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Hora de verdades por Antonio Castellano

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El archipiélago canario forma parte geográfica del continente africano a pocas millas de su costa. En Canarias, de vez en cuando, descubrimos, como el buen salvaje, que somos “archipiélago atlántico y ultraperiférico”, pero nunca reconocemos que, también, somos africanos. Tal vez, ese desenfoque origine los arrebatos de racismo que despachan algunos aticanos y sus profetas. Sabemos, sin embargo, que el continente próximo forma parte del mundo de la miseria, la discriminación, el hambre, la superpoblación, la esclavitud, la epidemia, la corrupción y las guerras más crueles. Todos los males se concitan para convertirlo en el continente de la desesperanza y el olvido. Cuando se les colonizó sin piedad, nos interesó por sus materias primas. Cuando exigieron libertad, justicia y dignidad, les abandonamos. Otros vienen hoy a simular que los liberan. China les invade sutilmente, gana una posición estratégica en el Atlántico, se garantiza el suministro de petróleo y cierra contratos con varios países por el 30% de su producción petrolera para 35 ó 40 años. Tardíamente, Estados Unidos se interesa por dichas riquezas e intenta colonizar económicamente la costa occidental africana por una mera operación de comercio global, olvidando la miseria del interior desahuciado y cualquier compromiso con su desarrollo. Ambos colosos podrían chocar en ese terreno de competición. Cabe imaginar que, esquilmada en veinte o treinta años, África volverá a quedarse sola y aún más empobrecida. Por si algo faltara, en los países musulmanes, al sur del Mediterráneo y el Sahel, el radicalismo islamista y salafista, progresa veloz en su amenaza omnidireccional. La información fiable afirma que la zona constituye un vivero para Al Qaeda. Y Canarias aquí anclada al paralelo 28º. En España vivimos un momento en que confluyen la buena marcha de la economía y una artificial tensión política inducida y potenciada por quienes parecen desear el retorno al aislamiento, la peculiaridad y la excepción en el contexto abierto y democrático de Europa. Ya lo fuimos muchas veces en nuestra historia moderna y de ahí, de nuestra ausencia montaraz, vienen nuestro retraso, nuestro desinterés por la ciencia y la investigación: perseguimos el pensamiento Barroco, rechazamos la Ilustración y, mientras Europa montaba la red ferroviaria, nos entreteníamos con disquisiciones dinásticas. Hoy, por fortuna, somos un país en creciente modernización, preparado para vivir en el progreso, la libertad, la democracia y situado entre los más avanzados. Nos suicidaríamos si no remontamos dificultades transitorias y utilizamos la inteligencia, la generosidad y la grandeza de miras para seguir adelante, en esta época ilusionante y complicada. Todos hemos de colaborar en esa tarea común. Somos un pueblo joven, responsable y preparado para resolver en paz cualquier problema. Por españoles, los canarios somos, también, europeos de pleno derecho y nos afectan los avatares y crisis de la Unión Europea que, ampliada con tanta torpeza, sufre uno de sus peores momentos. Europa, escasa en líderes convencidos y convincentes, encallada en la mediocridad, la tibieza de convicciones y confusa en la definición de su futuro, es incapaz de establecer políticas únicas de energía, medioambiente, fronteras, emigración, seguridad y tantas otras. La implementación del Frontex que debiera protegernos de la inmigración ilegal y salvar vidas humanas es un clamoroso espectáculo de racanería e ineficacia. Perdidos en alta mar, aunque miembros de la Unión Europea, Canarias debe aspirar y reclamar mayor integración en la realidad comunitaria como garantía de protección y vinculación a un sistema de principios y normas, dentro de un espacio económico y de relaciones internacionales al que pertenecemos por cultura, idioma y tradiciones. Ello es tan decisivamente prioritario en la perspectiva de que, como afirman los expertos y avalan los datos, en el siglo XXI, el Mundo se centrará en el océano Pacífico, flanqueado por América del norte y el sur y, enfrente, el continente asiático con China, Japón, India y la misma Rusia, quedando Europa en la periferia excéntrica. Canarias permanecerá donde siempre estuvo y necesitará, más que nunca, su anclaje en el Continente Europeo como parte de España. Lástima que convivamos en las “islas de la fortuna” donde, según Erasmo de Rotterdam, nació la locura y donde algunos tremolan la bandera separatista de las siete estrellas verdes. Así ratificamos la querencia por el esperpento, la autocomplacencia, la lejanía y el enclaustramiento como negación autista y autárquica de un mundo cada vez más interrelacionado. Los datos expuestos presentan la palmaria realidad que debemos conocer, vigilar y escrutar sin descanso. Son las verdades del barquero. ¿Las tenemos en cuenta aquí, en Canarias? ¿Interesan a los políticos y agentes sociales? ¿Nos preocupan a todos? En cualquier caso, nos va la vida en ello.

Antonio Castellano

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