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Sinfonía Patética de CC en 'nacionalismo bemol'

30 de Mayo de 2016. 30 Pradial, según el Calendario Revolucionario Francés. No es mal momento para la reflexión, no. En primer lugar, un abrazo fuerte para todos los canarios, dejando claro que, aunque Canarias y canarios parezca lo mismo, no lo es. Los ciudadanos conforman la sociedad y Canarias la definen los que gobiernan. En los últimos tiempos, y alternando PP con PSOE, los autodenominados nacionalistas de Coalición Canaria. Sepan - que todo esté clarito como se ven las aguas de la Playa Chica de noche - sepan que no pertenezco ni he pertenecido jamás a ningún partido político ni sindicato. Por lo tanto, ni hago proselitismo ni pido el voto para nadie. Trato de narrar lo que veo desde el rigor, la ética, la deontología y claro que desde la opinión, porque esto es un artículo que va en el periódico bajo ese vocablo, casi sinónimo de libertad de expresión: Opinión. Es decir, la mía, la que refrenda mi firma, sin ser parte de voces de su amo ni súbdito ni siervo de nadie. Lo dicho: un fuerte abrazo para todos los canarios. Los de verdad. Los que aman a su tierra y a su gente, no aquellos que consideran a ambas fuente de saqueo. Mis pensamientos en especial para los que están sin trabajo, sin casa y bajo el umbral de la pobreza y en la miseria. Su dolor no me es ajeno. Lo tengo muy presente cuando cojo la pluma.

El Día de Canarias, en la práctica, sólo es una prolongación del delirio y el torpe boato de una coalición nacionalista (?) que ya ha encargado un Smart – con plan PIVE y financiación a 60 meses - para transportar a su electorado. Cuando se gobierna, se adquiere una responsabilidad, una grave responsabilidad y, aunque en España no hay posibilidad de revocar a los diputados, sean autonómicos o nacionales, éstos deben responder a la ciudadanía de su gestión. Y la gestión se mide con datos y resultados, quitando las envolturas de palabras huecas, discursos sin sentido alguno y múltiples despropósitos. Obviando los cantos al sol, que pronto llegará la panza de burro, y las frases grandilocuentes que vienen repitiendose desde que fuera alumbrado – con escasez de luces – el Estado de las Autonomías. De datos hablaba y en datos andaba, cuando me viene que ni pintado el reportaje del compañero Enrique Bethencourt para refrendar y dar fe de lo que yo pensaba, pienso y observo. Y dice don Enrique estos decires, apoyados con el gráfico correspondiente: “ Coalición Canaria ha ido perdiendo apoyos convocatoria tras convocatoria en las generales celebradas desde el año 2000 hasta diciembre del pasado año. Sólo se mantuvo del 2008 al 2011 por la alianza que estableció con NC para esos últimos comicios. De los 4 diputados de 2000 ha pasado al único acta de 2015, la de Ana Oramas por la circunscripción de Santa Cruz de Tenerife. En los comicios generales de 2000, Coalición obtuvo el 29,56% y casi 250.000 papeletas. En 2004 bajó al 24,33% y en 2008 al 17,49%. En 2011, convocatoria en que los nacionalistas de CC y de NC concurrieron unidos, alcanzaron el 15,47%. Y en las recientes de diciembre de 2015, CC logró el 8,24% y 81.750 votos, perdiendo, por tanto, veintiún puntos y 166.000 votos con relación a las generales del año 2000”.

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Sin Gobierno, del parguela o el chichón al jacoso

Modismos del lenguaje, definiciones y palabras que mutan en el tiempo. (Canarias Ahora)

Ahora que estamos en este impasse sin Gobierno, esperando, después de ver la aberración en que han convertido lo que llaman democracia, cuando es un régimen corrupto de partidos, uno vuelve a quedarse sólo con sus principios y finales intelectuales, con las ideas esenciales que, como bastón de ayuda al caminante, te sirven para mantenerte de pie cuando estás a punto de darte el talegazo intelectual al pisar el guano que otros van dejando en la calle. En la calle del pensamiento, que es la madre de todas las calles. Así, es deprimente observar cómo se manipulan las conciencias de quienes ni siquiera se dan cuenta de ello, pervirtiendo el lenguaje y dejándolo hueco de contenido y pleno de continentes que no son otra cosa que eufemismos, tópicos, lugares comunes y despropósitos variados. Hace cuatro días muy pocos sabían quién era Goebbels y ahora todo el mundo conoce que una mentira repetida un millón de veces deviene en verdad, contra toda lógica y sentido común.

Pero hoy no tengo especiales ganas de hablar del cinismo y la hipocresía de nuestros – míos, no – políticos. Ni me quiero adentrar en esa gran mentira a la que llaman España. Hoy, como decía un amigo hace años, “tengo el cuerpo de jota”. Pero ni de jota aragonesa ni de jota de joder. Tengo ganas de alegría ante tanta decepción y desengaño. Y, a mí, como a muchos, las alegrías – también las penas – me las ceden los niños, las mujeres … y el lenguaje. Que ya saben que lenguaje es pensamiento. Y si no, hablen con Chomsky sin que se entere la CIA, cosa realmente complicada. Que tengo el cuerpo de jota y me ha dado en pensar, y trasmitir, que para eso ando con teclas, pantallas y un darjeeling, pensar, digo, en cómo el lenguaje muta, se destruye, se construye, se deconstruye, se estructura y se desestructura, viene y va en bajamares y pleamares de vida. Porque una vida sin lenguaje no es vida sino existencia. Conformismo, resignación y casi siempre indolencia.

Las políticas y la inacción del gobierno, han dejado a muchas personas sin recursos. (EFE)

Las políticas y la inacción del gobierno, han dejado a muchas personas sin recursos. (EFE)

El lenguaje conoce las estaciones. Y no voy a permitir que nadie me rebata la afirmación. Porque tengo datos. Muchos datos. Mientras Congreso y Senado viven el otoño de la degeneración y la pobreza más absoluta, con discursos patéticos donde, lejos de destacar la oratoria y la inteligencia, destacan la frases más chabacanas y soeces … junto a los tacos o palabrotas, la rue del diario vivir vive una primavera creativa realmente interesante. Yo, para el billar prefiero el taco o, para probar si el coche pierde compresión, subir la cuesta a Taco; sin embargo, para el desafine lingüístico y la malsonancia prefiero palabrota, que es el palabro altisonante útil en ocasiones, pero la mayoría de las veces usado como arma blanca para la ofensa, la maledicencia y la bad milk. Y que me he ido a la calle saliendo por la puerta de entrada para encontrarme con las palabras. Las gentes, no podía ser de otra manera, van estresadas y con mala cara. En general les han reducido el vivir a lo más primario: la supervivencia pura y dura.

¡Oye! Mira, un parguela. Un tipo que camina por la acera de enfrente sin estar en el armario ni haber salido del ropero. Un pingajo al que nadie le hace caso. Todos pasan de él. Es lo más parecido a un ectoplasma con carne. O un cacho carne con ojos. Avanzo sin prisa y doblo Pio XII para ingresar en Mesa y López, donde el Ayuntamiento se consagró como artista avanzado y colorista. Si no te mata una guagua, echándole bonhomía, podemos calificar el entorno de bulevar. Y hoy, cuando el sexo no es naturaleza sino orgullo y quieren feminizar la política en vez de hacerla ética y honesta, no es difícil ver lo que mis ojos están viendo. Y me parece muy bien, que conste. Por ahí llegan de la mano, ambos cabizbajos, un pringao y un pringaillo. El pringao es un asorao, un ser que pudo ser pero que es sujeto de abuso burlesco porque no dice más que paridas. Es, por ello, marginado por la tribu. El pringao sale poco a la calle y esta vez, anómala, se descubre junto a un pringaillo quien, según mis hijos, es un pringao “menos radical”. Me cruzo enseguida con un piltrafa que viene de amanecida o que nació cansado, como decía Antonio Batista. Va flaco y sin fuerzas como un quijano de caballería pero sin siquiera un rocinante donde descansar el trote. El piltrafilla, ya lo saben, es el meritorio en Piltrafa’s School.

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El entorno sereno de Addur Amas

Vista interior del parque Doramas. (Alejandro Ramos).

Háganme el favor de estarse quietos. Pero con una quietud del siglo XV. Es decir, una quietud a toro pasado. Quietud de sedas de Italia, paños flamencos, enaguas alemanas, lencería de Holanda, brial en oro, mantos de terciopelo y armiño. No obstante, como en Canarias está prohibida esa cosa que llaman Fiesta Nacional, dejemos la apalabrada quietud en un serenar a baifo en fuga. Parece más propio. Y estamos en ese quince que fue siglo para darnos de bruces con un guerrero carismático del uno al otro confín de Gran Canaria. No era otro que Addur Amas, llamado Doramas por las huestes castellanas para ahorrarse disgustos, ejércitos que vinieron con el puñal de la conquista para llenar las calles de coches y cargarse los barrancos. Es por esa razón tan de peso y razonada que, en adelante, y simplemente por joder, a esas gentes se les llamó godos e incluso godos jediondos si se ponían tercos como tordas equus mulus, que los ingleses y Michael Jackson definirían como mulas black & white.

Hay historiadores que señalan que Addur Amas – mejor llamarlo por su nombre no sea que con eso de la Ley de la Memoria Histórica se levante de la tumba y comience a dar rebencazos – digo que Addur Amas se movía entre el guerrero anticolonialista y el bandolero bueno, más bien tirando a Robin Hood que a José María el Tempranillo. El caso es que los invasores lo tenían hasta el moño o las rastas, que eso no ha quedado claro, y como si conociera, bien el enfrentamiento de David contra Goliath, bien la cinematografía de Ridley Scott, le lanzó el pañuelo a la cara a un catellano con la intención de partírsela posteriormente y, de paso, ahorrar la gran charca de sangre que llegaría abocada por una entrada a toletazos entre guerreros de los bandos y bandas enfrentados y enfrentadas.

A mí, personalmente, me suena muy bien el nombre de Doramas, aunque me gusta más el de Addur Amas. A éste último sólo se me ocurre ponerle una pega: que, dada su fonética evidentemente bereber, algún anti islamista o skin head elabore una teoría resultado de la cual se establezca que Addur era primo de Bin Laden y que tuvo mucho que ver en la perfecta caída en vertical de las Torres Gemelas o Mellizas, asunto que todavía está por verse. No creo que se atrevan a tanto pese a la conspiranoia que nos sobrevuela. Bueno, que Doramas, hombre fornido pero no muy alto, tenía una famosa espada de madera que sólo podía blandir él con una mano. El resto del personal necesitaba las dos, lo que me hace inferir que el arma blanca, que en este caso era marrón, debía estar construida con cedro del Líbano, ébano o palosanto. Dudo mucho que fuera de pino gallego. Pues con ese artilugio aún no alumbrado a la Edad de los Metales ni del Heavy Metal, se embronca absolutamente en serio con el godo Diego de Hoces, quien era algo así como el Billy the Kid o el Liberty Valance de la soldadesca castellana. Llevara o no llevara hoz, De Hoces pierde el combate después de resultar impactado por un susmago (proyectil sui generis) – pudo haber sido un partigazo o pirganazo – lanzado por Amas, que lo deja tieso y escarranchao en el piso. No en su morada sino en el suelo. En la tierra, vamos.

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La gran mentira de la recuperación

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo.

Camina la política con parado caminar, continua la economía hacia el abismo, la sociedad no camina y España se va p’al carajo. Así, como suena, como suena cuando el texto se convierte en trasmisión oral a través de flujos de aire, cuerdas vocales y resonadores. Mientras los medios, vertederos y tertulianos omnisapientes siguen como los perros de huelemelculo a los políticos para escuchar las sandeces de siempre, alienados en su mundo y ausentes del lugar de donde salieron y tal vez no debieron nunca salir, la sociedad civil espera la llegada del maná o de un Mesías que, han dicho, se llama recuperación. Esta recuperación es una versión cutre y a lo basto de la mítica búsqueda de la Piedra Filosofal, el Vellocino de Oro o la Cuadratura del Círculo. Y digo en versión cutre y hortera, porque estas ensoñaciones que nombro salían de un entourage cuasi místico, espiritual, alquimista, incluso guerrero, mientras que la espera desesperanzada de la recuperación no es más que un ejercicio de estupidez y rancio cretinismo, practicado al aire libre ante una mesa de trileros de rostros bien conocidos, bigote más, bigote menos. Trileros que llevan con el kiosko montado desde que el Caudillo estirara la pata, después de estar más entubado que una prospección petrolífera de esas que sacan de sus casillas a ecologistas que luego se van a cenar en el cuatro por cuatro de 200 CV.

Todavía no se ha enterado el personal de que España no vive una crisis, porque crisis, como error, es una situación transitoria de la que se puede salir. Por el contrario, estructura y confusión son dos vocablos que expresan la rigidez de lo que, lejos de ser coyuntural, tiene vocación de eternidad. El problema de nuestro país es estructural y de régimen. Por lo tanto, el único cambio que de verdad puede llamarse cambio es aquel que modifique en profundidad la estructura del régimen, es decir, el régimen en sí mismo. Un régimen – prefiero llamarlo así antes que sistema, porque no es otra cosa que una reproducción maquillada del franquismo bien adaptada a la indolencia y conformismo civiles – un régimen, digo, que no tiene otro nombre que dictadura de partidos okupas del Estado.

Estamos ante un volcán que lleva 38 años (si contamos desde la Carta Otorgada de 1978) vomitando podredumbre, hipocresía y corrupción. Y los fieles tragando porque éste, ese o aquel prometen lo que saben que no pueden prometer y saben que van a incumplir. Luego, ampliando el vocabulario que vengo utilizando, es en este punto donde introduciría la palabra timo. Estamos ante uno de los mayores timos que pueda contemplar tanto la Ciencia Política como la historia de la manipulación de masas y conciencias en la más pura línea goëbeliana.

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Triana, esa calle que somos todos

Manzana Modernista en la Calle Triana, máximo exponente de este estilo artístico en Gran Canaria

No vayan a pensar ustedes que en el Olimpo todo era trigo limpio. Más bien al contrario.

Falcon Crest al lado del chalé de los Dioses era un convento de las hermanitas de la Caridad. Allí había sexo, drogas y rock and roll. No hay más que mirarle a la cara a Keith Richards, el primer guitarra de los Rolling Stones, a Lou Reed o a Ian Dury, para saber que el Olimpo era tremendo. Como dicen ahora por ahí, estaba petao de caraduras. Es decir, que había fleje de sátiros, salidos y aficionados a la botella. La Musa Euterpe fue la que, digamos, llevaba la batuta, que no era batuta sino una flauta doble con la que no se hubiera atrevido ni Ian Anderson, flautista de Jethro Tull. “Sentado en un banco del parque mirando a una niña con mala intención ...”, cantaba Ian … ¿No les digo acerca de la movida olímpica? Aunque, cómo no sabemos la edad de la niña, no podemos llamarlo pederasta. Sigamos. De un apareamiento que tuvo Apolo con Calíope, nació Orfeo, músico excepcional que, al parecer, atraía a las masas como Elvis. Según cuentan los libros de mitología griega, todo el mundo se reunía en torno a Orfeo para ver su virtuosismo con la lira – Berlusconi aún no organizaba orgías – y mucho partido le sacó al instrumento, a la lira digo, de tal modo que, embelesando al personal con sus improvisaciones, logró sacar del Hades a su esposa Eurídice, aunque acabó decapitado sin que aún se sepa si fueron los yihadistas, los talibanes o resultado de una misión conspiranóica puesta en práctica por la CIA y el Mossad. Por otro lado, en la banda del Olimpo, estaban también Apolo con la cítara, Hermes doblando con la lira, Atenea con la flauta sencilla y el dios Pan con la siringa. Desgraciadamente para ellos, jamás pudieron actuar en el Cotton Club ni en el Minton's Playhouse de Harlem. En éste último porque Thelonius Monk, Charlie Parker y Miles Davis no los tragaban e insistían en que los dioses eran ellos. Cosas del Jazz. 

Calle Mayor de Triana en el siglo XX

Calle Mayor de Triana en el siglo XX FEDAC

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La hecatombe económica que se avecina

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La directora gerente del FMI, Christine Lagarde. EFE

Relata el Génesis que Matusalén, abuelo de Noé el del Arca de la Alianza (otra distinta a la de Zapatero), vivió 969 años. Y yo, que fui de los que estudió Historia Sagrada sin ser ningún meapilas, recordé que, aunque ese ancianito casi llega a los diez siglos, no fue el único gran vejestorio. Su vida se desarrolló en un entorno de hombres tan longevos que hubieran conseguido, de estar por aquí, dejar a Christine Lagarde con la cabeza girando como un trompo o como la testa diabólica de la niña del exorcista. De Noé mismo, se cuenta que llegó a las 950 primaveras y Adán, a pesar de mordisquear la manzana que le regaló Eva – eso de llevar una costilla robada une mucho – y que a su chica le pasó una serpiente que ni era boa ni pitón sino Lucifer, disfrutó de 930 años de existencia. Ya en aquellos tiempos todo se desarrollaba con bastante similitud a los que vivimos hoy. A lo bestia. Tanto es así, que el primer asesinato, un fratricidio concretamente, lo comete Caín, quien liquida a su hermano Abel de fuerte rebencazo con la quijada de un asno, pollino o borrico. Lo mismo que hizo posteriormente Al Capone en una reunión de capos de la mafia con un jefe de familia que lo traía negro. Pese a que Al había encargado a uno de sus gansters una quijada similar a la de Caín, aquel no la encontró en todo Chicago. De modo que usó un bate de baseball, palito que tiene gran predicamento entre los skin heads y las bandas nazis que van al fútbol.

Al parecer, antes del Diluvio Universal, la gente vivía siglos como si cualquier cosa, lo que me hace presumir que el sistema de pensiones funcionaba perfectamente. Cuenta el escritor, abogado, periodista y muchas cosas más José María Iribarren, en su libro El porqué de los dichos, que el pintor Acisclo Antonio Palomino le comentó en una ocasión que en el Hospital General de Madrid existió en el siglo XVIII una sala de carracos, sala que estaba dedicada a aquellos que cumplían y cumplían años y no se morían ni de coña. No era un geriátrico ni un espacio para enfermos terminales sino para vividores. El vocablo carraco viene o va de Carracuca, personaje que no se sabe si fue un cántabro o sólo existió en el imaginario popular, prolongándose su nombre hasta hoy. Carracuca es un comodín en esto del habla. Mientras que se suele escuchar habitualmente más viejo que Matusalén, en el caso del carraco Carracuca, las expresiones son mucho más variadas, aparte de las referidas a la vejez: “Eres más feo que Carracuca”, “paso más hambre que Carracuca”, “era más tonto que Carracuca” … La cuestión es que, aunque la población va viviendo cada vez más, a menos que se desate otro diluvio tras la dimisión del ministro en funciones José Manuel Soria, diluvio que cambiaría el paradigma, no parece que el hombre vaya acarracuquearse o matusalenarse a corto plazo.

A la vejez, viruelas y cuatro duros parece ser la divisa del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones del globo que ven que el sistema nos lleva a toda velocidad hacia una coyuntura insostenible y muy compleja: cada vez trabajan menos personas – con la robótica aumentará también el desempleo – y cada vez viven más. Por lo tanto, es obvio inferir que son menos los que deben asegurar la ancianidad de más. Y el asunto va avanzando exponencialmente en un mundo convulso y compulsivo, aquejado de miles de problemas. Económicos, políticos, sociales, ecológicos … y dentro de cada una de esas áreas, sacudido por una lacra fundamentada en la ausencia de ética y moralidad: la corrupción generalizada. El que no ve, no ve y, a menos que escuche de repente la frase “Lázaro (el nombre puede sustituirse por otro cualquiera) levántate y anda”, acontecer que me permito dudar, intentar convencerlo de que la cosa se va a poner muchísimo más cruda de lo que está ahora – estamos en abril 2016 siglo XXI – es darse con la cabeza contra la pared. No sirve de nada.

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Alguien roncó en el Hotel Madrid

Hotel Madrid, situado junto a la Plaza De Cairasco, Las Palmas de Gran Canaria. (Alejandro Ramos)

Octavas a una dama que no la podía haber

Ingrata, desleal, falsa, perjura,

inconstante, cruel y fementida,

¿es éste el premio de mi fe tan pura,

es ésta la esperanza prometida?

¿Tan mal se emplea en ti la hermosura?

Como el amor, por ser desconocida,

no me espantó de ti, de mí me espanto,

que a tan frágil pastora quise tanto.

 

Bartolomé Cairasco de Figueroa

Estábamos sentados Otis Redding y yo. Él, silbando en el muelle de la bahía en Nueva York. Yo, callado en la terraza del Hotel Madrid, en la Plaza de Cairasco. Los dos, con mucho soul, que es alma. Los dos, negro y blanco, bajo mucho sol. Acababa de comenzar la Primavera. El entorno de la plaza es muy agradable, pese a que unos desalmados taparon hace muchos años el barranco de Guiniguada con una autovía. Los coches, los semáforos y los pasos cebra, ante la falta de cultura de una clase política en la indigencia intelectual y ávida de dinero – pesetas, entonces – sustituyeron sin corte alguno como se dice en las calles, a vetustos pero atractivos puentes de piedra y palo y a un cauce por donde bajaban las aguas cuando llovía y se decía, como aún se dice que “corría el barranco”. El barranco preso quería libertad. Por ello, escapaba en sus aguas de la cárcel que es la isla.

Humberto Pérez, en Mi Gran Canaria, señala: “Frontera entre los dos guanartematos de la isla, este barranco era una puerta natural y un pasillo hacia el interior. Por allí se retiraron los aborígenes canarios tras intentar abortar la fortificación de los invasores en la batalla del Guiniguada. Posteriormente, junto a las aguas de este río, se asentó el Real de Las Palmas, que pasó en poco tiempo de ser un campamento guerrero a convertirse en una floreciente villa. Agustín Millares narra el primer enfrentamiento bélico entre las tropas de Juan Rejón y los aborígenes, basándose en la crónica del conquistador:

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‘La frescachona’ y ‘Paquita Natillas’

Ilustración satírica de Isabel II de Borbón, atribuida a los hermanos Becquer.

Cuando, desde la terraza del Hotel Madrid, miraba de soslayo al Gabinete Literario, mientras recordaba pasajes sueltos de nuestra Historia, no fue de ningún modo posible descartar la figura de la reina Isabel II. Los pueblos, más el español que otros, siempre han colocado motes a sus reyes. De modo que, si ahora tenemos esta monarquía dual formada por El Campechano y El Preparao, el primero en retirada y el segundo en emergencia, digo, emergente; en los tiempos en que el Teatro Cairasco pasó a ser el Gabinete Literario, gobernaba – es un decir – gobernaba este país Isabel II, llamada por el gentío La frescachona, quien casó con un peculiar elemento y primo – de ella – de nombre Francisco de Asís, a quién se conocía como Paquita Natillas. No hay casualidades y, aunque es preciso andarse con cuidado con la maledicencia, todo tuvo su razón de ser o no ser sin que Sheakespeare interviniera para nada en el asunto.

La periodista Prado Campos ha estudiado la figura de la que fuera hija de Fernando VII y María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y se ha referido al libro El diablo en el cuerpo (dos años y medio de investigación) de Soledad Galán, en el que se señala que Isabel II “era una hembra que se daba a todo y a todos”. Es decir, era ninfómana en grado sumo. El mismo papa Pio IX – y no es coña – cuando iba a imponerle la condecoración de La Rosa de Oro se refirió a ella literalmente con esta frase: “Es puta, pero pía”. No destacaba el Pontífice, es obvio, que ejerciera de ramera y cantara como los pájaros, sino que combinaba con maestría el arte de ser zorra y la devoción al Altísimo. Isabel II fue una Borbón que vivió más tiempo en el exilio, orgasmo va, orgasmo viene, que sentada en el trono de España. Al parecer, la Prefectura de Policía de París contaba con una interminable lista de caballeros, y no tanto, que la gozaron carnalmente con su total complacencia y dedicación.

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El ministro amnésico

El ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria

Toda mi vida como periodista he llevado como bandera la ética y la deontología. Estaba todavía en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde obtuve la Licenciatura en Ciencias de la Información, cuando decidí que jamás me afiliaría a partido político alguno ni pertenecería a ningún sindicato. Siempre he escrito desde la más absoluta libertad, nunca al dictado de nadie y no recuerdo una sola vez en que un escrito mío no se haya publicado, fuera la que fuera la línea editorial del medio al que estaba destinado. Pero no soy yo el que debe hablar de mi, cosa que evito siempre por educación. Son los demás los que te dan el cariño, la credibilidad, el respeto, la amistad, esas caricias de la vida que no pueden adquirirse con dinero. Hoy, tampoco voy a hablar de mí. Voy a abordar el penoso asunto del ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria, y los ya archifamosos papeles de Panamá. Y lo haré siendo absolutamente fiel a lo que entiendo por periodismo. Por periodismo con rigor y clase. ¿Qué es lo que diferencia a mis letras de las otras que puedan enfrentar la cuestión desde múltiples ópticas? Que conozco muy bien a José Manuel Soria porque fui Jefe del Gabinete de Comunicación de Las Palmas de Gran Canaria durante - hablo de memoria - cerca de cinco años. Cuando llegué, Soria tenía una mayoría absoluta de 14 concejales. Cuando me marché, la mayoría alcanzaba los 19.

Podría llenar aquí folios y folios contando anécdotas jugosas, divertidas, patéticas, miserables, vergonzosas … que sucedieron durante los años en que estuve en mi despacho del antiguo Hotel Metropol de las Palmas de Gran Canaria. Por cierto, eso sí lo digo, ya que hablo de despachos, era la única persona – ni siquiera podían hacerlo los concejales – que tenía acceso al hábitat del alcalde con sólo apoyarme en la manilla de la puerta. No llenaré hoy los folios con esas historias porque, mientras muchos han mutado la honestidad en ambición y bisutería, quiero seguir manteniendo la clase y la caballerosidad. Es una pena para el lector ávido de datos que el ejercicio del periodismo tenga esas servidumbres si uno pretende desarrollarlo al servicio de la sociedad y no al del poder. En el caso de España, el poder esclavista de lo que yo denomino de muchas maneras. Entre ellas, monarcocleptocracia o dictadura corrupta de partidos.

En primer lugar, diré que quizá fuera yo en el Ayuntamiento la única persona a la que Soria trataba con respeto. Incluso, en ocasiones sonreía cuando le presentaba aquellos artículos que escribía y el firmaba en el periódico Canarias7, que en aquellos años lo adoraba y apoyaba como el mejor político emergente de la España antecedente de esta España que hoy tenemos. ¡Cómo han cambiado los titulares ! Sonreía, digo, y me comentaba: “Pero, Jorge, coño, ésto no lo defendería ni Izquierda Unida”. Y entonces, yo modificaba algunas palabrejas para que, sin perder el respeto a mi mismo, una firma del Partido Popular estuviera encima de aquellas letras. Tampoco es que fuera algo excepcional, puesto que los temas eran ciudadanos y no estrictamente políticos o partidistas. El Jefe del Gabinete Político de Soria era entonces el abogado Pedro Quevedo y la Jefa de Protocolo, la economista Margarita Pérez.

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El peculiar parque bicéfalo de La Minilla

Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)

Exprimiendo el espíritu metafórico hasta más allá del horizonte, lo que me parece más cercano a la cabeza de un parque es su nombre. Algo siempre me ha dicho desde el interior que, en el inconsciente colectivo, el nombre está colocado sobre la testa. Como la boina, la gorra, el sombrero y hasta la pulida calva. Y, aunque los vocablos que nos representan quedan escritos en gruesos tochos del Registro Civil, desde los más remotos tiempos, en nuestra cultura los recién nacidos no se incorporaban de hecho al mundo hasta que sobre su cabeza se volcaba el agua bautismal, se acostaba el nombre, se derramaba la vida, porque ésta cobraba entidad al formalizarse la relación con Dios.

En aquellos entonces, tenían cerca el Jordán y allí hacía su trabajo Juan el Bautista. Posteriormente, al extenderse el cristianismo – entre otras razones gracias a lo razonable que fue Constantino. No entiendo por qué en Grecia lo corrieron a gorrazos unos cuantos coroneles – al extenderse la cristiandad, digo, y no estar tan avanzada la ingeniería como para establecer cientos de miles de afluentes del río sagrado en todas las direcciones planetarias, se inventaron las pilas bautismales. Y ya no fue necesario meterse en río alguno. De ahí, el nombre de pila que, supongo, será alkalina en el caso de la monarquía española, que sigue importando agua desde Palestina para bautizar a sus hijos y usa las arenas de aquel río para tener sepultadas las botellas de buen vino de cara a las cenas con el black card López Madrid, ahora residente en la city de Londres por aquello de poner tierra de por medio o pies en polvorosa.

Miguel Ríos, natural de Al Andalus, que no tenía nada que ver con las explotaciones fluviales, lo vio así: “… en el río aquel, tú y yo y el amor que surgió de los dos …”. Yo, aunque nací en el alto Pirineo, casi en la misma tangencia con Francia, afortunadamente no fui bautizado en el río Garona – La Garonne – que nace en España y desemboca en las Galias. Me hubiera quedado congelado y, probablemente, en vez de llamarme Jorge me hubiesen puesto Kalise. Por cierto, y la cuestión viene a cuento, una vez uno de mis hijos me dijo muy serio: “Papá, yo he tenido mucha suerte por nacer el día de mi cumpleaños”. Y ahora pienso que también tuve esa suerte y que él, pese a su corta edad, es uno de los surrealistas más inteligentes que conozco. Cosas de los Batista. Hasta en Cuba estuvimos de dictadores cuando aún no se vendían en los chinos camisetas del peor algodón con la cara del Che estampada, ni iban los más verracos y feos de España a jinetear por el Malecón y sus alrededores e incluso a buscar esposa o concubina. Quisiera ser un pez para mojar mi nariz en tu pecera … Aquí mojo y allí mojito.

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