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Rakkautta & Anarkiaa 2010 (I)

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En la edición de este año 2010, y como viene siendo habitual, hemos podido disfrutar de una inmejorable selección de cine contemporáneo en algunos casos alejado de los convencionalismos que marca el mercado y, en otros, ofertando películas de distribución mundial, pero igualmente válidas.

Todo lo anteriormente dicho se puede encontrar en una película tan sobresaliente como lo es Scott Pilgrim vs. the world, basada en la obra gráfica de Brian Lee O'Malley (Onni Press). La película no sólo bebe intensamente de la obra gráfica ?en algunos casos llega a reflejar muchísimas de las páginas dibujadas por O'Malley- sino que la eleva a un escalón superior, gracias al trepidante ritmo al que el director, Edgar Wrightin (Shaun of the Dead) dota a la narración cinematográfica. Además, el acertado casting, encabezado por Michael Cera, Mary Elizabeth Winstad y Kieran Culkin, da una inmejorable réplica a los personajes gráficos, aportándole la tridimensionalidad que la obra gráfica no tiene. El resultado es una comedia adolescente, con tintes de viaje iniciático para los protagonistas, algunas gotas de humor negro y un desparpajo a la hora de plantear las secuencias que recuerda a las propuestas de la cadena MTV de antes. Y es que, al final, en Scott Pilgrim vs. the world hay amor ?siempre que dejan tranquilo al pobre protagonista- y anarquía, mucha anarquía.

El amor y la anarquía también son las señas de identidad de Untitled. Ácida, pero muy bien escrita, interpretada y dirigida, Untitled pone en tela de juicio muchos de los dogmas y las zarandajas que rodean al mundo del arte contemporáneo. Es más, una de las cosas en las que más incide el sensacional guión de Catherine di Napoli es en los buenos relaciones públicas que tiene el mundo del arte ?personificados en los galeristas- y la ausencia de dichos personajes en el mundo de la música alternativa o experimental. Resulta muy curioso ver cómo una chincheta clavada en una pared se considera una obra de arte, o cómo una vaca disecada, adornada con collares de perlas y colgada del techo, representa el epítome de la creación artística, y cómo se rechaza una música basada en sonidos, ruidos, silbidos, sensaciones, los cuales pueden ser iguales de ridículos y cargantes como la mencionada vaca.

Lo mejor de todo es que el guión de Catherine di Napoli y Jonathan Parker respeta el amor y la anarquía que existe en la mente de todo creador, sobre todo en el proceso que conduce a la creación. No es casualidad que una de las secuencias más brillantes de la película, protagonizada por el actor Adam Goldberg, sea aquella en la que se sumerge en la composición de una determinada pieza musical. Quizás sea por esto, tal y como me comentó la propia Catherine di Napoli después del pase de la película, que la película fue bien recibida por el ambiente artístico de la ciudad de Nueva York, pero no gustó lo más mismo a los galeristas de la mencionada ciudad.

El caso de Summer Wars, película ganadora del premio Finnkino, el cual asegura su distribución en todo el territorio finlandés, es similar, en algunos momentos, a Scott Pilgrim vs. the world sobre todo por el interés del protagonista masculino por conquistar a la protagonista femenina. Como no podía ser de otra forma en una película de animación producida por el celebérrimo estudio MadHouse, el componente tecnológico, en este caso un sitio web con redes sociales ?el cual deja chico a Facebook- ocupa buena parte de la narración.

Sin embargo, en Summer Wars las relaciones personales, sobre todo aquellas que se relacionan alrededor de la matriarca de la familia, terminan por ser más importantes que los problemas que la anteriormente mencionada red social tiene a causa del protagonista.

El premio concedido por los espectadores es una justa recompensa a una de las mejores películas de animación vistas en los últimos años.

En Suomalainen, el amor de sus dos creadores, Eric Hynynen y Saija Holm, se convierte en el acicate perfecto para machacar inmisericordemente a uno de los problemas que más castiga a este país nórdico. En cuarenta y seis segundos, y contando con dos muñecos y un escenario nevado, el problema del alcoholismo y sus consecuencias en las personas que lo sufren o son testigos de ello queda reflejado con una crudeza inaudita. Si alguien piensa que en Finlandia no son capaces de ser críticos con el sistema, Suomalainen dice todo lo contrario.

Una sensación parecida a la que te sacude cuando ves Suomalainen es aquélla que te queda tras los setenta y ocho minutos que dura la película de Sylvain Chomet, The illusionist. La película de animación de Chomet, basada en el guión del propio Chomet y el genial Jacques Tati, es todo un canto al amor desinteresado, y una vacuna estupenda para todo aquel que se quiera meter en el mundo de la farándula y el espectáculo.

Brillante, pero deprimente a matar en muchos de sus momentos, la película supone todo un homenaje a la figura del desaparecido Jacques Tati y una muestra más de la capacidad que tiene el cine de animación para contar historias muy, pero que muy adultas, por mucho que algunos se empeñen en negarlo.

Eduardo Serradilla Sanchis

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