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El oso polar riteño

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Podrá, pues, Soria seguir metiendo bolas y su gente promocionando la venida de osos polares a descansar unos días al sol que nadie dirá ni mú.

Y de osos polares voy. Porque no he logrado saber si el que aparece en los spots promocionales de Rita Martín es genuino, o sea, un oso de pelo en pecho; y en todas sus partes peludas, claro. Es decir, si se trata, en realidad, de un subalterno de la consejería de Turismo haciendo el oso o de un oso genuino puesto en playas y entre plataneras gracias a la magia engañosa de las nuevas tecnologías; las que muy bien podrán sustituirlo por una jirafa si el turismo que se pretende atraer fuera watusi. La tercera posibilidad es que se trajeran un oso (o una osa, que haberlas háylas de buen ver) en el vuelo de vuelta del avión que llevó al frío a los embajadores. Aunque lo dudo porque no lo fotografiaron a los mandos del avión.

En los dos primeros casos posibles la cosa no pasaría de unas risas y del desencanto de quienes suponíamos al animal mayor envergadura y lo vimos chiquitajo y sobre lo esmirriado. Con la pasta que se han gastado bien pudieron utilizar otro más grandote. Pero el problema está en la tercera posibilidad, la de que lo trajeran expresamente.

Lo digo porque, si no me equivoco, los osos polares están en peligro y no quiero ni pensar la que pueden formar los ecologistas porque ahí es nada distraer a uno de sus obligaciones reproductoras a piñón fijo para evitar la extinción de la especie, sacándolo de su medio natural para traerlo a estos calores y exponerlo a que se vaya con su carga de carrancios en su tentadora pelambre. Y no les digo de los tocapelotas de toda la vida, ésos que cuando Él habitaba entre nosotros se llamaban "eternos descontentos", quienes andan diciendo por ahí que con los siete millones de euros de la promoción riteña ellos hubieran construido un palacio de hielo que facilitara el agrupamiento familiar contratando a la manada entera para ponerla a patinar.

Por cierto, en hablando de dineros se quejan algunos lectores de que los periódicos no pongan al lado de la suma en euros su equivalencia en pesetas, mayormente para que quienes avanzamos en la tercera edad tengamos una noción más exacta de lo que cuestan las ocurrencias de prebostes y prebostas. Te dicen siete millones, que en pesetas pueden llevarse en el bolsillo del bañador, pero que en euros resultan ser más de mil millones.

Aquí, como saben, atribuimos la parida riteña a Soria. Alguien me reprochó la fijación con el macho, al que le colgamos todo. Llegué a pensar si no me había pasado al dar por sentado que Rita Martín, la consejera, no se expondría a que el oso le diera un manotazo (de cariño, of course) sin el placet de su jefe de filas. Pero, ya ven, héte aquí que el mismo Soria aclaró mis dudas al salir en defensa de la campaña bipolar merced a la infinidad de llamadas de felicitación que ha recibido. O sea, que además de evidenciarse una vez más que hay gente para todo, quedó claro que no sólo nosotros pensamos que Soria estaba en esto ya que le telefonearon a él, no a Rita, para decirle que cojonudo, tío.

Supongo que los aplaudidores de la osería serán los mismos que se romperán las manos en homenaje a los esfuerzos sorianos para impedir que camine el consorcio de recuperación del Sur turístico grancanario y putear a la isla por no haberle sido fiel. Política en la que, seguramente, incidirá si se creyó la encuesta de inspiración pauliana dada a conocer por los periódicos de mayor confianza del régimen en que el PP ganará de calle en la Gran Canaria masoquista..

Sé que ahora debería meterme en el asunto de los presupuestos 2010, pero, qué quieren, prefiero esperar a que se debatan y aprueben. Por más que pueda anticiparse el resultado ya que con un Parlamento tan pobre todo está cantado de antemano.

Antes de que se me olvide: circula por ahí la leyenda urbana de que en su entrevista con el propietario de El Día, éste no le dio la mano a Soria. No por malcriadez, que malcriado no es, sino porque hizo promesa en la última romería de no sacar las manos del bolsillo para no verse las palmas.

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