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Mercedes los une

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Los políticos, da igual el partido, se parecen muy mucho a cualquier mortal. Su meta en la vida es ser feliz y para ello es fundamental tener dinero y propiedades. Siempre hay algún asceta que se conforma con una vida más espiritual, pero por lo general los políticos no le hacen ascos a la materialidad.

Resulta curioso comprobar cómo en la declaración de bienes de los consejeros del Cabildo de Gran Canaria hay afinidades y coincidencias de gustos entre los de derecha y los de izquierda, entre los nacionalistas y los de centro. Casas, apartamentos y coches de alta gama son transversales a las ideologías.

Es normal que a la gente le guste vivir bien y los políticos no tienen que ser una excepción. Los hay que no tienen coche y también los que son propietarios de cuatro. Es conmovedor ver cómo un político de izquierda puede tener cosas en común con uno de derecha. Por ejemplo, compartir coche. Me refiero a la marca, no al mismo vehículo. Hasta ahí podíamos llegar. Lo de compartir el mismo coche o ir en guagua es cosa de pobres. Lo de Bla Bla Car solo es para los menesterosos. Además del suyo particular, los políticos tienen coche oficial de alta gama para distinguirse de los demás mortales.

Da cierto morbo comprobar que una política de izquierda tiene el mismo gusto que una de derecha a la hora de elegir el coche. El BMW es el que manda entre los políticos del Cabildo grancanario, aunque también es de su querencia el Mercedes o el Audi, que tampoco están nada mal. No leí que ninguno tuviera un Smart o un Opel Corsa, que eso es para la plebe.

La condición humana nos asemeja a todos, incluso en la categoría de los políticos. Es raro ver a una política de Podemos y a otra del PP compartiendo gustos automovilísticos por el Mercedes (si tú me dices Benz lo dejo todo). O a un político de NC con cuatro coches y a otra del mismo partido con ninguno. O a un político del PSOE con el mismo número de coches, tres, que otro de Unidos por Gran Canaria.

No es que en esto los hombres públicos y las mujeres públicas se parezcan mucho a los futbolistas acaudalados, que siempre van a su lugar de trabajo en Lamborghini o Porsche aunque quieran emularlos. Por lo pronto, a los políticos aún no les ha dado por tatuarse los brazos o el torso ni por hacerse esos peinados tan estrafalarios y esos cortes de pelo tan ridículos, aunque todo se andará. Tiempo al tiempo.

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