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La sanidad grancanaria, en lista de espera

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Todos los días cientos de personas tienen que desplazarse desde el interior, el norte o el sur hasta la capital porque los Centros de Atención Especializada de la isla están ubicados en Las Palmas de Gran Canaria.

Un colectivo médico totalmente desmotivado, jóvenes que se van a otros países porque fuera se les valora y les pagan más, y los que gozan de mayor prestigio emigran a la medicina privada. La mayoría de los funcionarios de los grupos C, D y E no llegan a mileuristas. Esto está ocurriendo aquí y ahora. ¿Pero porqué?

Aunque no se puede decir que esté realizando un labor inmejorable hemos de convenir que la mayor parte de estos problemas no son culpa exclusiva de la actual consejera de Sanidad, es una situación larvada a través del tiempo por una mala gestión y una pésima planificación. Habría que recordar la época de las grandes inauguraciones hospitalarias, aquellas aperturas de cartón piedra donde se montaba un show sólo para hacerse la foto y muchos de los equipos que se visualizaban eran puro decorado, estaban desconectados y no funcionaban hasta bastantes meses después. Y en esa hoguera de vanidades se quemaron muchísimos millones pero se hizo una planificación absolutamente errática de la sanidad. Se descuidó la Atención Primaria, se obviaron los Hospitales Comarcales, y con ello, se perjudicó a la mayor parte de la población que no reside en la capital, obligándoles a hacer un sinfín de kilómetros e invertir mucho tiempo sólo para acudir a una consulta de especialidades. En pocas palabras, el sistema sanitario grancanario se construyó enterrando el tejado en el suelo y colocando los cimientos mirando hacia el cielo.

En aquella época, el número de camas, centros de salud, quirófanos y centros de atención especializada eran prácticamente iguales en las dos islas capitalinas, aunque Tenerife contaba -y sigue contando- con los privilegios que adornan al Hospital Universitario de Canarias, un centro sanitario que es gestionado por el Cabildo de Tenerife pero que es generosamente financiado por el Gobierno de Canarias, y con este ardid, se han permitido el lujo de recorrer medio mundo para fichar a golpe de talonario a los mejores especialistas de cada rama.

Pero volviendo a la política de cartón piedra, el eco de la construcción del mega hospital llegó hasta Tenerife, y aprovechando que el barranco de La Ballena pasa junto al hospital Doctor Negrín, fue la excusa perfecta para que ATI pusiera en práctica su política de exquisito equilibrio, y así, nos encontramos con datos tan escalofriantes como que en las infraestructuras sanitarias de Canarias para el periodo 2005-2010, las inversiones en Tenerife superan en un 37% a las de Gran Canaria, que el Servicio Canario de la Salud se gasta en los conciertos con las clínicas privadas de Tenerife un 66% más que en las de Gran Canaria, y a todo esto habría que sumarle que aquí tenemos el déficit añadido de soportar una mayor presión de enfermos por contar con más población en las otras islas de nuestra provincia, y en consecuencia, se nos desvían más pacientes con determinadas dolencias que sólo pueden ser tratadas en los hospitales capitalinos. Uniendo todos estos ingredientes, obtendremos un caldo de cultivo que es capaz de producir un virus tan dañino que ha llevado a todos los estamentos de nuestra Sanidad a gritar ¡Ya está bien!

La Sanidad es un derecho fundamental y universal de todos los ciudadanos que los poderes públicos tienen el deber de garantizar. Cuando acudimos a un centro sanitario o a un hospital es por necesidad, para resolver nuestros problemas de salud y poder seguir disfrutando de calidad de vida. Para minusvalorar este derecho, no sirve la disculpa de la insuficiencia presupuestaria, jamás el servicio público sanitario canario contó con tantos recursos: 2.800 millones de euros anuales. Una cifra impresionante, que bien gestionada daría para mucho más de lo que con ella actualmente se hace, especialmente si se rige con criterios profesionales, no como un chiringuito montado para obtener réditos políticos.

Para extirpar este cáncer que amenaza con producir metástasis a uno de los pilares básicos en nuestro estado del bienestar, propongo las siguientes actuaciones:

- Potenciar y crear más centros de atención primaria y especializada, dotándolos de todas las funciones para los que fueron creados.

- Motivar económica y moralmente a los profesionales sanitarios que realizan su labor en los centros públicos.

- Coordinar los niveles asistenciales de una forma más eficaz.

- Adaptación progresiva de la red sanitaria a los cambios demográficos y al envejecimiento de la población.

- Mejorar los programas de salud mental y de cuidados paliativos.

- Que los hospitales públicos trabajen a pleno rendimiento sin limitaciones horarias.

- Mejor gestión del gasto farmacéutico.

- Gestores sanitarios que actúen con independencia del poder político para rentabilizar al máximo los recursos económicos y humanos.

- Introducción de la receta electrónica.

- Digitalización y acceso on-line a la historia clínica de cada paciente.

- Desarrollo e implantación de la tele consulta.

Y muy especialmente, establecer un reparto más equitativo de los recursos entre las dos islas capitalinas; porque los usuarios de la sanidad pública de Gran Canaria ya se han ganado a pulso dos de las acepciones semánticas del vocablo paciente; por una parte, la relativa a la expresión "enfermo", y por otra, la referida al término "paciencia", que como pintan las cosas, va camino de convertirse en santa resignación.

Observando esta situación, me pregunto:

Al que se le ocurrió la idea de la misteriosa cuña publicitaria ¿porqué no hace una nueva versión incorporándole el siguiente texto?:

Está usted llamando a la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias,

Si lo hace desde Tenerife, Pulse Uno.

Si llama desde otra isla, exceptuando a Gran Canaria, Pulse Dos.

Si llama desde Gran Canaria, Espere sentado, le servirá de entrenamiento para cuando entre en la lista de espera.

¿Hasta cuándo seguiremos esperando?

*Nardy Barrios Curbelo es presidenta de Compromiso.

Nardy Barrios Curbelo *

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