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Las alcaldadas de Lucas

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El alcalde satauteño me sorprendió con su respuesta, me dijo que él estaba dispuesto a acudir a la emisora, pero "necesito que tu jefe me deje tranquilo un tiempo, porque casi todos los días me da leña en el periódico". Le dije que, al margen de lo que publicara el periódico sobre su gestión, los micrófonos de El Correíllo lo esperaban, que incluso podía aprovechar la entrevista para criticar a canariasahora.es , que por nuestra parte no existía veto a nadie del PP, ni del Frepic-Awañac, faltaría más. Un mes después de aquel encuentro llamé al responsable de prensa de Santa Brígida. El periódico llevaba tiempo sin criticar a Lucas Bravo de Laguna y el alcalde satauteño (como buen lector de este diario) lo sabía. Por eso pude cerrar una fecha para la entrevista.

Pero se me olvidó un detalle, no le pedí a Carlos Sosa que "dejara tranquilo" a Bravo de Laguna. En realidad no se me olvidó, simplemente renuncié a un propósito imposible, uno no puede censurar a su jefe. Tres días antes de la fecha concertada para la entrevista canarias ahora dedicaba varios tops secrets al alcalde satauteño, el jefe de prensa me llamó y me dijo que se suspendía la entrevista. Así pasó más de un año y hace unas semanas volví a encontrarme con Lucas Bravo de Laguna. Volví a invitarlo a la radio. Me puso la misma condición.

Llamé a su jefe de prensa y cerramos la entrevista para la semana que viene. Pero el pasado lunes Carlos Sosa volvió a las andadas. Se le ocurrió publicar que el señor alcalde quiere controlar qué libros se leen en los locales municipales. La información contaba la respuesta del primer edil a un club de lectura que solicitaba un local público para hablar de libros. El ayuntamiento les daba permiso pero advertía "para las otras fechas planteadas debe comunicar con unos días de antelación los temas a debatir y los nombres de las personas". Unas horas después de la publicación de esa información me llamó el responsable de prensa: "el alcalde dice que suspende la entrevista, que no irá a la radio, no explicó por qué pero supongo que por lo que publican hoy".

A Bravo de Laguna no le gustó que este periódico contara su última alcaldada. El ayuntamiento está obligado a controlar a quiénes deja los locales municipales. Lo hacen todos los municipios. Ya lo estaba haciendo: un representante de un club de lectura pide la llave de un local y, si está libre se le deja. El representante de la asociación sabe que se hace responsable de lo que ocurra dentro del local. Pero lo que pretende el alcalde es otra cosa: quiénes se reúnen y de qué van a hablar. Unos días La Provincia se hizo eco de la información. El alcalde declaró a Cristóbal Peñate que "tengo que saber lo que van a leer por si es un libro porno". Lucas Bravo de Laguna no desmintió sus deseos inquisidores, pero dijo que sospechaba que La Provincia había iniciado una campaña en su contra por ser hijo de su padre.

Mientras pedía a su secretaria que exigiera a la identificación de todos los que quieran leer en "mi casa" (sic), el alcalde mandaba al servicio de limpieza a retirar los 35 carteles que anunciaban en las calles del pueblo el estreno del documental "La memoria interior". Debe ser que también considera que sus vecinos no sólo no tienen derecho a leer y comentar los libros que les de la gana, sino que tampoco deben ver documentales sobre la represión franquista. Con los problemas que tiene Santa Brígida en materia urbanística, con el mamotreto levantado en contra de la legalidad vigente, con los casos de corrupción municipal pendientes de juicio, que el alcalde se dedique a controlar lo que leen los vecinos demuestra el talante de un personaje que se ha convertido en el alumnos más aventajado del presidente de su partido.

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Juan García Luján

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