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Alguien roncó en el Hotel Madrid

Hotel Madrid, situado junto a la Plaza De Cairasco, Las Palmas de Gran Canaria. (Alejandro Ramos)

Octavas a una dama que no la podía haber

Ingrata, desleal, falsa, perjura,

inconstante, cruel y fementida,

¿es éste el premio de mi fe tan pura,

es ésta la esperanza prometida?

¿Tan mal se emplea en ti la hermosura?

Como el amor, por ser desconocida,

no me espantó de ti, de mí me espanto,

que a tan frágil pastora quise tanto.

 

Bartolomé Cairasco de Figueroa

Estábamos sentados Otis Redding y yo. Él, silbando en el muelle de la bahía en Nueva York. Yo, callado en la terraza del Hotel Madrid, en la Plaza de Cairasco. Los dos, con mucho soul, que es alma. Los dos, negro y blanco, bajo mucho sol. Acababa de comenzar la Primavera. El entorno de la plaza es muy agradable, pese a que unos desalmados taparon hace muchos años el barranco de Guiniguada con una autovía. Los coches, los semáforos y los pasos cebra, ante la falta de cultura de una clase política en la indigencia intelectual y ávida de dinero – pesetas, entonces – sustituyeron sin corte alguno como se dice en las calles, a vetustos pero atractivos puentes de piedra y palo y a un cauce por donde bajaban las aguas cuando llovía y se decía, como aún se dice que “corría el barranco”. El barranco preso quería libertad. Por ello, escapaba en sus aguas de la cárcel que es la isla.

Humberto Pérez, en Mi Gran Canaria, señala: “Frontera entre los dos guanartematos de la isla, este barranco era una puerta natural y un pasillo hacia el interior. Por allí se retiraron los aborígenes canarios tras intentar abortar la fortificación de los invasores en la batalla del Guiniguada. Posteriormente, junto a las aguas de este río, se asentó el Real de Las Palmas, que pasó en poco tiempo de ser un campamento guerrero a convertirse en una floreciente villa. Agustín Millares narra el primer enfrentamiento bélico entre las tropas de Juan Rejón y los aborígenes, basándose en la crónica del conquistador:

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‘La frescachona’ y ‘Paquita Natillas’

Ilustración satírica de Isabel II de Borbón, atribuida a los hermanos Becquer.

Cuando, desde la terraza del Hotel Madrid, miraba de soslayo al Gabinete Literario, mientras recordaba pasajes sueltos de nuestra Historia, no fue de ningún modo posible descartar la figura de la reina Isabel II. Los pueblos, más el español que otros, siempre han colocado motes a sus reyes. De modo que, si ahora tenemos esta monarquía dual formada por El Campechano y El Preparao, el primero en retirada y el segundo en emergencia, digo, emergente; en los tiempos en que el Teatro Cairasco pasó a ser el Gabinete Literario, gobernaba – es un decir – gobernaba este país Isabel II, llamada por el gentío La frescachona, quien casó con un peculiar elemento y primo – de ella – de nombre Francisco de Asís, a quién se conocía como Paquita Natillas. No hay casualidades y, aunque es preciso andarse con cuidado con la maledicencia, todo tuvo su razón de ser o no ser sin que Sheakespeare interviniera para nada en el asunto.

La periodista Prado Campos ha estudiado la figura de la que fuera hija de Fernando VII y María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y se ha referido al libro El diablo en el cuerpo (dos años y medio de investigación) de Soledad Galán, en el que se señala que Isabel II “era una hembra que se daba a todo y a todos”. Es decir, era ninfómana en grado sumo. El mismo papa Pio IX – y no es coña – cuando iba a imponerle la condecoración de La Rosa de Oro se refirió a ella literalmente con esta frase: “Es puta, pero pía”. No destacaba el Pontífice, es obvio, que ejerciera de ramera y cantara como los pájaros, sino que combinaba con maestría el arte de ser zorra y la devoción al Altísimo. Isabel II fue una Borbón que vivió más tiempo en el exilio, orgasmo va, orgasmo viene, que sentada en el trono de España. Al parecer, la Prefectura de Policía de París contaba con una interminable lista de caballeros, y no tanto, que la gozaron carnalmente con su total complacencia y dedicación.

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El ministro amnésico

El ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria

Toda mi vida como periodista he llevado como bandera la ética y la deontología. Estaba todavía en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde obtuve la Licenciatura en Ciencias de la Información, cuando decidí que jamás me afiliaría a partido político alguno ni pertenecería a ningún sindicato. Siempre he escrito desde la más absoluta libertad, nunca al dictado de nadie y no recuerdo una sola vez en que un escrito mío no se haya publicado, fuera la que fuera la línea editorial del medio al que estaba destinado. Pero no soy yo el que debe hablar de mi, cosa que evito siempre por educación. Son los demás los que te dan el cariño, la credibilidad, el respeto, la amistad, esas caricias de la vida que no pueden adquirirse con dinero. Hoy, tampoco voy a hablar de mí. Voy a abordar el penoso asunto del ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria, y los ya archifamosos papeles de Panamá. Y lo haré siendo absolutamente fiel a lo que entiendo por periodismo. Por periodismo con rigor y clase. ¿Qué es lo que diferencia a mis letras de las otras que puedan enfrentar la cuestión desde múltiples ópticas? Que conozco muy bien a José Manuel Soria porque fui Jefe del Gabinete de Comunicación de Las Palmas de Gran Canaria durante - hablo de memoria - cerca de cinco años. Cuando llegué, Soria tenía una mayoría absoluta de 14 concejales. Cuando me marché, la mayoría alcanzaba los 19.

Podría llenar aquí folios y folios contando anécdotas jugosas, divertidas, patéticas, miserables, vergonzosas … que sucedieron durante los años en que estuve en mi despacho del antiguo Hotel Metropol de las Palmas de Gran Canaria. Por cierto, eso sí lo digo, ya que hablo de despachos, era la única persona – ni siquiera podían hacerlo los concejales – que tenía acceso al hábitat del alcalde con sólo apoyarme en la manilla de la puerta. No llenaré hoy los folios con esas historias porque, mientras muchos han mutado la honestidad en ambición y bisutería, quiero seguir manteniendo la clase y la caballerosidad. Es una pena para el lector ávido de datos que el ejercicio del periodismo tenga esas servidumbres si uno pretende desarrollarlo al servicio de la sociedad y no al del poder. En el caso de España, el poder esclavista de lo que yo denomino de muchas maneras. Entre ellas, monarcocleptocracia o dictadura corrupta de partidos.

En primer lugar, diré que quizá fuera yo en el Ayuntamiento la única persona a la que Soria trataba con respeto. Incluso, en ocasiones sonreía cuando le presentaba aquellos artículos que escribía y el firmaba en el periódico Canarias7, que en aquellos años lo adoraba y apoyaba como el mejor político emergente de la España antecedente de esta España que hoy tenemos. ¡Cómo han cambiado los titulares ! Sonreía, digo, y me comentaba: “Pero, Jorge, coño, ésto no lo defendería ni Izquierda Unida”. Y entonces, yo modificaba algunas palabrejas para que, sin perder el respeto a mi mismo, una firma del Partido Popular estuviera encima de aquellas letras. Tampoco es que fuera algo excepcional, puesto que los temas eran ciudadanos y no estrictamente políticos o partidistas. El Jefe del Gabinete Político de Soria era entonces el abogado Pedro Quevedo y la Jefa de Protocolo, la economista Margarita Pérez.

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El peculiar parque bicéfalo de La Minilla

Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)

Exprimiendo el espíritu metafórico hasta más allá del horizonte, lo que me parece más cercano a la cabeza de un parque es su nombre. Algo siempre me ha dicho desde el interior que, en el inconsciente colectivo, el nombre está colocado sobre la testa. Como la boina, la gorra, el sombrero y hasta la pulida calva. Y, aunque los vocablos que nos representan quedan escritos en gruesos tochos del Registro Civil, desde los más remotos tiempos, en nuestra cultura los recién nacidos no se incorporaban de hecho al mundo hasta que sobre su cabeza se volcaba el agua bautismal, se acostaba el nombre, se derramaba la vida, porque ésta cobraba entidad al formalizarse la relación con Dios.

En aquellos entonces, tenían cerca el Jordán y allí hacía su trabajo Juan el Bautista. Posteriormente, al extenderse el cristianismo – entre otras razones gracias a lo razonable que fue Constantino. No entiendo por qué en Grecia lo corrieron a gorrazos unos cuantos coroneles – al extenderse la cristiandad, digo, y no estar tan avanzada la ingeniería como para establecer cientos de miles de afluentes del río sagrado en todas las direcciones planetarias, se inventaron las pilas bautismales. Y ya no fue necesario meterse en río alguno. De ahí, el nombre de pila que, supongo, será alkalina en el caso de la monarquía española, que sigue importando agua desde Palestina para bautizar a sus hijos y usa las arenas de aquel río para tener sepultadas las botellas de buen vino de cara a las cenas con el black card López Madrid, ahora residente en la city de Londres por aquello de poner tierra de por medio o pies en polvorosa.

Miguel Ríos, natural de Al Andalus, que no tenía nada que ver con las explotaciones fluviales, lo vio así: “… en el río aquel, tú y yo y el amor que surgió de los dos …”. Yo, aunque nací en el alto Pirineo, casi en la misma tangencia con Francia, afortunadamente no fui bautizado en el río Garona – La Garonne – que nace en España y desemboca en las Galias. Me hubiera quedado congelado y, probablemente, en vez de llamarme Jorge me hubiesen puesto Kalise. Por cierto, y la cuestión viene a cuento, una vez uno de mis hijos me dijo muy serio: “Papá, yo he tenido mucha suerte por nacer el día de mi cumpleaños”. Y ahora pienso que también tuve esa suerte y que él, pese a su corta edad, es uno de los surrealistas más inteligentes que conozco. Cosas de los Batista. Hasta en Cuba estuvimos de dictadores cuando aún no se vendían en los chinos camisetas del peor algodón con la cara del Che estampada, ni iban los más verracos y feos de España a jinetear por el Malecón y sus alrededores e incluso a buscar esposa o concubina. Quisiera ser un pez para mojar mi nariz en tu pecera … Aquí mojo y allí mojito.

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Ya el 'nuevo orden' me riscó el empleo

Cadena de producción de bordados, completamente automatizado por máquinas.

A ntes de entrar directamente con la robótica y las consecuencias que están por venir, es conveniente fijarse en cómo encuestas, sondeos y estadísticas son maquillados a base de mentiras, medias verdades y eufemismos con el fin último de manipular pensamientos y, consecuentemente, generar opiniones falsas en la masa o sociedad civil.

Nunca ha sido más verdad que hoy día aquel dicho que advertía: “ Spain is different ”. Efectivamente, nuestro país se quiere presentar como una democracia homóloga a las europeas, cuando no lo es ni por asomo; se dice que es una monarquía cuando nada tiene que ver con las otras monarquías, excepto con las del Golfo; se afirma que sufre – con todos los demás – una crisis terrible, cuando lo cierto es que el tremendo desastre es estructural y, aparte de otras muchas cosas más, se intenta hacer pensar a los ciudadanos que el problema del desempleo es igual de grave en todo el planeta que aquí junto al Toro de Osborne y la Puerta de Alcalá, ahí está, ahí está.

Aunque lo del manejo de números y tantos por ciento parezca que es resultado de las matemáticas, que lo es, es preciso señalar no obstante que, reduciendo los ciudadanos a dígitos que suben y bajan como Cantinflas, se elimina la emoción, el sentimiento y la indignación, lo que le viene de maravilla al statu quo, liberado así de la contestación y la reacción. El desempleo es el apartado, el terrorífico apartado, donde se aprecia con mayor claridad aquella forma de presentar las cosas en España.

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El asesinato del pensamiento

Comparativa entre las aportaciones de Tales y varias mentes privilegiadas de nuestro tiempo.

Es más que posible que muy poca gente conozca a un tal Tales o Thales de Mileto (con h me suena más cool), pese a haber sido considerado uno de los Siete Grandes Sabios de la Antigüedad. Sin embargo, serán muchos los que muestren su asombro porque en la lista de la sabiduría más ancestral no aparezcan Rajoy, Felipe González, Aznar, Zapatero y Mataelefantes John, entre otras mentes privilegiadas que nos han guiado por el buen camino.

No me pondré a pensar ahora si por el de Hitler ( Mein Kampf ) o por el de Monseñor Escrivá de Balaguer ( Camino ). Sin embargo, en esta soleada sobremesa, sí caigo, hablando de grandes mentes, en que el escritor Felix de Azúa, quien ha ingresado en la Real Academia Española de la Lengua, va a tener que compartir espacio con Cebrián y Ansón. Espero que su sillón esté alejado de los de estas dos criaturas, símbolos a izquierda y derecha de lo más cochambroso del llamado régimen del 78 en lo que se refiere a hipocresía y manipulación de la sociedad civil. Y régimen asimismo, completo, efectivo y efectista que ha conducido a España hasta la anorexia económica y política. El Greco hubiera sido incapaz de pintar hoy a esta nación de naciones, nacionalidades y secesiones latentes. El lienzo se le hubiera muerto de hambre.

Sabrán, y si no yo se lo digo, que el señor Thales fue un adelantado a su tiempo, cosa nada fácil si miramos hacia los nombres que coloqué más arriba, no sólo atrasados con respecto a su época sino algunos retrasados en sí mismos. No podía ser perfecta la Teoría de la Evolución de las Especies, si Mr. Darwin me permite la licencia, y ello ni es dislate ni opinión sino cuestión perfectamente objetivable. Ahora voy con Thales pero, déjenme decirles los inventos atribuidos a los sabios que no lograron entrar en el cabalístico número siete, seguramente por ignorancia de quien confeccionó la lista, si fue mujer, o la listo, en caso de haber sido hombre. En el supuesto de que la cosa hubiera ido a mayores y se tratara de un macho alfa, entonces, directamente castración. Y punto. Y seguido. Y sigo.
  • Rajoy ha sido un gran innovador mediático – detesto ese vocablo – al utilizar el plasma para las conferencias de prensa. No su sangre, que no es tal sino aguachirri, sino la pantalla que marca el estatus social, el borreguismo o el messicristianismo, según y desde donde se mire.
  • Felipe González o Dios es, en cierta medida, un Bautista que en vez de llamarse Juan se llama Felipe como el VI. No ha predicado en el desierto, ni mucho menos; es más, no para de dar el coñazo; pero sí ha sido un gran viajero: del marxismo a Slim y Cisneros pasando por la Transición y la frustración de 1982. Su invento más conocido es el GAL, aunque se trata de un teorema complejo que nunca he estudiado en profundidad.
  • Aznar, quien no podía llamarse más que José María, o, a lo sumo Baconi – no Bakunin – pertenece a los patanes, una escisión entre los sabios cuya filosofía esencial es la potenciación al máximo de la apariencia, la soberbia y la chulería barriobajera. Se cuenta que, en una ocasión, visiblemente ebrio, aconsejó a la población que no respetara los límites de velocidad porque él iba como le daba la gana. Ha tenido dos grandes aciertos: uno, evidente: elegir una mujer llamada Botella, y otro, rastrero, sacarse una foto babeando en Las Azores, cuna del famoso anticiclón.
  • Zapatero, a pesar de preparar a conciencia las oposiciones, no logró entrar – por incompetente – en el grupo de los patanes. Así, debió actuar en solitario bajo el seudónimo de Bambi, apelativo que le regaló Guerra, aunque en estos momentos desconozco si era civil o mundial. Sea como fuere, inventó la Alianza de Civilizaciones, con tal éxito que, desde que habló de ella, se han cortado más cuellos que en quince revoluciones francesas. Por esa razón pura, por su gran visión de futuro, fue destinado al Consejo de Estado o, lo que es lo mismo, a estar sin aconsejar. O la jodemos.
  • Mataelefantes John, llamado así por abatir con su rifle a todo bicho que llevara cuernos, excepto a su esposa, escoró más sus habilidades hacia la arquitectura. De modo que, inspirándose en las construcciones de Norman Foster, diseñó un celebérrimo pabellón de caza para uso como picadero, cosa que no entendieron los funcionarios de la Guardia Real que, sotto voce, se mostraron disgustados por la invasión de competencias.

El primer renacentista

Thales de Mileto nunca perteneció a la denominada castuza, ni siquiera a la paleocastuza o la cretacicastuza. No. El sabio nacido en Mileto, dato que se ha conocido haciéndole la prueba del carbono 14 al nombre, jónico por tierra y egeo por la marina, era al parecer un señor muy simpático al que le gustaba resolver problemas de todo tipo. Yo, por mi cuenta y riesgo, diría que, aunque vivió entre los años 634 y 547 AC, fue el primer renacentista (político, empresario, ingeniero, filósofo y astrónomo).
Estuve a punto de conocerlo pero, al final, se frustró el encuentro por culpa del aspirante al Ministerio de Cultura en un hipotético gobierno PSOE-Podemos, Miguel Bosé. Nada importante. Un problema de entendimiento. Tuve entonces que ponerme en proceso de reciclado para volver a descubrir que Thales – está comúnmente aceptado – fue quién dio el salto desde el mito a la filosofía. Es decir, desde el imperio de los dioses y personal adjunto, al del pensamiento. Mucho más tarde, fueron los más grandes lingüistas, entre ellos, Chomsky, Piaget y Vigotsky, los que establecieron que pensamiento es igual a lenguaje. En ello no cayó nuestro querido sabio. Pero sí se cayó a un pozo. Me explico: si un sabio no es despistado, o no es sabio o no es despistado. Thales lo era o bien, como decía mi padre, veía menos que un gato de yeso. El caso es que se cuenta que andaba extasiado Mileto en la contemplación del firmamento – unos dicen que sólo con un sirviente y otros que con una señorita (este dato podría haberlo aportado el negro de esa Ana Rosa Quintana) – que contemplaba el cielo estrellado, decía, y, de repente, tropezó cayendo de bruces. Bien el siervo, bien la doncella, le advirtieron que cómo pretendía descubrir los secretos del Universo si no era capaz de caminar por la tierra sin caerse. Y muchas más cosas le ocurrieron a este hombre a lo largo de su vida.
Rajoy, ‘compareciendo’ ante los medios a través de un plasma.

Rajoy, ‘compareciendo’ ante los medios a través de un plasma.

Cargando el burro

Una anécdota que me gustó especialmente la descubrí cuando, hace unos cuatro años y medio o cinco, estaba leyendo textos sueltos sobre el VII Festival Internacional de Matemática, que se celebró en 2010 en el Instituto Tecnológico de Costa Rica bajo el título Ingeniosos e inspiradores. Uno de ellos era Thales de Mileto.

La cosa es algo parecida a aquello que decía: “al pasar la barca, me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero”, aunque, naturalmente, limado ese eros represaliado de la posguerra para dejar cabida al ingenio y la inteligencia. Érase que se era y se sabe que fue, o tal vez no fue, por la tradición oral, ya que de Mileto no quedó nada escrito por él. Tal vez lo recogió algún amigo. El caso es que se persona Thales en un río que estaba en su tierra del Asia Menor – lo que ahora es Turquía y el genocidio kurdo – evitando, supongo, mirar para el cielo y volver a romperse la crisma. Cosas de la vida, el sabio, aficionado como Holmes (21 de Baker Street) a desfacer entuertos, tropieza con un problema provocado por un burro. De cuatro patas y tal vez “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”, una especie que, al parecer, ha logrado salvarse del peligro de extinción que se cernía sobre ella. En España y en la esfera política, parece lógico. Rucios son los que son y no caben más. Si aumentan los de dos patas (también llamadas piernas) disminuyen los de cuatro. O, al contrario. Aunque ésto último suele suceder pocas veces. Vamos a esperar al nuevo Gobierno o las nuevas Elecciones Generales para ajustar la matemática del asunto. Bueno, que se acerca nuestro caballero a unos transportistas asnoflautas y advierte que discutían sobre si había que liquidar al pollino o no, puesto que había mutado en ganso – también como los de dos patas – y no daba ni golpe. Thales era una sabio – lo hemos dejado claro ya – así que lo primero que hace es preguntar : “¿El burro muerde?” … “No, no muerde, es manso” … “¿No dará coces?” … “Eso no se lo podemos asegurar” … Y, como renacentista que siempre fue, el hombre de Mileto, también con conocimientos de navegación adquiridos en el mar Egeo, decidió acercarse al animal por la proa. Los trabajadores le comentaron que si él era sabio, el borrico no lo era menos. Y Thales, cordial y afable, dijo algo así como: “Me alegra estar en presencia de un compañero”. No se lo comentó a Watson porque él trabajaba solo.

¿Qué pasaba con el jumento? Pronto escuchó el relato: Platero, que es muy posible que se llamara Anatolio, transportaba sal vadeando el río. Todo el día de una a otra orilla. Iba siempre cargado como un burro y un día se apercibió de que, si se sumergía en las aguas, la sal se disolvía y aliviaba así en muy gran medida el peso que soportaba. Los comerciantes estaban en trance de arruinarse. No había manera de que el animal atravesara el río sin que se bañara. Por ello, hay quien sostiene que precisamente ese borrico fue el primer turista fluvial de la Historia. Luego ya llegaron los viajes por los canales de los Países Bajos, los cruceros por el Nilo y los desplazamientos entre Moscú y San Petersburgo por el Volga.

Como todo científico, Thales de Mileto comenzó con el trabajo de campo, que esta vez era de río, cosa que le venía perfecta para apoyar aún más su filosofía de que el principio de todo es el agua. Observó al elemento hacer la jugada unas cuantas veces y, de repente, se le encendió la bombilla. Por muy bajo coste, ya que entonces Soria no era Ministro de Industria en funciones. Debió entonces, supongo, decirse a sí mismo la solución que iba a aportar a las inteligentes burradas de Anatolio y, cuando lo tuvo claro del todo, comunicó su estrategia a los encargados del transporte: “Vamos a cargar al burro con esponjas y observemos”. Efectivamente, sale el asno feliz de que el peso en origen se hubiera rebajado y con la intención de aligerarlo aún más al sumergirse. Sería mayúscula su sorpresa cuando procede a bañarse – el río era nudista – y nota que se había echado toneladas de peso encima. Lógico: las esponjas se empaparon de agua y salió el pollino literalmente a cuatro patas temblorosas. El trasiego se repitió durante varios días mientras la bestia de carga advertía que lo de las virtudes del baño había sido el sueño de una noche de verano. Llegó el momento en que ya no quiso bañarse e, inmediatamente, volvió a ser estibado con sal. Salvó así la vida y los comerciantes quedaron encantados con el ingenio de Thales. La anécdota se extendió tanto tanto que llegó hasta este folio aproximadamente 2.600 años más tarde. Advertí entonces, y lo escribo ahora, que Thales de Mileto planteó la teoría de Paulov sobre la respuesta de los animales al estímulo condicionado muchísimo antes que el mismísimo Paulov y su Ley del Reflejo Condicional (principios del S. XX más o menos).

Tales de Mileto, considerado uno de los grandes pensadores de la antigüedad.

Tales de Mileto, considerado uno de los grandes pensadores de la antigüedad.

Pensar ya no es de este mundo 

Cuando a Alfonso XIII, después de recibir un ramo de flores con una bomba dentro en la calle Mayor de Madrid, le dieron pasaporte en elípsis o se fue voluntariamente para evitar una guerra civil que no se evitó, justo el mismo día en que se proclamó la II República (14 de abril de 1931), narran que lo más inteligente que se le ocurrió decir, mientras le hacían las maletas para salir hacia París, fue: “Vámonos. No estamos de moda”. La frase es destacada por muchos historiadores como “acorde a la frivolidad de carácter de aquel Borbón”, frivolidad heredada por Mataelefantes John y ya veremos … Alfonso XIII fue acusado de alta traición, como Luis XVI, pero Robespierre, afortunadamente para él, no andaba por los alrededores. Franco volvió a poner de moda la monarquía imponiéndola y haciendo jurar al padre del actual rey, y rey también, jurar por dos veces su sumisión al espíritu del 18 de julio de 1936. Es decir, al espíritu golpista.

Los que conocen la verdadera historia del 23-F tejeriano, tienen más datos para el análisis y advertir que, casualidades, pocas. Entonces, ahora, en cierta manera, la monarquía vuelve a estar en el candelabro y en los pink media. Felipe VI busca un presidente para “el barullo” que le parece España y Letizia elige modelos de Varela para cuando se tercien las cenas con algunos púnicos de negras tarjetas, bruno corazón y ausencia de escrúpulos.

Lo que no está de moda es pensar. Si Thales de Mileto, cinco siglos AC y un par de siglos largos antes de Platón, coincidía en señalar que “la filosofía es el máximo arbitrio natural de que el hombre dispone para remediar su deficiencia entitativa” o que, como sostenía Sócrates, “la ignorancia total es infrahumana; la plena e ideal sabiduría excede nuestro ser; únicamente la filosofía es natural y propiamente humana”, considerando que el filosofar no es otra cosa que pensar, estamos asistiendo al burdo asesinato de las capacidades mentales más acordes con la libertad y obligadas para no volver al pollino que encontrara Thales en el río. Río de lágrimas. River of tears, que dice Clapton.

El positivismo, primero, y luego, el postmodernismo, han sido los dos grandes objetores a la filosofía, pues, al pensamiento: “Es una actividad inútil”. Así, en un sistema donde todo vale y lo realmente valioso es estratégicamente ninguneado, no cabe el pensamiento. Ni siquiera la duda. Y mantener a las sociedades en la indigencia física y mental, es una de las fórmulas más perfectas para que sean conformistas, indolentes y adaptativas al extremo del esclavismo. Ya los manuales sostienen que filosofar “es imposible cuando las más apremiantes necesidades comprometen al hombre, de una manera práctica, en los concretos menesteres de la vida”.

En España, es evidente que el denominado régimen del 78 ha significado el asesinato del pensamiento. Libre, claro. Porque si no es libre, simplemente se reduce a la obediencia debida y las preguntas amordazadas. La tendencia natural del hombre al saber, que defendía El Estagirita, parece agonizar en un Estado podrido donde no hay lugar para los vocablos más nobles. Pensar ya no está de moda – sí, la lucha por el poder y el dinero – por ello hay unos seres humanos en peligro de extinción. Lo sepan o no lo sepan, no parece importarles demasiado. El pensamiento muere lentamente. No importa, no tenemos prisa.

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Clavijo abrió la Primavera haciendo lo propio

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo (d), saluda al presidente y a la portavoz del grupo Popular, Asier Antona y María Australia Navarro.

Si el presidente de un Gobierno, sea cual fuere, reconoce a uno de los líderes de la Oposición que "nunca podré cogerlo” porque "he llegado bastante más tarde a la política" y usted "tiene una dilatada experiencia"; y uno, aunque todavía no disponga de un reloj/computadora de última generación, consulta el calendario y ve que estamos a 29 de Marzo; a uno, digo, no le queda otro remedio que inferir, siendo suave, que ese presidente ha hecho el primavera, convirtiéndose, no sólo en un esperpéntico paradigma del buen rollito, sino en un deplorable estratega. Para echarse a llorar hasta el día del Juicio Final por la tarde. Y eso fue lo que hizo el señor Fernando Clavijo ante Román Rodríguez (NC) quien, echándole glamour al verbo con cierto sabor mexicano, fue el orador más destacado de los tres que intervinieron ayer tarde para contestar el insulso discurso del presidente canario por la mañana. Convendrán conmigo, a poco que analicen el asunto, que lo que hizo el presidente autonómico, aunque en elípsis, fue decirles a los nacionalistas que mejor tiren el carné de CC y se registren en Nueva Canarias.

No encontrarán ustedes un escrito mío en el que halague la figura de un político en ejercicio más allá de algún reconocimiento aséptico en poquísimos casos, si la ocasión lo demandara. Pero es preciso reconocer que la única persona que subió a la tribuna con un cierto aire de estadista, aunque el debate era de la nacionalidad, fue Román Rodríguez. Y tal fue su peso sobre Clavijo que logró que éste dijera por la tarde que la crisis no está acabada ni mucho menos cuando por la mañana mantuvo todo lo contrario, tal vez para contentar al PP - aunque gobierne con el PSOE - tal vez porque no tiene la formación y la información económica y política necesaria para contemplar y analizar un escenario global mundializado. Román, mucho más cercano a los ciudadanos en su proceder, construyó un discurso inteligente con humor y sin violencia verbal. Con algunos errores pero consciente de lo que Moliére señaló un día: “El público soporta el error pero jamás el sopor". O tienes el 'swing' o no lo tienes. Así de claro. Queda mucha legislatura pero, si ya CC ha experimentado una caída importante, es de prever que siga bajando con la ayuda desinteresada de Fernando Clavijo. No me extrañaría nada que, si en Madrid no logran formar Gobierno y vamos a nuevas Elecciones Generales en junio, Ana Oramas tenga que quedarse en Tenerife a hacer punto, punto y coma o puntos suspensivos.
También, como no podía ser de otra manera, la tarde cogió color con la intervención de Noemí Santana (Podemos), que le cantó las cuarenta a Clavijo y al que, en resumidas cuentas colocó, junto al PP y PSOE (ya saben que a CC le va la alternancia), como representante de la oligarquía, del statu quo y de esa teoría basada en el no meneallo o meneallo solamente lo necesario para que nada cambie. Vamos al tajo, ya que el Guiniguada está cubierto por una autovía:

Metralleta Asier: "Sr. Rivero … ¡Ay, perdón!"

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Clavijo clavó un clavito

Clavijo clavó un clavito, ¿qué clavito clavó Clavijo?, el clavito que Clavijo clavó era el clavito de Clavijo. ¿O era Pablito? Bueno, da igual. El caso es que Fernando Clavijo Batlle, presidente del Gobierno Autónomo de Canarias, perteneciente al partido nacionalista Coalición Canaria - con un solo diputado en funciones en el Parlamento Español, Ana Oramas, - se ha propuesto clavar una pica en Flandes, lo cual, como todos ustedes saben, significa llevar a buen puerto algo complicadisimo de realizar. ¿Cómo juzgar a Clavijo por 8 meses en el sillón si 20 años no es nada? Eso sí, esos 8 meses, significan exactamente el 3,3% del tango de Gardel. No fue preparado el presidente para los barrios malevos ni los ambientes porteños. Ni llevaba gomina, ni tenía ese tumbao que tienen los guapos al caminar, ni se le vio navaja alguna por ninguna parte. Todo lo contrario. Si la presidenta de la Cámara le había dado 100 minutos, cinco más de los que establece la ley y, encima, le había comentado sonriente que sería muy magnánima con el tiempo, Clavijo optó por el 'buen rollito', que plasmó en una constante llamada al diálogo, al consenso, al trabajo en equipo y Fuenteovejuna todos a una. En menos de 60 minutos, se liquidó el discurso y hubo piropos para todos los partidos políticos, que esta tarde comenzarán a decir lo que tengan que decir si es que tienen que decir algo.

No voy a cuestionar ahora – sería de una irresponsabilidad inaceptable – que el presidente del Ejecutivo regional no tenga una buena voluntad con respecto a Canarias. Sería infame que así fuera. Pero tampoco voy a obviar el contexto en el que se produce su discurso que, para mi, parte de un error tremendo, profundo y fundamental. Fernando Clavijo llama al optimismo y al talante zapaterino – uno de los líderes del partido con el que gobierna – desde el convencimiento de que la crisis ha terminado. Y eso no es así de ninguna manera. España sufre un problema estructural de tanto calado que cualquier tópica utilización de la palabra cambio no significa otra cosa que voluntarismo sin análisis ni prospectiva alguna. Ya se encargarán otros comentaristas de analizar esas iniciativas concretas que - señala el presidente - en estos ocho meses han sido puestas en marcha y que, de paso, Clavijo las ha anunciado, aunque con la boca chica, dejando caer que los gobiernos anteriores no las abordaron. Pese a que también los antecedentes fueron ejecutivos de Coalición Canaria ora con el PSOE ora con el PP. Es decir que parece que dijo, y creo que entre líneas lo dijo, que también el nacionalismo de CC va a sufrir modificaciones. Porque antes no hizo lo que debería haber hecho y ahora sí que va a hacer lo que hay que hacer.

No es la política un acto de fe, aunque los políticos siempre pretenden fe ciega cuando de las urnas se trata. Las propuestas siempre son de futuro y ahí está el denominado 'regimen del 78' para ver que pocas veces se cumplen. Pero también es cierto que una gestación normal dura nueve meses y Clavijo ha ido al Parlamento en plan ochomesino, con unas declaraciones previas que ya anunciaban lo que habría de acontecer: no es hombre “de soluciones mágicas ni de medidas estrella, sino de trabajo diario, como una hormiguita". Es decir, algo parecido a lo de Aznar y Soria con la lluvia fina. Diálogo, diálogo y más diálogo. Luego, consenso. Luego, todo lo contrario de lo que está ocurriendo en España. Por ello, como el presidente de la nacionalidad quiere “un Estatuto de última generación, como se merece Canarias”, apuesto por mirar al bosque sin distraerme en unos cuantos árboles concretos. Lo que pase en Madrid será decisivo para el Archipiélago.

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Una crisis triste, sin alma

El actual panorama sociopolítico de nuestro país sigue siendo gris y desalentador.

He titulado empleando la palabra crisis cuando desde hace mucho tiempo pienso que la actual coyuntura, en su más amplia acepción, no sólo política y económica, no lo es. Porque una crisis tiene recuperación y, al menos para España, no va a haberla de momento, dense los apretones de manos que se den emergentes y no emergentes y pacten lo que pacten para conseguir un Gobierno que, al final, en muy poco reflejará lo que dijeron los ciudadanos en las urnas. Si en una carretera hay un bache, el problema es el bache; pero si la carretera es un paisaje lunar poblado de hoyos y cráteres, el problema es la carretera.

Estamos ante un triste cambio de paradigma – luego explicaré por qué digo que es triste – ante un gravísimo problema estructural del que va a ser complicadísimo salir. No recuerdo ahora quién era el economista que señalaba hace pocos días que, en el futuro, a corto y medio plazo – yo lo extendería también al largo plazo – la Economía no va a ser otra cosa que la administración de la escasez. A mi juicio, ninguno de los gobiernos que puedan formarse en nuestro país, ninguno de los presidentes que puedan acceder a La Moncloa, va a ser capaz de enfrentarse a un Estado hipertrofiado que hace bastante tiempo emprendió una huida hacia delante sustentada en el más salvaje endeudamiento. La sociedad civil está sola como solos se quedan los muertos, después de una vez más haber acudido a las urnas tras escuchar a lo lejos el tañir de campanas que hablaban de cambio. ¿Crisis? ¿What crisis? . ¿Cambio? ¿Qué cambio? . Los partidos políticos no pueden llevar a cabo cambios de calado puesto que ello implicaría tener que actuar en contra de sí mismos. ¿Van a hacerlo? No. Eso, en cuanto a conformación interna. ¿O todavía existe alguien por ahí que cree en el horizontalismo asambleario? Por lo que se refiere a reducir las redes clientelares y modificar los tejemanejes financieros que los sustentan, eso sí que es la madre de todas las entelequias. Sólo existe una forma de que el Estado de las Autonomías se modifique, cosa que sería real y brutalmente un cambio: la secesión. De momento, de Catalunya y País Vasco. Una vez que Mariano Rajoy pensó, o Soraya le susurró algo al oído, decidió llevarse a Javier Arenas desde Andalucía a Madrid para que modificara la estructura del Estado, en la medida de lo posible, con objeto de que barones, mangantes y bandoleros no quemaran las tarjetas a cargo del dinero público. Por aquel entonces, no habíamos visto ese fantástico peinado hacia atrás de Bárcenas, ni a Rodrigo Rato con pinta de indigente falto de Gillette camino del juzgado. Eso sí, con chófer. Nadie supo nunca a qué se ha dedicado Arenas toda esta amplia temporada. Nadie conoce si ha permanecido estático o se ha movido como una duna sahariana. Pero lo que sí sabe todo el país es que no ha sido capaz siquiera de unir dos municipios de 100 o 200 habitantes en uno. ¿Qué alcalde dejaría de serlo?¿Qué corporación perdería poder, nóminas y dietas? … a quejarse al maestro armero. Ahora estamos ante las disputaciones sobre las Diputaciones. Y el Senado, ni tocarlo. ¿O a qué cementerio de elefantes calavéricos y ociosos va a ir el hijo del Rey León para que le ataquen las hienas contratadas por el malvado hermano?

Desde que Juan Carlos Corínneo I, alias Mataelefantes John, abdicara para retirarse al merengue, la bachata y el vacilón – “Pedro Navajas, matón de esquina, quién a hierro mata a hierro termina” – dejando a España con dos reyes y dos reinas, la Casa Real únicamente ha tenido un objetivo: recuperar el prestigio que estaba sumergido en la ciénaga de Shrek. En principio, se optó porque Felipe VI, conocido como El Preparao, mantuviese la boca cerrada – excepto para no decir nada de interés en Navidad – y Letizia (ya saben que ahora hay peatones y peatonas) se dedicara a pasear modelitos, compararse con otras altezas, y reivindicar dietas y regímenes cuasi anoréxicos en los pink media. Incluso hasta en los más ramplones.

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Una guerra que no es guerra … ¿O sí?

Siempre he sostenido que no es necesario ir a la Universidad para ser periodista, aunque es preciso ser periodista para serlo. Se entiende, creo, aunque a priori parezca perogrullezco el enunciado. De ello se deriva, volviendo el asunto por pasiva, que cabe la posibilidad de encontrar al clásico periodista que pasó por la Universidad pero la Universidad no pasó por él, lo mismo que, cerrando el bucle, cabe aquel que, habiéndo visto la Facultad sólo en fotos, tiene más olfato que un pointer. Como en las matemáticas, podemos enfrentarnos a múltiples combinaciones e, incluso, saltos de cama. Esta especie de trabalenguas tiene traslación a todas las profesiones, universitarias o no.

Viene esa entrada en escena – ya saben, exposición, nudo y desenlace – porque esta mañana, al observar múltiples periódicos de aquí, allá, acullá y aún más lejos, me encontré con que el vocablo nuevo aparecía por todos lados. Nuevo atentado, nueva masacre, nueva acción terrorista, nuevo acto criminal, nueva acción de la Yihad … Ello me llevó a pensar que ese nuevo es un planteamiento ad eternum. Porque como. previsiblemente y muy posiblemente, habrá más atentados a menos que D. Rodrigo Díaz de Vivar ponga orden en el caos, todos en un momento determinado que ahora no podemos precisar llevarán también la calificación de nuevo. Algo así como la moda, que también la información se vende y se consume. Cosa lógica, por otra parte, porque hacer un periódico ni es cosa de niños ni te lo financian Clavijo y Soria al fifty-fifty.

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