos al general Franco, al que definió con inexcusable benevolencia-, que generosamente la ciudadanía le perdonó.

Los Reyes no votan

No olvide Urbano, sin embargo, que es norma no escrita en ningún lado, pero sí aplicada desde los primeros comicios democráticos de 1977, que ni el rey ni la Reina acudan a votar para evitar la sombra del partidismo. Este gesto es otra forma de hacer entender a la Reina que su silencio es bien visto por el conjunto de la sociedad española y, en cambio, sus incursiones políticas son rechazadas. Por cierto, yo les propongo que lo continúen haciendo así, pero que vayan a votar exhibiendo una papeleta en blanco.

Una ciudadana más

Ahora bien, si quiere ejercer su libertad de expresión, la Reina no tiene más que abdicar de su estatus actual, dejar de ser oficialmente la Reina de España, abandonar los privilegios propios de su altísimo cargo, aun como consorte, que pagamos todos los españoles a través de los presupuestos generales del Estado y convertirse en una ciudadana más.

Secreto profesional

Los militares que prefieran la libertad de expresión a su carrera castrense que hagan lo mismo. Y los médicos. Y los sacerdotes. Y también los periodistas, a los que se nos recorta la libertad cuando nos vemos obligados a no narrar lo que se nos ha dicho off the record, confidencialmente o nos hemos de amparar en el secreto profesional para no delatar a nuestras fuentes.

La larga marcha hacia la Monarquía

Por lo demás, y sin restar responsabilidad a la Reina en lo sucedido, los ciudadanos tendríamos que saber las razones de que unas conversaciones de semejante naturaleza no fueron grabadas o por qué el entorno de la Reina dio el nihil obstat al libro en menos que canta un gallo. Habría que recordar asimismo el relevante papel que tuvieron los prohombres del franquismo vinculados al Opus Dei ?con Laureano López Rodó como jefe de filas- a la hora de convencer al dictador, con la ayuda del almirante Carrero Blanco, que el mejor candidato era Juan Carlos I. Basta con leer La larga marcha hacia la monarquía, escrito y publicado por López Rodó en 1977.

De rebote

¿Ha defraudado el Rey -con su comportamiento como monarca constitucional- a los sectores del catolicismo más tradicional o integrista, que son los que conectan especialmente con los dos últimos Pontífices, y algunos están con ganas de pasarle cuentas? ¿El Opus Dei y los Legionarios de Cristo, entre otras organizaciones, han contribuido desde la sombra a este jaque al Rey, aunque parezca de rebote? Demasiados enigmas para tan sólo una autora y la soledad de una Reina.

* Enric Sopena es director de El Plural

Enric Sopena*

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