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Terrorismo en cadena

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Un país destruido por ejércitos extranjeros como Irak saldrá del túnel cuando las fuerzas de ocupación lo abandonen, al tiempo que los iraquíes se dan plazos a sí mismos para negociar un acuerdo político que incluya todas las tendencias y reciba el respaldo internacional. Tal compromiso roza la utopía, cierto, aunque mantener la otra utopía de reconstruir Irak bajo la ocupación asegura la agonía sin fin de millones de personas, poniendo en peligro la existencia misma de Irak como Estado. Y espolea ataques terroristas indiscriminados. Al Qaeda carecía de presencia en Irak antes de la guerra. Hoy cuenta con muchos militantes, perjudicando a la resistencia contra los gringos y sus agentes locales instalados en Bagdad. Dicho rapidito, no habrá reconstrucción sin la salida previa de Estados Unidos. Si Bush merece un juicio por crímenes de guerra se debe, entre otras razones, a que allí sigue contra la voluntad del pueblo iraquí y de los ciudadanos estadounidenses.

Una bomba, al parecer manejada a control remoto, acabó en Líbano con la vida del Francois al Hajj, el militar que asumiría la jefatura del ejército si otro general, Michel Suleiman, hubiera llegado a la presidencia de un país que carece de jefe de Estado. Las negociaciones sobre la candidatura de Suleiman iban desarrollándose hasta este atentado terrorista. Alguien está interesado en cargarse la paz leve. Siniora acusará a Siria que, por su parte, ya señaló a Israel como responsable del ataque. Vale recordar que en el destrozado tablero del Gran Oriente Medio estadounidense, Líbano fue objeto recientemente de la agresión israelí y que Hezbolá se ha convertido en una fuerza política nacional sin cuyo concurso la estabilidad tampoco llegará a consolidarse. Dicho rapidito, conviene que potencias mayores y menores saquen sus manos de Líbano, que bastante tiene con reconstruir lo destrozado por los bombardeos de Ehud Olmert y recuperar la convivencia.

¿Y Argelia? ¿Cómo ha logrado instalarse allí Al Qaeda? El moderado Frente Islámico de Salvación (FIS) ganó en 1991 la primera vuelta de las elecciones. Los militares y el FLN forzaron que el presidente Chadli Benyedid suspendiera la segunda. Estados Unidos y Europa apoyaron furtivamente el autogolpe palaciego porque "la democracia desaparecerá si el FIS triunfa", decían. Sin embargo, fueron los líderes de Argel quienes reventaron, hasta hoy, cualquier esperanza democrática. El estado de excepción primero y la persecución de quienes protestaban por haberle robado el resultado de las urnas después, provocaron una guerra civil larvada con resultado de 200.000 muertos.

Las parodias electorales posteriores no ocultaron ese hecho, como tampoco están en condiciones de esconder la lamentable situación social del país dirigido por burócratas convertidos en potentados jeques al calor de la exportación del gas que necesita Europa. Dicho otra vez rapidito, Argelia reúne condiciones suficientes, un excelente caldo de cultivo, para el aterrizaje y crecimiento de los terroristas de Osama Bin Laden. La pretensión del presidente Abdelaziz Buteflika, según la cual el terrorismo argelino tiene un carácter "residual", no la secunda casi nadie. Tampoco muestra Buteflika disposición a que la población exprese su voluntad política en unas elecciones democráticas constituyentes y sin exclusiones, única opción antiterrorista con algún futuro. Creo.

Rafael Morales

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