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Que no calle la Negra Sosa

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Doña Ema no veía muy bien que su hija se dedicara al mundo de la música. Los artistas, ya sabemos, son gente de mal vivir. Por eso Mercedes llegó a entrar en la Escuela de Comercio. Pero el destino de Mercedes no obedecía al gusto de su mamá, desde el mismo día que don Tucho fue al registro civil y la inscribió como Haydée Mercedes, ignorando que doña Ema le había pedido que le pusiera Marta. Fueron muchos los que animaban a la muchacha para que subiera a los escenarios. Así, casi sin darse cuenta, se vio Mercedes Sosa entre Carmona, Bernal, Navarro? Todos le buscaban o escribían canciones a la Negra. Con 21 años se casó con el músico Oscar Matus. Se fue a Mendoza y allí con el Movimiento Nuevo Cancionero se comprometió a hacer la música con el pueblo.

Lo dijo ella misma: Aprendí viviendo lo que significaban las palabras de las canciones. Fue una vida con muchas dificultades. Vive en Mendoza con su primer marido. Luego marcha a Buenos Aires. Nuevo amor, el también músico Francisco Pocho Mazzitelli, el hombre que la anima a llevar su música fuera de las fronteras argentinas. Con los militares en el poder, Mercedes Sosa siguió cantando las penas que pasaba el pueblo, por eso la detienen en un concierto junto a parte de su público. Viuda, con un hijo, se exilia a Europa. España, Francia y Alemania fueron sus casas. En España participa en actos del Partido Comunista, la Pasionaria la abraza después de escucharla cantar al Jardín de la República . En 1984, según cae la dictadura militar regresa a su pais. La negra ya es un mito, reconocida en el mundo.

Un mito que no renuncia a cantar a la gente sencilla, a las manos de su madre, a Carito, a Alfonsina Storni, un mito que regresa como la cigarra, que reconoce que todo cambia menos el amor por su Tucumán y su gente, aunque el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos la voz de La Negra sigue uniendo a los latinoamericanos en la canción con todos: todas las voces, todas las manos todas, toda la sangre puede ser canción en el viento?

La vi por primera vez en la plaza de Toros de Bilbao. Era un concierto de Joan Baez, la Negra participó como artista invitada. Sólo fueron 6 ó 7 minutos, pero aquella voz llenó toda la plaza. Luego la disfruté en Vecindario, en el Espal. Sus conciertos eran un recorrido por las penas y las alegrías de los latinoamericanos. Siempre mostraba su alma tucumana, el paisaje donde el pueblo argentino declaró su independencia. Esa foto de la Negra en el ataúd con la boca cerrada que hoy aparece en los periódicos de todo el mundo, esa foto es un mazazo a millones de corazones que latieron en el mundo al ritmo de su voz. La Negra, que tantas veces nos emocionó con sus canciones, se calla ahora. Ella, que sabía que si se calla el cantor calla la vida. La Negra, que nos enseñó que debe el canto ser luz sobre los campos, iluminando siempre a los de abajo. Que no calle la Negra Sosa porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime. Ella no supo de agachadas y no calló jamás de frente al crimen? No, no podés callar, Mercedes, no permitiremos que muera de espanto la esperanza, la luz y la alegría...

Juan García Luján

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