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Hay innovaciones que matan

Con frecuencia las iniciativas y prácticas empresariales que se presentan como innovadoras son instrumentos para eludir las reglas económicas y sociales de nuestras sociedades

La UE reclama a Apple 13.000 millones de euros por impuestos no desembolsados: a De Guindos la parte que le toque a España de ese dinero le vendría como agua de mayo

La UE presentó su reclamación amparándose en que manda en todo lo relacionado con la competencia

Otro de los “milagros” de la nueva economía surgida gracias a la cibernética son las empresas de economía “colaborativa” o “compartida”

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Apple Store, situada en la 5ª Avenida de Nueva York. (Apple)

Apple Store, situada en la 5ª Avenida de Nueva York. (Apple)

En la que será su última apertura de curso como Rector de la Universidad de Las Palmas, José Regidor ha insistido en que es la innovación la llave del futuro. No es éste lugar para elogiar a quien ha sido real y no “litúrgicamente” un magnífico Rector. No creo, pues, que vayan a faltarle los reconocimientos que merece, así que me voy directamente al grano: la innovación a que se refiere Regidor nada tiene que ver con iniciativas y prácticas empresariales que bajo tan atractiva vitola no son más que instrumentos concebidos para eludir las reglas económicas y sociales de nuestras sociedades. Hay casos flagrantes que lo confirman, como lo es la intervención de la Comisión Europea (CE) respecto a Apple, a la que seguirán otros gigantes multinacionales que utilizan el llamado “doble irlandés” para eludir los impuestos sobre los beneficios de sus ventas en otros países, entre ellos los de la propia UE, socios de Irlanda. La sociedad civil europea es cada vez más consciente de estas situaciones, que indigna especialmente en tiempos de dificultades y comienza a reaccionar.

13.000 millones a Apple

La CE cifró en 13.000 millones de euros lo que Apple dejó de pagar entre 2003 y 2014 y asegura que en 2014 la compañía “sufrió” una imposición del 0,005% en Irlanda. Por lo visto, los distintos países europeos de los que extrajo sus beneficios pueden reclamar la devolución de la parte que les corresponda de ese dinero. Lo que sin duda está en la cabeza de Luis de Guindos, ministro de Economía. Al menos lo dio a entender en la reunión de responsables de Finanzas de la UE en Bratislava. Para De Guindos es fundamental que esos fondos no se pierdan porque a España, aunque el Gobierno de Rajoy se empeñe en endulzarlo, le amenaza el mal trago de la congelación de fondos europeos por incumplir el objetivo de déficit. Según tengo entendido, que ya me pierdo en dimes y diretes, el déficit debe estar en 2018 en el 2,2% del PIB después de haber registrado en 2015 un 5,1%. Ese dinero le vendría como agua de mayo. Auque tardará lo suyo porque tanto Apple como las demás compañías que estén en iguales circunstancias presentarán de ser requeridas sus recursos a la resolución de la CE; contra la que también irá Dublín.

Los gobiernos en general están de acuerdo con la iniciativa de la CE pero si Austria se muestra favorable, sin más, los alemanes invitan a no hacerse demasiadas ilusiones. Wolfgang Schäuble prefiere no apresurarse a vender la piel del oso. Los franceses ven legítima la reclamación, pero el ministro Michel Sapin, responsable de Finanzas, descartó reclamar cualquier devolución; en lo que su colega homólogo holandés, Jeroen Dijsselbloem, advirtió a las compañías que se disponían a dar una batalla equivocada porque “tienen que pagar sus impuestos”.

Desde luego, no hay duda de que se trata de un asunto complicado. Hay muchos aspectos que desconocemos y poco sabemos de cuáles pueden ser los criterios jurídicos que prevalezcan. Porque, bien se sabe, en materia fiscal la UE decide por unanimidad así que, en principio, no hay manera de que salga adelante la pretensión de la UE ante el recurso anunciado por Dublín al que se añadirá el de Apple que tratará de no soltar semejante pastón. Sin duda, en eso pensaba la CE al basar su reclamación no en la fiscalidad sino en las leyes de protección de la competencia, que sí es materia en la que manda plenamente la UE. Es decir, no se considera el trato de favor ilegal por razones hacendísticas sino que se ve desde la perspectiva de las leyes de defensa de la competencia por lo que esos dineros tendrían la condición de las prohibidísimas “ayudas de Estado”.

El 'Silicon Valley', al fondo

Sin duda los irlandeses debieron verle las orejas al lobo pues, hace por estos días un par de años, Michael Noonan, ministro de Finanzas de Irlanda, anunció medidas para modificar el régimen fiscal y acabar con las ventajas fiscales de las empresas extranjeras allí establecidas. La intentona ha estado danzando por ahí hasta que se produjo el anuncio de que la CE pretende que Apple se retrate, a lo que seguirán nuevas solicitudes a otras compañías para que devuelvan el importe de los impuestos que han dejado de pagar por el mismo procedimiento. La mayoría de esas empresas se dedican a las ya no tan nuevas tecnologías que tienen sus catedrales en Silicon Valley, el antiguo valle de Santa Clara, que ocupa la mitad de la península de San Francisco, al norte de California.

No puede negarse que las tecnologías a las que allí rinden culto son innovadoras en el sentido estricto de último grito, no en cuanto a sus objetivos que son los de toda la vida: el dinero y el poder. Si no lo creen, traigo aquí la cita que hace el periodista neoyorkino Thomas Frank del joven director de la empresa de financiación compartida Crowd Flower: “Antes de que existiera Internet habría sido difícil encontrar a alguien que trabajara para ti durante diez minutos para echarlo al cabo de ese tiempo. Pero, gracias a la tecnología, se puede encontrar realmente a esa persona, darle una pequeña cantidad y después deshacerse de ella cuando no es necesaria”. Ese director, llamado Lukas Biewald, fue de los donantes de las campañas de Barack Obama, es decir, se mueve en los círculos USA más o menos equivalentes al fracasado socioliberalismo europeo, del que me ocuparé en la siguiente entrega, después de las elecciones vascas y gallegas.

En Silicon Valley se concentran gran parte de las mayores corporaciones tecnológicas del mundo. (Google)

En Silicon Valley se concentran gran parte de las mayores corporaciones tecnológicas del mundo. (Google)

Conviene anotar aquí que, entre los comentarios leídos y oídos en relación al dinero que la CE reclama a Apple y a los que vengan detrás, los hay que relacionan la noticia con Obama. Podría ser, desde luego, cosa de gentes que ve a Washington detrás de todo; lo que, también es verdad, resulta habitual.

Así hay quien da por descontado que pedirle a Apple la devolución de esos 13.000 millones se debe a que Obama ha requerido a las multinacionales para que reinviertan sus ganancias en USA. Es entonces que Noonan mueve ficha y la UE dejó de hacer la vista gorda: Obama dijo sí y hay donde rascar. Hay quien ha añadido, incluso, que quizá haya en todo esto residuos de los procedimientos de la mafia irlandesa. A ver si pica Coppola.

Por otro lado, nueva conjetura, un español con 13 años de residencia en Dublín señala el favoritismo con que la UE trata a Irlanda respecto, por ejemplo, a Grecia o Portugal. Le irrita que pongan a los irlandeses como ejemplo de gestión cuando están haciendo dumping fiscal. Se habla asimismo de la vergüenza de que la UE no diera paso alguno contra el “doble irlandés”. Por último, dado que Noonan aclaró que no había prisa, que las compañías tienen hasta el 2020 para adecuarse a la reforma, se supone que para esa fecha si la UE no se ha ido a la porra, igual no la conoce ni la madre que la parió.

También van a lo suyo las industrias farmacéuticas. Éstas también recuerdan a cada rato la cantidad de puestos de trabajo que mantienen advirtiendo que si se les ponen flamencas las autoridades de Hacienda, cogerán puerta. Como la cogerán si le vienen con la conduerma de la innovación porque eso implica dinero para investigar. Salvo que se le procure una situación de monopolio.

Empresas de economía compartida

Otro de los “milagros” de la nueva economía surgida gracias a la cibernética son las empresas de economía “colaborativa” o “compartida”, como la regentada por aquel Lukas Biewald, donante de Obama, ya mencionado. Suelen definirla como el trueque a través de Internet y se ha visto que, en efecto, puede ser una fórmula útil en unos casos; pero también el camino que permita a los depredadores del trabajo ajeno hacer de las suyas. Tanto puede servir para que alguien pueda desprenderse de lo que ya no necesita y puede serle útil a otra persona como convertirse en una de las fuentes “fastuosa” de crear empleo durante la era Obama, al decir de Thomas Frank, ya citado que es muy crítico con el todavía presidente. Para Frank “el trabajador utiliza su propio coche, su propia vivienda o su propio ordenador para el gran beneficio del empleador”.

El caso más conocido en España es el de la estadounidense Uber, presente en varios países y a la que se le atribuye ahora mismo un valor superior a los 14.000 millones. Uber ha tenido problemas en España donde ha chocado con las cooperativas de taxistas y se vio obligada a parar su servicio. El trabajo de la compañía se reduce a poner en contacto a personas que quieren hacer un viaje dentro de su ciudad con conductores anónimos dispuestos a realizar ese trayecto en su coche particular a cambio de una remuneración. No se paga en efectivo sino mediante el móvil y Uber cobra una comision del 20%.

Con Uber, muchos conductores anónimos hacen las veces de taxistas. (DP)

Con Uber, muchos conductores anónimos hacen las veces de taxistas. (DP)

La fórmula tiene fervorosos partidarios y los que la consideran, como Thomas Frank, “un modelo de explotación de la mano de obra que se encuentra entre los más nocivos y asimétricos de las últimas décadas. En el caso de Uber, los costes y los riesgos asociados a esta actividad –obligación de contratar un seguro, tener un vehículo, hacer frente a la posibilidad de una baja por enfermedad o la perspectiva de jubilación, etcétera- corren por cuenta del trabajador, mientras el “innovador” californiano que concibió el software se queda con la mayor parte de las ganancias obtenidas”.

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