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Las manos de mi pueblo

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Las manos de mi pueblo amanecieron hoy limpiando las playas de mi ciudad, después de trabajar toda la noche, para poder llegar a fin de mes y cobrar 600 euros. Un esfuerzo que sirve para que el ayuntamiento de mi ciudad destine cada mes varios millones de euros a la empresa que paga la nómina a los dueños de esas manos. Una empresa con mucha suerte, que ganó casi todos los concursos a los que se presentó en este ayuntamiento, pero también en otras instituciones gobernadas por los grandes partidos. Unos partidos políticos también muy afortunados, que cada campaña electoral reciben el apoyo económico de las empresas que tienen la suerte de ganar los concursos que convocan las instituciones públicas.

Las manos de mi pueblo amanecieron hoy agarrando el volante de un taxi, o abriendo una pequeña tienda, o cargando un saco de pan para repartir a otras manos que cada semana se esfuerzan cuarenta horas o más para cobrar al final de mes setecientos euros, o mil o mil quinientos. Manos de trabajadoras y trabajadores que pasan la última semana del mes mirando la cuenta corriente para ver si les ingresaron la nómina. Manos que después de soltar el volante, cerrar la tienda o repartir el saco de pan tienen que cuidar a un hijo discapacitado, o a un padre con Alzheimer, o a una madre que no puede caminar. Esas manos siguen sin recibir las ayudas de la Ley de Dependencia, en unos casos porque el ayuntamiento no ha realizado los informes que necesita el gobierno canario, en otros porque el ejecutivo no se ha molestado en agilizar los informes o formar al personal tramitará las ayudas.

Las manos de mi pueblo también son las de las enfermeras, auxiliares o médicos que trabajan en los hospitales canarios. Manos que se esfuerzan rotando turnos por salarios que en la mayoría de los casos se acercan a los mil euros. Manos que muchas veces no pueden ofrecer las pruebas diagnósticas que necesitan los pacientes por falta de recursos técnicos, por saturación de la demanda. Manos que se ven impotentes porque no se puede atender a los pacientes con la dignidad que se merecen.

Las manos que más se esfuerzan, las manos que, según el anuncio del gobierno de Canarias son la grandeza de esta tierra, esas manos que trabajan en la agricultura, en la limpieza, en el taxi, en la pequeña tienda, en el hospital, esas manos están castigadas por la bajeza de los que dirigen algunas de las principales instituciones de esta tierra, que son capaces de sonreírse y aplaudirse mutuamente, de viajar entre islas y quedarse en buenos hoteles para salir en la foto oficial de la última fiesta mientras las manos de mi pueblo trabajan cada día para poder pagarles las nóminas que ellos mismos se suben con nocturnidad preelectoral y alevosía parasitaria.

Juan García Luján

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