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La tomadura

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El guión de la gala, que se trasmitirá esta noche en directo por la tele, presagia un espectáculo que puede llegar a avergonzarnos a todos. Menos a los que prefieran indignarse. O tomárselo a risa, que será lo más sensato. El periódico El Día publicó ayer en primicia, con pelos, señales y minutaje, lo que vamos a ver en el escenario y en las pantallas y, simplemente, el personal no se lo podía creer. Para empezar, Amargo había anunciado que pretendía realizar un montaje ágil y que hiciese olvidar los largos coñazos a que estamos acostumbrados. Bueno: pues la duración del evento –que se dice, aunque se diga mal- superará con creces las tres horas y media. Agárrense a los asientos y tomen alguna pastilla o lo que sea que les mantenga despiertos. Luego, aseguró que su función estaría plagada de grandes estrellas. Y no. La verdad es que no. El afamado y prestigioso bailaor se ha rodeado, para la ocasión, de un grupo de amiguetes y de amiguetas –Bibí Fernández, Pepón Nieto, El Gato, etcétera- y la máxima figura de la noche será Rosario Mohedano, cuyo principal mérito artístico consiste en ser sobrina de la fallecida Rocío Jurado, que suplirá –así lo aclararán los presentadores- “la ausencia de Jennifer López”. Más o menos lo mismo, ¿verdad?... La representación carnavalera será mínima y el protagonismo de la cosa recaerá, mayormente, en la capillita del clan Amargo. En el jurado, la figura más internacional y de máximo relieve –toma ya- será la madre del hijo secreto del cantante Alejandro Sanz. Todo un indiscutible lujo, por supuesto. Faltaría más. A la concepción de lo que Rafael Amargo tiene de lo que debe ser un espectáculo carnavalero se le pueden poner algunos reparos, pero les juro que sería injusto negarle originalidad. Habrá números circenses, la Bibí bailará La Zarzamora –muy apropiado- y, a Madonna y su último show, le dará réplica Belén Esteban, que aparecerá en escena clavada en una cruz móvil, acompañada por veinte bailarines y tres ángeles. Sobre tan sugestivo y evangélico tormento habrá un letrero donde, en lugar de INRI, se lea “Santa Cruz”. En fin… No les cuento más porque ya se harán ustedes una idea aproximada del disparate que se nos viene encima. Como comprobarán ustedes esta noche a través de sus televisores –si tienen la paciencia suficiente para soportarlo-, el Ayuntamiento de Santa Cruz está convencido de que el carnaval es la fiesta del pueblo y, cuando llama o contrata a alguien para que contribuya a su esplendor, lo hace sabiendo, de antemano –y por eso paga tan espléndidamente-, que el designado ha comprendido perfectamente el espíritu de la fiesta, la idiosincrasia del gentío que pretende gozarla, y que va a contribuir positivamente a resaltar sus valores y a ahondar en su autenticidad. ¡Guárdenme un cachorro!

José H. Chela

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