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Propósito de enmienda

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Bien mirado, en esta época –la que va de los últimos días de un año a los primeros del siguiente- los buenos propósitos y los propósitos de enmienda, que es uno de los requisitos para que un sacramento determinado funcione, el de la confesión, son los protagonistas de nuestras expectativas vitales, a pesar del laicismo imperante y tal. Vamos –o eso nos proponemos- hacia cambios positivos y nos disponemos a evitar errores pasados. Un propósito de enmienda le vendría estupendamente al PSOE tinerfeño, que era a lo que iba, a pesar del preámbulo. Un partido que acaba 2006 sumido, como siempre, en la trifulca interna y en un disenso suicida si tenemos en cuenta lo cercanas que se encuentran las elecciones locales y autonómicas. En esta oportunidad, la bronca, la polémica doméstica y la confusión han surgido a cuenta del caso Las Teresitas, pero nadie se ha llevado una sorpresa. La gente está habituada a que los socialistas de Tenerife se den de tortas y no se pongan de acuerdo jamás, ni siquiera en tiempos preelectorales, para satisfacción y regocijo de sus competidores políticos. En esta ocasión el metedor de pata de turno ha sido el secretario general de la agrupación local de Santa Cruz, Florentino Guzmán Plasencia que, con un entusiasmo digno de mejor causa y con una visión auténticamente cegata de lo que conviene a su partido, ha salido a la palestra de los medios informativos para defender públicamente la actuación del grupo socialista municipal de entonces en la operación-pelotazo que ahora se encuentra en trámites judiciales. Don Florentino, al parecer, ni siquiera consideró la posibilidad de que, desde otras instancias de la fuerza política a la que pertenece, le fueran a llover críticas, como así ha sucedido, o que fuesen a descalificarle y desautorizarle abiertamente. La insensatez del secretario local ha provocado un nuevo cisma en el seno del PSOE insular y ha puesto, una vez más, en evidencia su desunión y la existencia de facciones -¿y de intereses? – contrapuestos en el partido que mosquean terriblemente a sus posibles votantes y que genera una natural desconfianza en el electorado. El enemigo no podría haberlo hecho mejor. Y acaso Guzmán Plasencia sea, en realidad, un enemigo a batir. O a expulsar lo antes posible. Aunque el daño que ha inflingido a los candidatos socialistas a la alcaldía de la capital chicharrera en los próximos comicios se le antoje a uno ya irreparable. Todos lo hacemos, ya digo. Nos fijamos metas y nos hacemos promesas para el año nuevo por estas fechas. Pero, el propósito de enmienda del PSOE debiera ser, desde ya, serio, profundo y verdadero, si es que pretende comerse alguna rosca en las urnas que vienen. Fijarse como objetivo la coherencia, por lo visto, es para esta gente y en estos lares, algo tan banal y prescindible, a la hora de la verdad, como para cualquier hijo de vecino proponerse dejar el tabaco.

José H. Chela

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