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Otro tarzán

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Pero, en esta última confrontación electoral, ha propiciado que más de 160.000 votantes canarios se queden sin representación en el Parlamento que se constituyó ayer. Claro que aquí las alternativas se enfrentan a unas reglas del juego mucho más complejas y caprichosas que en otros lares. De modo que, en efecto, los diputados que tomaron posesión ayer de sus escaños deberían tener en cuenta este aspecto fundamental: hay un montón de gente que no está representada para nada en Teobaldo Power. ¿Pasará otra legislatura sin modificar la ley?... No lo sé, pero soy pesimista Distinto es que algunas de esas opciones lo sean realmente, en lugar de apuestas personales en busca del poder y del protagonismo perdidos. No hace falta señalar que, siguiendo a los tres grandes partidos con representación parlamentaria, quedaron en puertas de obtener escaño, por culpa de la rigidez de nuestras normas electorales, Nueva Canarias, con cerca de 51.000 votos, que no está nada mal, y CCN, con casi 37.000, que tampoco es moco de gallinácea. No es coincidencia que se trate de dos formaciones creadas y auspiciadas por dos antiguos líderes de Coalición Canaria –Nacho y Román-, calladitos ambos y perfectamente acordes con los dictados de ATI-CC, como se dice ahora, mientras gobernaron con quienes hoy tildan de corruptos, insularistas e impresentables. Yo no dudo de las conversiones ideológicas. Los caminos de Damasco están ahí y a cualquiera se le puede encabritar el caballo del arrepentimiento. De modo que creo a pies juntillas en la buena voluntad de Román Rodríguez y en su coherencia, elogiada y aplaudida por todos los medios –incluido éste- al abandonar el grupo ficticio de CC en el Congreso y pasarse al Mixto. Sólo que me parece una coherencia de efectos retardados. Porque ahí ha estado el creador de NC desde que inventó su proyecto, sin cambiar de bando en el legislativo y únicamente ahora, cuando tiene garantizada una nueva parcela de protagonismo y de poder a nivel insular, cae en que era un sinsentido estar sentado en la Cámara Baja junto a sus irreconciliables enemigos (¿desde hace cuanto ya?). O sea, y disculpen que discrepe: la coherencia de Tarzán Rodríguez consiste en no soltar la liana a la que está amarrado hasta agarrar una no nueva lo sostenga. Pero, si sus electores confían en él, pues estupendo, oigan. No voy a ser yo quien les amargue la fiesta.

José H. Chela

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