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La corrupción política, Blair y Sarkozy

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Los abogados políticos de la burguesía están bien pagados y mejor blindados, especialmente cuando acceden a altos cargos. Pero tienen la obligación de mantener limpia la institución que representan. O aparentarlo. Cuando el pecado resulta imposible de ocultar ante la opinión pública, pierden el favor de sus jefes porque ponen al descubierto las miserias morales del sistema. A veces, les colocan en el pecho una medalla por los servicios prestados antes de mandarlos a casa, salvando así el prestigio y la credibilidad de las instituciones. O eso suponen. A Tony Blair lo vienen rondando desde que parlamentarios escoceses y galeses denunciaron al partido laborista por entregar título de Lores a multimillonarios plebeyos que le financiaban las campañas electorales. Como debe protegerse al jefe y sobre todo el honor del cargo, el interrogado por la policía en varias ocasiones ha sido un tal Levy, el jefe de las finanzas laboristas, quien además juega frecuentemente al tenis con su amigo Blair. La investigación continúa porque las pruebas parecen sólidas, al menos en el caso del millonario Sir Christopher Evans. Por ahora, Blair comparece en calidad de testigo, aunque los ciudadanos británicos tienen motivos para dudar sobre la integridad del primer ministro. Si Bush puso por delante la cabeza de su secretario de Defensa por la catástrofe iraquí para salvar la suya, Blair podría estar usando idéntico truco con la testa de Levy. Siempre hay gente dispuesta a sacrificarse por el bien de la democracia. El ministro del Interior gabacho, Nicolas Sarkozy, tendrá que dejar pronto el cargo para presentarse a la presidencia. Pero antes, según informaciones periodísticas, está señalado como un bribón que usa el cargo con la finalidad de espiar a la aspirante socialista Ségolène Royal, a su compañero Francois Hollande y al equipo que impulsa la candidatura. Entre ellos a Bruno Rebelle, ex director de Greenpeace en Francia. Sarkozy manejaría a los agentes de los Renseignements Généraux (RG). Los datos útiles para desprestigiar a Royal o a su entorno aparecerían después publicados. El acusado lo niega porque su ambición política correría peligro si queda demostrado que los RG cambian su función de realizar informes sobre personas peligrosas para la seguridad nacional por otra. El candidato rechaza la renuncia que exige la oposición, y no sólo porque el cargo le venga de perlas para espiar a su contrincante. El sucesor podría investigar una denuncia según la cual la empresa luxemburguesa Clearstream recicló dinero de varias personalidades. Entre esos personajes aparece un tal Sarkozy. Este es el aspirante a la presidencia de Francia que pide ética al capitalismo y presume de defender supuestos valores morales monopolio de la derecha, eso dice, como “el trabajo, el respeto y la responsabilidad”. Excelente.

Rafael Morales

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