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Sí, podemos

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Sobre el papel dos modelos, dos concepciones que, aunque no diametralmente opuestas, sí que dibujan enfoques diferentes de hacer y entender la política, dos visiones de lo que Estados unidos como nación debe significar para sí misma y para el concierto internacional. Frente a un Mccain que intenta explotar las filias y las fobias de los norteamericanos más conservadores, un Obama que se presenta como promotor de un cambio de mentalidad, un catalizador de la idea de que otra economía, otra sociedad y otras relaciones internacionales son necesarias. Frente a un Mccain que responde a los clichés y esquemas más reaccionarios de la sociedad y el establishment norteamericanos, un Obama que ha logrado ya, con su perfil y maneras, sacar del abstencionismo potencial a millones de ciudadanos que hace mucho que habían desechado toda opción de cambio para su país. Frente a un candidato que reivindica su pasado militar y un trasnochado patriotismo, otro que tiene presidiendo su despacho de senador los retratos de Gandhi y Martin Luther King.

Hace tan sólo siete meses, durante su intervención en un multitudinario mitin en Illinois, el candidato demócrata pronunció una corta pero contundente frase que resume su firme disposición y que sin quererlo se ha convertido en un slogan de gran impacto mundial; "Yes, we can" (Si, podemos). Toda una invitación a la población de un país marcado por la incertidumbre económico-financiera, por la guerra de Irak, por los efectos colaterales del ultraliberalismo económico y por su mala imagen internacional a intentar recuperar la ilusión y la esperanza, el sueño americano. Ese al que no han llegado nunca la mayoría de los norteamericanos, pero que anhelan ver convertido en salud y educación gratuitas, en bienestar para todos y no sólo para los de arriba.

Obama no lo tendrá fácil aunque gane. La dura tarea vendrá después. Tiene enfrente una crisis de importantes dimensiones, también a las multinacionales de la guerra y de la miseria; tiene enfrente a los que niegan el cambio climático y a los que entienden que el mercado está por encima de todo, incluso de la democracia y los derechos humanos. Tiene enfrente, como otros, a los voceros del caos y el miedo, a quienes se mueven bien sembrando el desconcierto y las actitudes derrotistas entre la población para sólo ganar glorias efímeras, aunque perdamos todos. Tiene enfrente, como otros, a quienes niegan la posibilidad de todo cambio, a quienes se jactan de ser solución a las crisis y no ser sin embargo siquiera valedores ni de un mínimo de espíritu de responsabilidad y altura de miras. Tiene enfrente a quienes con su oscura actitud vital son incapaces de sacar un proyecto colectivo adelante, sencillamente porque sólo se representan a si mismos y no les importa ser simples marionetas de quienes desde la oscuridad de verdad quieren ostentar el poder. Tiene enfrente, como otros, a quienes ni ofrecen futuro ni pueden mirar atrás porque no tienen precisamente un pasado digno que rememorar.

Hace bien el Sr. Obama movilizando a su país bajo la idea de que sí pueden luchar contra todo eso, entre otras razones porque no queda otra alternativa. Para los que entendemos que otro mundo, otra sociedad, otra economía no sólo es posible sino imprescindible e irrenunciable; para los que queremos luchar desde cada rincón de este planeta porque ese objetivo sea posible, para los que ante las adversidades llamamos a crecernos y unir voluntades, también ese slogan sirve. Sí se puede. Si, podemos.

*Alcalde de Telde

Aureliano Francisco Santiago Castellano*

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